Por Bernardo Henao Jaramillo
Columnista de Opinión
La fecha del 8 de marzo se aproxima. Este domingo, todos los ciudadanos colombianos —tanto quienes residen en el país como quienes viven en el exterior y ya han comenzado a ejercer su derecho al voto— enfrentamos una responsabilidad fundamental con la democracia.
Tenemos el deber ineludible de salir a votar.
El voto es la herramienta más poderosa que tiene el ciudadano en una democracia. Allí, sin presiones, sin manipulaciones y sin comprometer la libertad de su conciencia, cada persona puede expresar de forma secreta su preferencia política. Por eso, el llamado es claro: vote por convicción respecto a quién o quienes se identifican con sus principios y valores y por ende pueden ser sus representantes dentro del esquema de Estado Social de Derecho que consagra la Constitución Política.
No decida simplemente porque una encuesta lo indique, ni porque un partido político pretenda imponer sus ideas. El voto no debe ser una sumisión ciega a la voluntad o designios de “otros”, sino un acto de responsabilidad individual. Cada ciudadano debe depositarlo por el candidato que realmente le otorgue credibilidad de trabajar por el bien común, de su honestidad para lograr ese propósito y de hacer realidad su visión de un mejor país.
En esta jornada electoral se elegirá el nuevo Congreso de la República. Los colombianos votarán por los aspirantes al Senado, en circunscripción nacional, y por los representantes a la Cámara en las circunscripciones departamentales y distritales. Serán su voz en el legislativo y en cumplimiento de su mandato deberán crear, reformar y derogar leyes, así como ejercer su importante misión de control político sobre el gobierno.
Además, esta elección tiene un elemento particularmente relevante: la consulta presidencial.
Este es un momento decisivo. El país está ante la posibilidad de definir el rumbo político correcto de los próximos años. Cuando conozcamos la composición del nuevo Congreso para el período de cuatro años, también sabremos si Colombia insistirá en continuar con el panorama político que prometió un cambio que nunca llegó o si, por el contrario, comenzará a corregir el camino que ha generado profundas dificultades económicas, institucionales y sociales.
Gran parte de los colombianos sienten hoy que el país ha retrocedido alarmantemente, que la corrupción campea a sus anchas, que los daños sufridos son de tal gravedad que difícilmente podrán subsanarse en varios años, quizás décadas, y que incluso enfrenta riesgos serios para su estabilidad e institucionalidad.
Por eso esta elección es tan transcendente, pues, no sólo se eligen los representantes del pueblo al poder legislativo, sino que se enruta la carrera presidencial.
Existe la posibilidad de enderezar el rumbo y evitar la hecatombe que han vivido países vecinos. Se está a tiempo.
Además del voto consciente hay dos factores que pueden resultar decisivos en esta jornada democrática: la participación de los jóvenes y el protagonismo del voto femenino.
Miles de jóvenes votarán por primera vez o participarán con una mayor conciencia política. En los últimos años, una nueva generación ha comenzado a mirar con mayor sentido crítico las promesas ideológicas que durante tanto tiempo dominaron el debate público. Cada vez más los jóvenes entienden que la libertad, las oportunidades y el progreso real de un país se construyen con instituciones sólidas, responsabilidad democrática y respeto por las reglas del Estado de derecho, establecidas en la Constitución y en las leyes.
El voto joven puede convertirse, por tanto, en uno de los elementos más determinantes de esta elección.
Igualmente, importante es el voto femenino. Las mujeres colombianas conquistaron el derecho al sufragio en 1954 durante el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, un hito histórico que amplió y fortaleció nuestra democracia. Desde entonces, su participación no ha dejado de crecer.
Hoy millones de mujeres no solo ejercen su derecho al voto, sino que también participan activamente en la vida pública, lideran procesos políticos, ocupan curules en el Congreso y asumen responsabilidades en todos los niveles del Estado.
La democracia colombiana debe fortalecerse gracias a esa participación femenina que no solo vota, sino que también aspira y accede a cargos de elección popular.
Ciudadanos, madruguen a votar. Estamos en una época de fuertes lluvias y, como suele ocurrir, en horas de la tarde las precipitaciones se intensifican. Lo prudente es acudir temprano a las urnas, cumplir con el deber cívico y participar en esta jornada que definirá el futuro inmediato de la nación.
La democracia no se defiende desde la apatía ni desde la abstención.
Se defiende votando.
Porque cuando los ciudadanos renuncian a su voto, otros terminan decidiendo el destino del país por ellos. Y en democracia, el futuro no lo escriben los que se quedan en casa, sino los que salen a las urnas.
“Las elecciones son del pueblo. Es su decisión. Si deciden darle la espalda al fuego y quemarse el trasero, tendrán que quedarse sentados sobre sus ampollas. (Abraham Lincoln)
Pildorita: Para garantizar el secreto del voto se diseñó un tarjetón especial para la consulta el que debe diligenciarse correctamente. Es importante recordar algo fundamental: no se pueden marcar varias consultas. El elector debe escoger únicamente una consulta y dentro de ella un solo candidato.







