La Búsqueda del Punto Simbiótico para Superar la Crisis

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Las crisis económicas mundiales más relevantes, se remontan a la gran depresión del 29, la cual se suscitó por la crisis bursátil de la bolsa de Nueva York; Por aquella época, la población vivía con una riqueza ficticia, se especuló con la superproducción, fabricaban más de lo que se vendía, aumentaron los intereses, la morosidad y el desempleo, ocasionando la quiebra de las empresas, situación que repercutió en todo el mundo. La del 2008 fue la crisis financiera por la burbuja inmobiliaria, por el sobre-consumo de bienes materiales sin capacidad de pago, y sin una legislación limitante, que ocasionó la disminución de las inversiones, lo cual condujo a la caída de la industria y al hundimiento de la banca.

En su momento el presidente EE.UU. Roosevelt implementó «El New Deal», un programa de gasto público para la recuperación del sistema financiero, el desempleo, la regulación de la libre empresa y otra parte de su plan en la construcción de grandes obras públicas para disminuir el desempleo. El Estado intervino en numerosos sectores de la economía, entre ellos la banca, el comercio exterior, pólizas de seguro, sistemas de pensiones y fondos de ahorro.

En la naturaleza, las especies animales conviven en un estado de homeostásis, en el cual conviven con parásitos bacterianos, virales, micóticos y de otra índole. Las actividades del hombre en los medios naturales, conllevan a la extracción de estos parásitos, los cuales le causan enfermedad y muerte, muchas veces en forma de pandemias, que se repiten aproximadamente cada cien años. En la actualidad, el mundo atraviesa por una pandemia viral, causada por el SARS-COVID-2, la cual está conduciendo a una crisis financiera mundial, por la recesión. Lo cual nos obliga a repensar la visión del futuro, ya que la economía se va abrir en otras condiciones, y bajo la premisa que la riqueza es como la materia, que se transforma y pasa a otros estados.

La desglobalización

Es inminente la desglobalización apresurada, y la priorización de la búsqueda de soluciones desesperadas, para una contingencia imprevista de la economía mundial y nacional; por eso, no podemos seguir esperando las grandes decisiones de otros países desarrollados, para adaptarnos a ellas, porque cada sub-economía país, posee características situacionales innatas, de tiempo real. Las crisis económicas no se solucionan con dinero, sino con inteligencia financiera.

Por lo tanto, como esta es una situación que converge a todos los actores del entorno económico, tenemos que aportar y renunciar a expectativas, acomodados a vivir la adversidad. Esto significa que, el sistema financiero no puede seguir timando, con la supuesta ayuda de aumentar el plazo de las obligaciones, porque sin duda, lo que único que busca, es darle sostenibilidad en el tiempo a su actividad comercial. Una decisión real, es la renuncia a por lo menos 50% de las utilidades previstas para el año en curso, para de esta manera disminuir los costos financieros.

Hay que entender el problema para buscar la solución, y de momento estamos en una incertidumbre de lo que pueda pasar, y válido en retrospectiva, recoger conceptos que estaban diferidos para actualizarnos empresarialmente, para que se conviertan realmente en el impulso primario de la nueva iniciativa empresarial, y la consolidación de la actual.

Esta alternativa financiera, podría ser una línea a seguir por los gremios, para la creación de bancas de segundo piso, de gran ayuda para el manejo autónomo financiero de los sectores económicos, para la búsqueda de recursos nacionales e internacionales, con tasas que impulsen el crecimiento y la sostenibilidad empresarial.

El sistema financiero de Colombia, ha evolucionado en discordancia con la evolución financiera mundial, con el paso de sistemas de garantías patrimoniales, a garantías donde el valor del crédito es la resultante de una prueba ácida, mientras que mundialmente, el valor de las empresas está representado en el intangible, superando 60% de su valor total. Hoy se hace necesaria la valoración de todos los componentes, y tener en cuenta la expectativa de futuro.

De acuerdo con lo antedicho, las empresas en Colombia no pueden seguir siendo un sofisma de distracción, porque no hay forma de tener sostenibilidad de empresas nacientes, con los costos o gastos fiscales, parafiscales, y el costo financiero del crédito actual, lo cual lo único que hace, es incentivar la evasión y el lavado de dinero, y como lecciones aprendidas, sabemos el resultante de estos procesos. Un incentivo para las empresas sería, el otorgamiento de periodos de gracia reales, y no lo que ocasionalmente experimentan, con el aumento de las amortizaciones al final del crédito.

El consumismo desaforado y la globalización, cambiaron los conceptos económicos de ley de oferta y demanda, de bienes y servicios, por la inflexión del mercado que condiciona la demanda, expresando que quiere, como lo quiere, a que tiempo lo quiere, y a qué valor lo quiere. Pero indiscutiblemente, esta coyuntura de la pandemia nos jerarquizó, y nos llevó a pasar del consumo suntuario, al consumo necesario, y a al discernimiento de la compra.

Es imperativo por lo tanto, que el estado pase de ser auditor a interventor, o en su defecto al equilibrio de los dos, para oxigenar las empresas, por la inminente amenaza de las quiebras, o muerte comercial de muchas empresas, y con el ánimo de salvaguardar las unidades económicas. El empleo se deriva de la implementación del componente concursal CRAM-DOWN, como figura comercial, y con esto también darle la opción a personas que tengan la información de la solución, y el capital necesario para convertirse en nuevos empresarios, o potencializar los existentes, integrándolos vertical y horizontalmente a los sistemas productivos; adicionalmente, agregarle a ley de insolvencia, la posibilidad que el estado brinde, una solución de consultoría integral al sistema empresarial en Colombia.

Esta contingencia dirige la atención a componentes, a los cuales no se les ha dado la debida importancia, para actualizar el interés en la búsqueda del punto simbiótico del sector público, y el sector privado, creando una entidad estatal que vele por los proyectos, y que oriente la consolidación de estos dos sectores vitales, como motores de la productividad de la economía mundial y nacional.

El sector público, que se ha caracterizado por la satisfacción de las necesidades de la función social, y el sector privado, por la búsqueda constante, en función de la rentabilidad financiera; sin duda dos visiones diferentes, pero con polaridad de atracción, y con la finalidad de retarse para mejorar la calidad de vida de la sociedad, y el crecimiento de la economía.

El Presidente Duque presentó la Economía Naranja, como uno de los pilares de su visión indiscutible de desarrollo para Colombia, y paralelo a la problemática ambiental del cambio climático, buscando el mejor cierre de la tercera revolución industrial, y la consolidación del buen comienzo de la cuarta.

Como lecciones aprendidas, primero estructuración financiera, social, administrativa, técnica y legal, para poder acceder antes de entrar en operación. Los proyectos públicos tienen una connotación jurídico-financiera de cumplimiento para ambos sectores que priorizan una entidad con especialización de gestión.

Los nuevos consumidores valoraran las marcas que tengan consciencia social, que fortalezcan sus indicadores de sostenibilidad, invirtiendo en el tiempo post covid, más en trabajo social y responsabilidad colectiva, que por indicadores financiaros de utilidades. Por eso, el estado debe liderar un incentivo hacia empresas que cumplan con estos estándares. Todo lo anterior en busca de encontrar el punto simbiótico para superar la crisis.

«Seremos tan fuertes como unidos estemos, y tan débiles como lo divididos que estemos» J. K. Rowling.

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La Otra Cara
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