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Por: Álvaro Ramírez González.

Alguna vez le creí a Santos.
Ocho años antes de llegar con el apoyo y los votos del Presidente Uribe al Palacio de Narińo, asistí invitado por unos amigos caleños, a una charla de Juan Manuel Santos en el Club Colombia, sobre su propuesta de “buen gobierno”

Como soy administrador de Empresas de profesión y tuve el honor de ser Alcalde de mi ciudad, Pereira, algunos años antes. tengo muy claros los principios de una buena y juiciosa administración de los recursos a disposición de una Empresa y mucho más si se trata de dineros y bienes públicos o sea que pertenecen a toda una comunidad y exigen rigor a la hora de su manejo.

Senti mucha empatía con los planteamientos de Santos en ese sentido y pensé para mis adentros que un hombre como ese algún día estaría sentado en el palacio de Narino.

Y no estaba del todo equivocado.
Unos ańos después Santos llegó a la Presidencia de la República colgado físicamente del prestigio, de los votos y del plan de gobierno de Álvaro Uribe llamado “los tres huevitos”.

Este su plan de Gobierno, rescató la seguridad del país en campos y ciudades, trajo consigo un crecimiento impresionante del 34.4% en los 8 años de Uribe, una avalancha de Inversion local y extranjera y mucha cohesión social financiada y colgada también de esa seguridad y ese crecimiento.

Uribe lo apadrinó y lo llevó a la Presidencia por ser el más cuajado de los candidatos y haber sido su Ministro de Defensa.

Su gobierno desde el inicio fue en contravía de su campaña.
Un cambio drástico e inesperado de libreto.

Una feria de derroche de los dineros públicos que pulverizó la bonanza petrolera que recibió de Uribe.
Una vulgar compra de conciencias y medios de comunicación.

Un brutal derroche de mermelada que compró su apoyo en el Congreso y derramó una mancha de corrupcion en la contratación por todo el país.

Un acuerdo de paz mal hecho y un plebiscito robado a 6.4 millones de colombianos.

Una entrega física de 7 departamentos a la coca y al terrorismo.

Y remató con una crisis fiscal que lo obligó a subir el IVA al 19%.

Para terminar, subió la deuda pública externa de US $ 55 billones que dejó Uribe a US$ 115 billones sin que se vieran por ninguna parte las obras.

Y de paso se parrandeó los recursos de la venta de Isagen que fueron $6 billones.

Todo un compendio de despilfarro, compra de conciencias y entrega de un 35% del territorio colombiano al terrorismo y a la coca.

Este desastroso manejo sacó a Santos de la presidencia con un 87% de opinión desfavorable.

Le importo un pepino; ya tenia en el bolsillo el Nobel de Paz, dicen las malas lenguas que una jugosa bonificación de las FARC, y su acuerdo de paz firmado, regalando 10 curules a los más tenebrosos asesinos.

Y un tribunal llamado JEP, para absolver todos los pecados del terrorismo y cometer abusos de impunidad como la absolución de Santrich, con 80 horas de audios y videos reincidiendo en el crimen y vendiendo 10 toneladas de cocaína a unos agentes encubiertos de la DEA.

La crisis que vive el país hoy es una clara consecuencia de esos 8 años de despilfarro y desgobierno.
Es como el terrible guayabo de 8 noches de fiesta.

A Iván Duque le ha tocado enfrentar esta dura situación, recibiendo un país quebrado en sus finanzas, inundado de coca y con 80 grupos narco terrorístas operando,
sumada a una terrible pandemia y ahora a este ataque terrorísta disfrazado de paro social.

Y aparece en escena Juan Manuel Santos, en una entrevista con Caracol TV, quejándose de que el Gobierno Duque no lo ha llamado a consultarle nada.
Quien lo creyera!

Peor aún.
Remató su ridícula y frívola Intervención, recetándole al gobierno Duque un par de maquilladas aspirinas como remedio muy fácil para conjurar esta profunda crisis de terrorismo de izquierda, disfrazada de paro social.

Caradura, dirían mis padres.

Y la prensa frívola y oportunista plantea que se trata de que Uribe le dé la mano a Santos.

Llegó a la presidencia de la mano de Uribe por el partido de la U.

Se apoderó del partido a punta de mermelada y lo puso en contra de Uribe.

Este montó un nuevo partido que es el Centro Democrático que derrotó a Santos y a su aliado Gustavo Petro.

Hoy posa de izquierdista dando discursos en los congresos del socialismo.

Y habla de su proceso de paz que dejó al pais incendiado, bańado en sangre e inundado de coca, armas y bandidos.

Un sinvergúenza digo yo!

alragonz@yahoo.es

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