Los colombianos pueden poner alcalde en Miami


 
Un barranquillero de 36 años pelea la alcaldía de la capital del sol.

Miami es una ciudad estrechamente ligada a los colombianos. De hecho ocupan el tercer lugar en visitantes a la capital del sol, a la que que consideran el sitio turístico más importante de Estados Unidos. Sus paradisiacas playas, variedad de hoteles, restaurantes y bares, majestuosos centros comerciales, con auténticos descuentos, hacen inevitable que colombiano que piense en cruceros, vacaciones o compras tenga a Miami, Florida, como su primera tentación. Porque si en Europa hay que ir de museos, en la “capital de las américas” hay que ir de shopping y recorrer por lo menos un mall, como parte fundamental de su turismo.

Miami ha sido además una posibilidad de estudiar, de trabajar y de buscar norte para muchos profesionales colombianos. Los más pudientes siempre la han visto como una oportunidad de hacer negocios. Entre otras cosas porque es el punto más cercano para entrar a los Estados Unidos y quiérase o no está metido en la mente de los ricos, en el corazón de la clase media y en los sueños de los pobres. Para quienes desde pequeños han querido viajar a Norteamérica o de grandes han emigrado en busca de mejores rumbos, Miami es la perspectiva más próxima a lo que se conoce como el sueño americano.

Quienes piensan en huir del caos bogotano o, en su época, de la violencia en Medellín, o del desplome caleño post Cartel de Cali, han visto en Miami su principal escampadero. Les seduce su cercanía, su cultura latina, su idioma y, hoy por hoy, su creciente comunidad colombiana, la tercera después de la cubana y la nicaragüense. Siempre ha sido un referente de progreso y prosperidad y hasta hace poco era de donde llegaban las grandes marcas. Todavía suena en la memoria de muchos ¨los traje de Miami¨, que indicaba que se estaba a la moda. Incluso se celebraba con envidia de la buena que alguien se fuera a vivir a Miami.

Por eso un buen grupo de colombianos, hoy ciudadanos americanos, acarician la posibilidad de poner alcalde en el condado de Miami Dade. Creen que con la ayuda de sus compatriotas, de aquí y de allá, pueden tener al frente de la ciudad a un colombiano que tiene todas las condiciones para terminar con la hegemonía cubana, la cual se ha empotrado cada vez más en el poder como un pesado dinosaurio al que se le debe, entre otras cosas, que Miami ocupe el puesto No 94 en calidad de vida en los Estados unidos. Confían en una campaña para sensibilizar el voto colombiano y despertar la fe en su candidato.

Con Alfred Santamaría, un barranquillero de 36 años que llegó a los 13 a Miami, y lleva más de 12 en importantes cargos públicos tanto en el gobierno local, como el estatal y federal, ejerciendo de enlace con la comunidad latina, aspiran a realizar una especie de sueño colombiano incrustado en el sueño americano. La idea no es tan descabellada. Mauricio De Vengoechea, un bogotano al que se le encomendó la estrategia de comunicaciones, hace sus cuentas y sostiene que el actual alcalde de Miami salió elegido con cerca de 120 mil votos, cuando en el condado hay un potencial electoral de 1.200.000.

De acuerdo con el estratega no existe una participación representativa porque los ciudadanos ni siquiera saben que hay elecciones para escoger alcalde. Y la desinformación parece ser el fuerte de los cubanos, quienes mandan desde hace más hace 30 años y se sienten inamovibles. Pero según los cálculos de la campaña de Santamaría, si de los 500 mil colombianos que viven en Miami lograra votar el 10 por ciento se podría estar peleando seriamente este puesto. El joven candidato ya cuentan con una gran simpatía en el resto de latinos que son también victimas de la hegemonía cubana y de la desidia de su administración.

No se trata por supuesto de una campaña con sabor anticubano como algunos la han pintado. Incluso hay muchos cubanos descontentos con su vieja guardia que ven con buenos ojos la candidatura de Santamaría. “Lo que se pretende es acabar la rosca cubana que ya casi se parece a la de Cuba”, afirma Edmar Amaya, un abogado colombiano que apoya esta causa con la idea de que el liderazgo en este siglo no puede seguir en manos de gerontocracias del siglo pasado.“Miami debe ponerse a nivel de otras ciudades norteamericanas y los cubanos hoy son una talanquera para esto”, dice Gianna Solarte, odontóloga colombiana que impulsa esta opción.

Muchos jóvenes universitarios que se han venido apropiando de esta posibilidad y que se identifican como ¨millennials¨, consideran que la rosca cubana ha sumido a Miami en un atraso respecto del desarrollo norteamericano, el cual se refleja en que el 30% de niños en Miami viven en pobreza, que hay 5.000 ancianos en suma pobreza y que 5 de las 34 municipalidades encabezan la lista de las más pobres de Estados Unidos. Para los jóvenes esta clase dirigente está mandada a recoger porque tiene muchos compromisos con el pasado y su líderes ya están viciados, además de que ya no aman a Miami.

La fortaleza de Santamaría radica en su preparación académica, estudió Ciencias Políticas en FIU, hace un MBA en negocios en Nova Southeastern University además de un doctorado en filosofía. Pero lo que más atrae a las nuevas generaciones es su concepción moderna que contrasta con el gobierno actual, al que ven como una casta de la tercera edad, con escasa preparación y muy afín a las prácticas que identifican como responsables de la venida a menos de Miami: la burocracia, la corrupción, la desconexión con la realidad y con la diversidad cultural.“Aquí votan y gobiernan solo pensionados cubanos”, dice un joven entusiasta.

El Nuevo Liderazgo, como se llama el movimiento que lidera Santamaría, está dispuesto a dar la pelea. Y la táctica para enfrentar la maquinaria cubana es lo que los costeños llaman radio-bemba. Si cada colombiano le dice a su pariente nacionalizado en Miami que vote se puede derrotar el abstencionismo. Si cada colombiano que puede votar ejerce su derecho se pueden obtener hasta 100 mil votos. Y si los colombianos se deciden a participar generarían no solo un cambio generacional sino la alternancia en el poder para otras comunidades latinas y a perspectivas renovadoras.

Con esta apuesta colombiana se estaría dando impulso a una nueva versión de la gerencia pública que buena falta le hace a Miami. Sus propuestas en materia de transporte público, empleo, seguridad, educación y vivienda son innovadoras y comienzan a calar en las comunidades latinas. Su visión sobre indigentes,  nuevas fuentes de energía y medio ambiente dejan ver un líder de nuevo tipo que aspira a meterse en las ligas mayores para pensar en un Miami más comprometido con sus ciudadanos, en su mayoría inmigrantes, y con el intercambio cultural y el desarrollo empresarial de Latinoamérica.

Es probable que por la vía de la persuasión a sus familiares resulte más fácil para los colombianos exportar una nueva visión de la administración pública que impulsarla en su propio país. Y como nadie es profeta en su tierra puede que este colombiano logre en Miami sacar esa garra que tienen barranquilleros triunfadores en Estados Unidos como Shakira, Sofía Vergara o Edgar Rentería. Quizás luego se pueda importar conocimientos y técnicas para hacer esos relevos en el territorio patrio.

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