Asintomático Empresarial

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Por Carlos A. Gomescasseres Vergara.

@conferenciascarlosa

 “Disfrutar de todos los placeres es insensato; evitarlos, insensible” (Plutarco).

A través de la historia la humanidad ha enfrentado diversas crisis de orden financiero, político, etario, social y religioso, cada una de ellas transcendental para la época, con hitos marcados de inexorabilidad. El mundo entero está en jaque por cuenta de la crisis que ha generado el coronavirus SARS-COVID-2, sin precedentes para la historia humana, de la cual se desconoce su génesis, y se trata de dilucidar si se produjo por avatares de la naturaleza o por intención humana.

Lo acontecido hasta ahora ha perjudicado el entorno empresarial, y se cree que pasarán muchos años antes de lograr su recuperación. Indiscutiblemente, la pandemia cambió no solo la manera particular de vivir sino las relaciones sociales, la estructura laboral, la comercialización, los hábitos de consumo, entre otras actividades, y nos ha obligado a tomar medidas extremas, y a inventar nuevas reglas para el relacionamiento.

Esta crisis nos ha obligado a cambiar la actividad de comprar por gusto, para comprar por necesidad; ha cambiado la inversión por la premonición de la incertidumbre. El psicólogo humanista norteamericano Abraham Maslow, en la primera mitad del siglo XX, en su obra Una teoría sobre la motivación humana, formuló que la la motivación de la conducta humana se da a partir de una pirámide que establece la jerarquía de las necesidades. En la base de la pirámide se encuentran las necesidades fisiológicas, entre ellas, respirar, alimentarse, hidratarse, vestirse, la sexualidad; en el segundo peldaño están las necesidades de seguridad basadas en la vida, la salud, la economía y la vivienda;  en el tercer peldaño se hallan las necesidades sociales, implícitas en el sentimiento de pertenencia a un grupo social, la familia, los amigos, la pareja, los compañeros del trabajo; en el cuarto, las necesidades de estima o reconocimiento, la confianza, la independencia personal, la reputación o las metas financieras, y en el último nivel de la pirámide se encuentran las necesidades de autorrealización, y afirma Maslow que para llegar a este nivel hay que satisfacer todas las anteriores, pues aquí es donde se consolida la sensación de haber obtenido el éxito personal. “La fuerza de carácter con frecuencia no es más que la debilidad de sentimientos” (Arthur Schnitzler).

Las fracturas emocionales de la infancia, como el estado de soledad, el estrés y los sentimientos no resueltos suelen acompañar a lo largo de su vida a muchos adultos que conforman una sociedad de condiciones normales funcionales; si a ello  se le suma la fuerza motivacional que ejerce la publicidad, el resultado será el desarrollo de hábitos psiquiátricos de compra compulsiva “oniomanía”, término de la raíz griega “onio”, que significa comprar, referente a personas obsesionadas por las compras. A esta conducta, a veces inconsciente, se le suma la satisfacción compulsiva que induce a repetir la conducta para sentir de nuevo la satisfacción; este comportamiento se traduce en una evasión de la realidad, utilizada para disminuir la ansiedad que deriva en comprar y más comprar.

Las frustraciones internas, en asocio con los medios publicitarios, generan como resultado episodios de depresión, trastornos de alimentación, y conflictos familiares. “La investigación en las enfermedades ha avanzado tanto que cada vez es más difícil encontrar alguien que esté completamente sano” (Aldous Huxley).

Vivimos en una sociedad de consumo con escalas de valores invertidas, donde se le da más valor al Hacer que al Ser, donde lo importante es el consumo suntuario, mas no el necesario; a ello vienen contribuyendo los medios publicitarios inductores que a través de sus mensajes incitan al individuo a comprar, aunque los costos sean muy altos, solo por satisfacción egocentrista del prestigio infundado.

El consumismo apunta vectores de mensaje y de comunicación al escalafón de necesidades a cubrir o satisfacer; sin embargo, vivimos en constante queja del gasto necesario, que casi siempre es de precios menores que los de aquellos productos publicitarios, pero el ego nos conduce a invertir la pirámide de los valores sociales y nos arrastra al convencimiento de que la aceptación social y el estatus intelectual se obtienen por la compra de artículos de moda a precios exorbitantes. “Las enfermedades son los intereses que se pagan por los placeres” (John Ray).

Este momento histórico de la pandemia actual ha incidido en la contracción de la oferta y la demanda global, en la reducción de riqueza financiera, en la disminución del producto interno bruto, PIB, y en el desplome de los mercados bursátiles; ha interrumpido las cadenas de suministro justo a tiempo; ha afectado el crecimiento de los estimados inferior a la expectativa; ha llevado a la insolvencia a muchas empresas y a la liquidación de unidades económicas. Frente a este panorama, no hay un patrón a seguir porque no hay memoria histórica real viva sobre el último suceso pandémico ocurrido, que acaeció, aproximadamente, hace un siglo, aunque son momentos históricos diferentes pues el caso actual está marcado por el desarrollo tecnológico que es determinante en la tendencia desbocada al consumo.

Confiar en las redes sociales es un desafío adicional: el pánico se propaga más rápido que la pandemia ya que las plataformas globales amplían la incertidumbre con información distorsionada por la falta de claridad investigativa. “La infomedia es peor que la pandemia”. El autor.

Como consecuencia lógica de todo lo sucedido, la crisis que vivimos por la pandemia nos regresa a la base de la pirámide de Maslow, y resta valor e importancia a los artículos generadores de prestigio infundado, como la joyería de lujo, los productos suntuarios, las franquicias, el turismo internacional, los viajes de aventuras, los spa y hoteles, y el lujo experimental, las excentricidades gastronómicas, los conciertos y los eventos masivos.  De allí la incertidumbre de lo que pasará con las empresas. En el panorama que se avizora habrá que descubrir el cliente pandemico; los productos mediocres van a desaparecer; el comercio va a volver a la propuesta de valor justa con la nueva dirección de la economía colaborativa con presión del riesgo constante.

Hay que prevenir que los gobiernos nacionales y organismos internacionales sitúen al mismo nivel la seguridad sanitaria, con los dominantes económicos, porque no hay economía sin salud, cada uno  debe seguir su independencia, para no acentuar los problemas   sociales y empresariales. No hemos cuantificado el desastre financiero global ni y el gasto en salud de la pandemia; mucho menos, el impacto de las enfermedades psiquiátricas derivadas del claustro de las cuarentenas y del confinamiento  “Lo verdadero es demasiado sencillo, pero siempre se llega a ello por lo más complicado” (George Sand).

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