¡Crece la audiencia!

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¡Crece la audiencia!

Stairs Dream Significado | ¿Qué significan las escaleras en tus sueños?Como en ‘El sueño de las escalinatas’ de Jorge Zalamea, ¡Crece la audiencia! en las toldas de OSCAR IVÁN ZULUAGA ESCOBAR, -62 años-, candidatura presidencial que para satisfacción va viento en popa, sumándose cada día, emancipadas, plurales fuerzas de líderes que, con dolor de patria, sin cálculo ni sectarismo, les preocupa, velan por el futuro del terruño.

Dentro del ramillete de candidatos del actual pesebre político, resalta la excelsa, impoluta, irrebatible, precitada figura; un dirigente creíble, fiable, estructurado, formado; con la experiencia, inteligencia, talante, imperiosos para para rescatar, reencausar al país de la fortuita, aciaga crisis desatada por el covid-19, el desgobierno.

Profesional de mérito positivo, con los abolengos, capacidad, destrezas indispensables para ocupar la presidencia, avaladas por el pulcro, triunfante desempeño en las dignidades ocupadas, valoradas con signos de admiración, excelencia.

Obviando las circunstancias del paisanaje, admiración, la presente nota encomiástica, se ciñe estrictamente a los tangibles, elogiados logros alcanzados, como cuajado, curtido, austero, insobornable funcionario, heterodoxo exministro de hacienda, que palió con éxito los escollos económicos -sin precedentes-, aflorados en su mandato, tarea denostada -por supuesto- como todo quehacer humano, por los anacrónicos santones izquierdosos; chanda que igual al ‘entusado’, no hay disco que les sirva.

Destacado, célebre seductor personaje, consecuente con sus incólumes creencias, ideas, defendidas con ahínco, democrática, lealmente, sin concesiones, tregua alguna,  durante su amplia trayectoria pública; valor humano de los que uno se siente orgulloso de conocer, de haber estrechado fraternalmente su mano, razón -entre otras- que le merecieron el apoyo de siete millones de conciudadanos en su primer intento por lograr la presidencia. Esta vez -seguro- será la vencida.

Máximo galardón que los colombianos le entregaremos -Dios mediante- en crucial coyuntura, claro reconocimiento a su acrisolada, inmaculada vida, sin mácula; solvencia moral, ética, virtudes de cuna heredadas -como su cimero patriotismo- de sus sobresalientes padres, Obidio-Karina, del mítico abuelo, Juan B. Escobar.

OSCAR IVÁN, cuya apuntalada, consolidada reputación personal, empresarial, crece, mientras decrece -a su pesar- la del Virrey de esta venerada colonia bananera, como la del bullanguero, contradictorio, improvisado, incompetente, infortunado, locuaz presidente-adorno, cuyo ostensible desconocimiento de los asuntos medulares de Estado, inexperiencia, soportamos los ‘polombianos’, demostrada por la desorientada, impróvida, reprobada gestión, reflejada por la inestabilidad reinante. Zaperoco que deberá enfrentar OSCAR IVÁN -guardián de la heredad- de ser elegido.

notitleIgualmente tendrá que rehacer la fracturada unidad, procurar los correctivos, investido de la autoridad de haber estado alejado los últimos siete años de los focos mediáticos, guardando un afortunado, comprensivo, voluntario silencio, mientras la justicia hacía lo suyo, respecto al acoso judicial, impetrado por la gratuita ojeriza de sus indefectibles enemigos que, para satisfacción personal, familiar, recibieron su mentís.

Marginación que lo desliga totalmente del desgaste del Gobierno, del desastroso, ininteligible rumbo del agónico país, al borde del abismo, imprimido por Duque, concerniéndole solventar -de darse la eventual exaltación- el despelote administrativo, sin que ello implique abandonar o renegar de los principios fundacionales del partido de gobierno -los ‘huevitos’ de la seguridad democrática, la confianza inversionista, la cohesión social-, por el contrario, su presencia garantiza -como reserva moral, ética, política, que lo es- su revitalización, continuidad.

OIZCredibilidad, distinción, señorío que le permiten convocar -sin auras protectoras- tras la unidad, a los sectores académicos, intelectuales, políticos, sin partido, formadores de opinión, soportes del liderazgo que lo habilitaría para agenciar -con propósito de enmienda- las  ineludibles reformas que la urgencia nacional demanda.

Requiriéndose actuar con grandeza de espíritu, desprendimiento, que fortalezcan, alienten, nutran al timonel que el país necesita.

Un adalid sin pretensiones adanistas, con los pantalones bien puestos, los principios bien claros que, sin mangoneos, interprete el sentir patrio, bajo una misma premisa -patriótica, democrática-, mismo objetivo: la defensa de los derechos fundamentales consagrados en la Constitución.

Que no doblegue la cerviz, resista, se constituya en cerrojo del confrontacional, erizado, sanguinario castro-chavismo, de sus nexos con el terrorismo; posibilidad latente -no descartable- cuyas sabandijas acechan a la vuelta de la esquina, tras la captura del país, como trágicamente pasó en el Perú, producto del ciego, errático relajamiento del estatu quo que, en vez de unirse, confrontaron sus egoístas intereses, dispersándose irracional, irresponsablemente, abriéndole las puertas -para mayor inri- a la malhadada ideología, macabra metodología.

Lo cual solo es posible si los demócratas actúan unitariamente y sin vacilaciones. Contingencia que taponará nuestro Cincinato criollo, arquetipo de integridad, rectitud, que ofrece cogobernar con los más competentes, probos, que los hay en todos los sectores sociales, en los más remotos rincones de Colombia.

Bogotá, D.C., 03 de octubre de 2021

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mario arias gómez
Abogado, periodista y escritor


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