La paradoja democrática del siglo XXI en Colombia

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COLUMNA LIBRE

Ulises Durán Porto

Abogado Penalista

La democracia tiene ciertas paradojas que se convierten más en defecto que en virtud.  En el caso  colombiano  esta situación  se manifiesta  en el sinnúmero de Candidatos presidenciales  para los comicios del año 2022, que más que claridad política lo que genera es confusión en los ciudadanos, quienes tienen dificultad en diferenciar los programas, las propuestas y las posiciones políticas de los candidatos.  El problema se presenta no sólo entre todos los candidatos de los diferentes partidos, sino también al interior de las mismas organizaciones políticas. Frente a este escenario lo más conveniente y necesario para la democracia colombiana y para la política partidista  es que se decanten ideológicamente y  mantengan la coherencia una vez lleguen al Poder.

El hecho y la percepción que demuestra  este planteamiento  se presenta con el presidente Duque y con el  Expresidente Juan Manuel Santos.  Ambos fueron elegidos como sucesores y herederos  del presidente Uribe y de  la Política de la Seguridad democrática. Sin embargo, en ambos casos Uribe fracasó, si se tiene en cuenta que su Política de Seguridad democrática no sólo fue abandonada por ellos sino proscrita y expósita. Política que sigue en deuda con  sus objetivos de conseguir  una paz total impuesta por la fuerza legítima del Estado, o mediante un  sometimiento a la justicia. Los llamados procesos de paz de Uribe con los Paramilitares y de Santos con la Farc, fueron muy limitados por sus resultados  y el conflicto persiste con otros rostros. La seguridad es la base de la solución de todos los problemas que padecemos los colombianos.

El Ex presidente Santos cambió de tercio respecto de la seguridad democrática y con su pragmatismo inglés aplicó la máxima, según la cual,  si cambian las condiciones objetivas hay que cambiar los objetivos, y a pesar de haber sido un Ministro de Defensa eficaz en la lucha contra  el terrorismo y la guerrilla no terminó la tarea como Presidente y decidió concertar con el enemigo Farc un Acuerdo de Paz en contravía de quienes lo eligieron  y de la política de seguridad  democrática que juró defender. La votación por el No que ganó en el plebiscito para refrendar los acuerdos de la Habana  demostró que Santos se equivocó  y actuó en contra de la decisión del pueblo colombiano, y la persistencia de las disidencias de las Farc y del conflicto así lo demuestran. Su egocentrismo desmesurado al final de su gobierno sólo le proporcionó el Premio Nobel de Paz, y a pesar de que hubo desmovilización guerrilleras y curules para la cúpula de las Farc, la realidad objetiva que quiso cambiar persistió en materia de seguridad.

El presidente Duque, que como Senador del Centro Democrático conocía de primera mano  el periplo Santista por la paz, en la misma posesión como presidente ya mostró su talante personal frente al discurso del presidente del senado que mostraba las críticas al gobierno saliente, el sentimiento político del Centro Democrático, y sus objetivos  programáticos.  Nada de eso ocurrió y el Presidente Duque termina su mandato avergonzado de la Derecha  Democrática y declarándose  de “Centro Extremo”, según su autodefinición. Es más, el cuestionario  que le respondió al diario londinense The Guardian, a partir de las herramientas y los algoritmos utilizados lo califica como de Centro Izquierda. Y concluye el presidente Duque con su propia declaración pública: “Me dicen derechista, pero soy el de la matrícula gratis, la renta básica llamada ingreso solidario, el del subsidio al empleo joven, el de la devolución del IVA a los pobres, el del gabinete paritario con más nombramientos de afros en un gabinete en la historia. Nombré al primer ministro abiertamente LGBTI. Soy el de las energías renovables, los carros eléctricos y el de los mayores subsidios de vivienda para los pobres. Soy el de la fraternidad Migratoria”.  Es patético  el omitir conscientemente el tema de la “seguridad” como principio de su  partido  Centro Democrático  y de la ejecución  de su gobierno. Es evidente que ha fracasado en esta materia.

Podemos concluir, entonces, que tanto Santos como Duque   incumplieron  la política rectora de la seguridad democrática. Probablemente los problemas actuales de seguridad, que más que disminuir aumentan cada día en el campo y en las ciudades, se hubieran resueltos si persiste la política de seguridad democrática iniciada por Uribe Vélez en el año 2002, política correcta en su momento, como lo demuestran los resultados y los índices de popularidad al final de su mandato, pero frustrada por los gobiernos de Santos y de Duque.

Ahora, que  se puede esperar con  la elección presidencial del 2022 frente a estos resultados históricos.  Probablemente, habrá que repetir la historia de Uribe en el año 2002. Se necesita  una disidencia o una selección certera del candidato al interior del  Centro Democráticos que termine la tarea iniciada por Uribe Vélez a partir de la Seguridad Democrática. Un líder o lideresa que no se avergüence de ser de Derecha Democrática, que sea coherente y radical.  Este  talante político necesario lo encarna, sin duda alguna, la senadora María Fernanda Cabal. Eso es lo que espera el pueblo colombiano. De lo contrario, será la izquierda radical del candidato Gustavo Petro quien termine abrazando la bandera de la seguridad como clamor nacional y gane las elecciones. Cuando califico  a la candidata Cabal como de Derecha Radical y al Candidato Petro como de Izquierda Radical, no quiero decir que  son “extremistas” que  actuarán por fuera del Estado Social de Derecho. Simplemente quiero señalar que la elección presidencial del 2022 estará entre estos dos candidatos radicales, con sus propuestas políticas radicales dentro del marco constitucional. El centro político,  centro izquierda  y centro derecha, con sus múltiples candidatos  y ambigüedades no tendrán futuro en el 2022.  Ya ganaron y gobernaron  a Colombia en cabeza de Santos y de Duque y sus resultados han sido frustrantes para el pueblo y así lo indican sus resultados y las encuestas al final de estos gobiernos que han terminado con una bajísima aceptación negativa, mientras Uribe después de ocho años  de gobierno, 2002-2010, terminó su mandato con una aceptación más que positiva. El conflicto y la polarización aun persisten.    Por esto  sostenemos que la tarea de Uribe Vélez y su política de Seguridad Democrática esta inconclusa y se requiere proseguirla por la candidata de la Derecha Radical, María Fernanda Cabal.  De lo contrario Petro será el ganador indiscutible, con su pretensión realizable de ejercer el poder por varios períodos constitucionales. Estas dos serán las verdaderas alternativas de la contienda presidencia del 2022.

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