¡Los hermanos del Libertador! II

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¡Los hermanos del Libertador! II

CONTINUACIÓN: Antes de concluir con el memorial en que JUAN AGUSTÍN (foto) -hermano oculto del Libertador-, solicita confrontar a dos testigos con los que probaría la paternidad común con los medio hermanos, Bolívar, adiciono a los datos biográficos y de información familiar reseñados anteriormente, el que en los archivos parroquiales de la Catedral marabina se encuentra su partida de matrimonio, sin que se determine la identidad de la madre, ni la fecha de nacimiento.

Ruego que concluye: …Si me conocen de vista, trato y comunicación y si les consta que el dicho Señor me trataba como si fuese su hijo, con aquel cariño que es propio de un padre, teniéndome en casa de Doña Luisa Bolívar, su hermana, alimentándome y contribuyéndome todo lo necesario…”. “Diga Don Juan José Barandica, si es cierto que el doctor Juan Félix Aristiguieta, le comunicó que el dicho señor Don Juan Vicente era mi padre«.

Testigos que dieron fe del buen trato brindado por parte de Juan Vicente y Josefa -su hermana- a Juan Agustín, ‘a quien cuidaban y vestían decentemente con casaca y peinaban con esmero’. ‘Don Juan José Barandica, comandante del Resguardo de Maracaibo, informó que oyó decir al difunto Juan Félix de Aristiguieta, sobrino de don Juan Vicente, que don Juan Agustín era hijo bastardo de Juan Vicente, tenido de una señora de alcurnia’. A pesar de haber recibido Juan Agustín los doscientos pesos estipulados en el testamento, solicitó mil pesos adicionales para cubrir los gastos de estadía y viaje de regreso a Maracaibo.

María Antonia Bolívar (hermana mayor de Simón Bolívar), nace en Caracas el  1° de noviembre de 1777, fallece a los 65 años -el 7 de octubre de 1842- en su hacienda de Macarao, cerca de Caracas. A la edad de nueve años queda huérfana de padre y a los 14 de madre. Próxima a cumplir quince años, contrae matrimonio el 22 de octubre de 1792, con su primo en tercer grado, Pablo Clemente y Palacios (1792-1821) de 21 años, hijo de su tía abuela María Petronila Palacios y Sojo. Su esposo era un hombre enfermizo con una ya incipiente demencia, con quien tuvo seis hijos -Josefa, Pablo Secundino, Anacleto, Valentina, Teresa y Concepción, de los cuales se hizo cargo el abuelo materno, Feliciano Palacios de Aguijare y Arrizaría-Sojo y Gil de Arriara.

Tras la muerte de sus padres, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco, más conocido como Simón Bolívar, apenas tenía dos años de edad, al morir su padre, y nueve al morir la madre, quedando como tutor su abuelo enfermo, Feliciano, quien a su vez lo confió a su otro tío materno, Esteban Palacios y Blanco, pero como se encontraba en España, en el entre tanto permaneció bajo la custodia de Carlos Palacios y Blanco, otro de sus tíos, que por lo sabido era un hombre de malas pulgas, con el que nunca se llevó bien.

Conflictiva relación que lo llevó a refugiarse en casa de María Antonia, el 23 de julio de 1795, solucionándose -finalmente- el conflicto familiar -pese a la resistencia del niño Simón- al disponer trasladarlo a la casa de su posterior influyente maestro, Simón Rodríguez.

La díscola María Antonia, se opuso siempre al sueño independentista de su hermano, en razón a que implicaba renunciar a los lujos y privilegios de clase de su acomodada familia, lo que la obligó a un constante peregrinaje, iniciado en 1814 en Curazao, luego en Nueva Granada (Colombia), isla de Saint Thomas y Cuba. Alcanzada la independencia en 1823, regresó a su patria a pedido del Libertador.

Del material epistolar, con impensada carga emocional; trato directo, familiar, sin protocolos -beligerante a veces-, se deduce el tipo de comunicación y relación; diferencias que marcaron la distancia con el proyecto de su hermano.  «Ninguna otra mujer (acérrima defensora de la Corona Española) le escribía a Simón Bolívar en el tono en que ella lo hacía«, comenta Inés Quintero (historiadora venezolana).

De las más conocidas biografías de Bolívar, ninguna se ocupa de la vida de esta fascinante mujer -dueña de ‘sus circunstancias y pareceres’, ignorada, marginada, opacada absolutamente por el colosal peso histórico de Bolívar. El resto de hermanos, desde el primer momento, se unieron a la causa libertaria, independentista.

María Antonia, formada dentro del concepto de una sociedad desigual, en la que los blancos gozaban de privilegios, mientras los negros no tenían un lugar dentro de la dinámica política y social.

Al reconocer, reclamar el hecho de que al ocupar sus hermanos posiciones relevantes en el sistema de poder que la monarquía ofrecía a los blancos criollos -soportes locales del régimen-, le parecía una contradicción, un despropósito -digo mejor una traición- el que, habiendo sido la familia leal a la Corona durante más de 100 años, decidiera -en última instancia- romper ese vínculo. En tal contexto, es como ocurre el insalvable distanciamiento y enfrentamiento con su menor hermano Simón.

En 1813, Bolívar dicta el Decreto de Guerra a Muerte: «…españoles y Canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de la América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables«. CONTINÚA

Bogotá, D.C., 07 de julio de 2021

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mario arias gómez
Abogado, periodista y escritor


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