Willington Martello

Carta abierta a Colombia y a los colombianos

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Por: Willington Martello

Colombia, patria mía;

Hoy te escribo no desde la rabia, sino desde el amor profundo que se le tiene a lo que duele, a lo que se ama de verdad. Te escribo como hijo de esta tierra bendita, diversa, fuerte y resiliente, que ha sabido levantarse una y otra vez aun cuando las heridas parecen no cerrar.

En la cédula de cada uno de nosotros no aparecen nuestros ideales políticos, no dice a qué partido seguimos ni qué pensamiento defendemos. Dice, en letras grandes y sostenidas, COLOMBIANO o COLOMBIANA. Esa palabra debería bastar para recordarnos que, antes que cualquier diferencia, compartimos una misma raíz, una misma historia y un mismo destino.

Sin embargo, hoy veo con tristeza cómo, con tal de no perder poder político, se instiga al odio en todas las formas habidas y por inventar. Se nos ha olvidado el patriotismo. Se nos ha olvidado que Colombia no es un botín, no es un trofeo, no es una trinchera desde la cual atacarnos entre hermanos. Colombia es hogar. Colombia es familia. Colombia es responsabilidad.

Qué falta nos hace mirar atrás y recordar aquellas palabras sencillas pero profundas que nos enseñaban en los colegios, la oración patria que nacía del respeto y del amor genuino:

“Colombia, patria mía, te llevo con amor en mi corazón.
Creo en tu destino,
espero verte siempre grande, respetada y libre.”

Qué añoranza la de esas épocas en las que el amor por la patria no se confundía con fanatismo, ni la crítica con destrucción, ni la diferencia con enemistad. Épocas en las que nos enseñaban que amar a Colombia era cuidarla, respetarla, trabajar por ella y, sobre todo, no usarla para dividir.

Ser patriota no es gritar más fuerte ni imponer una verdad. Ser patriota es defender la dignidad del país, proteger su soberanía, respetar sus instituciones y entender que ningún interés personal o político está por encima del bien común. Ser patriota es recordar que el poder es pasajero, pero la patria permanece.

Hoy Colombia necesita menos odio y más reflexión. Menos discursos incendiarios y más actos de reconciliación. Necesita ciudadanos que, aun pensando distinto, se reconozcan como compatriotas. Porque no hay victoria política que valga si se pierde el alma de la nación.

Que volvamos a llevar a Colombia en el corazón, no como consigna, sino como compromiso. Que la cuidemos con palabras responsables, con acciones honestas y con la convicción de que solo unidos podremos verla, como siempre la hemos soñado, grande, respetada y libre.

Con amor, con respeto y con esperanza,

Un colombiano que cree en su patria.

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