“Motivos de mi suicidio y mis últimas disposiciones”: Jean Louis Michel Perú de Lacroix Massier, general de Bolívar

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Fortaleza del pirata francés Louis Michel Aury en la isla La Providencia (actualmente parte de Colombia), donde permaneció desde 1818 hasta su muerte en 1821. Dibujo realizado por su secretario de Estado, Louis Pérou de Lacroix durante el tiempo en que de Lacroix era superintendente de Aury entre 1814 y 1821.

Concluyo la presente serie sobre la mundana existencia de nuestro ‘Padre de la Patria’, Simón Bolívar, sobre la cual se ha especulado y  corrido ríos de tinta sobre las amantes y supuesta paternidad de varios niños, de lo que se ha ocupado la serie que hoy termina.

Última entrega dedicada al conmovedor, trágico final de, Jean Louis Michel Perú de Lacroix Massier, quien fue un general francés que batalló en el ejército de Napoleón I en Europa y en el de Simón Bolívar en Sudamérica. Su cercanía lo convirtió en uno de los testigos oculares más célebres del Libertador, a quien acompañó en su última etapa.

En su Diario de Bucaramanga, relata numerosas confesiones, intimidades, infidencias, posturas, reflexiones y secretos de la vida militar y política de El Libertador, confiados a su amigo, Don Luis Perú de la Croix, antiguo edecán suyo, mientras se hospedaba en su casa en Bucaramanga, durante los meses de abril a junio de 1828; tiempo en que se realizaba la Convención de Ocaña que finalmente trajo como consecuencia la disolución de la Gran Colombia.

Casa Colonial San Mateo
Casa Colonial San Mateo. Venezuela – Aragua – Municipio Bolívar

Este histórico documento, nada refiere sobre el hecho de que Ricaurte nunca voló en átomos en San Mateo, como lo proclama nuestro mentiroso Himno Nacional. Algunos escépticos sostienen, que esta es una fábula del propio Bolívar, asegurándose que el hombrecito nunca se inmoló, que por el contrario, huyó despavorido abandonando el fuerte, que los españoles se tomaron el polvorín -sin resistencia- allí resguardado, en la hacienda San Mateo, quienes le dieron muerte.  Bolívar ordenó posteriormente que se divulgara la heroica proeza de la inmolación de Ricaurte volando el polvorín, hazaña que lo consagró como el cojonudo héroe que dio la vida por la Patria. Paja, según mis fuentes.

De la Croix, nacido en Montelimart, Francia, el 14 de septiembre de 1780. Muy joven sirvió como soldado de Ejército napoleónico, entre 1810 a 1812, el cual en esencia concluyó en el año 1815 con la derrota en la batalla de Waterloo (18 de junio) bajo las órdenes de Murad (general del ejército y comandante de caballería). Estuvo en la campaña de Rusia, antes de la batalla de Leipzig, de donde partió a Inglaterra, en comisión reservada, para averiguar los planes de Luis XVIII. Época en que tomó el aristocrático apellido de Lacroix.

En 1835, se ocupó en Caracas, en casa del marqués del Toro, en corregir el ‘Diario de Bucaramanga’ (referido anteriormente), que también tituló, ‘Vida pública y privada del Libertador Simón Bolívar’; manuscrito que pasó de mano en mano, hasta perderse en el túnel del tiempo los rastros de los originales, de su puño y letra. La Academia de Historia de Venezuela conserva, dos cuadernos, solamente, marcados con los distintivos: Tomo 2. 0, que recoge los sucesos entre el 2 al 25 de mayo (fielmente registrados en la parte del Diario publicado en París), y el Tomo 3.0, que comprenden las páginas 167-323 y 323 bis-467, los hechos ocurridos entre 26 de mayo al 26 de junio.

En la portada del primero de estos cuadernos se lee: “Literalmente copiado del original que escribió el general, entonces coronel, Luis Perú de Lacroix”.  Al final del segundo aparece esta otra postilla: “Lo que precede es copia del Original, fiel y literalmente sacada y terminada en Caracas, hoy vienes, 22 de mayo de 1863”. Documentos digitalizados por la Biblioteca Luis Ángel Arango, del Banco de la República, (Colombia). La data de antigüedad de la copia puede comprobarse con el papel empleado para ella, que es el español llamado de orilla, plegado en cuartillas, cuyas dobles fechas varían de 1856 a 1863.

Iglesia de San Francisco donde se realizó la Convención de Ocaña en 1828

Del tomo segundo, faltan cuatro hojas -de la 295 a la 302-, y en su lugar, hay una hoja en blanco. Existe otro manuscrito, también de puño y letra de Lacroix, perteneciente a don Manuel Segundo Sánchez. Se trata de un cuadernillo de 16 páginas que contiene el índice de cada uno de los días a que se refiere el Diario; principia el 1° de abril de 1828 y termina el 29 de mayo del mismo año. A pesar de que El Libertador se ausentó de Bucaramanga, rumbo a Bogotá, el 9 de junio, el general Lacroix prolongó el diario hasta el 26 de ese mes, faltando al índice las páginas correspondientes a los días comprendidos entre el 30 de mayo y el 26 de junio de 1828.

El Diario publicado en Paris en 1859, le falta la relación comprendida entre el 1 de abril de 1828 y el 1 de mayo, como del 26 de mayo al 26 de junio. Al manuscrito, le falta, toda la primera parte, comprendida entre el 1° de abril y el 1° de mayo de 1828, y al índice le faltan las páginas correspondientes a los días comprendidos entre el 29 de mayo y el 26 de junio de 1828.

Expulsado de Venezuela en 1836, con varios reformistas, se encaminó a su patria nativa, donde consumó su antiguo designio. En enero de 1837, se anunció su suicidio. Este valioso manuscrito (en su redacción original, tal cual fue escrito), lo encabezó con el siguiente título: “Motivos de mi suicidio y mis últimas disposiciones”.

Jean Louis Michel Perú de Lacroix (1780-1837)

“Cincuenta y siete años, una nueva caída política, separado de mi mujer y de mis hijos hace seis años, sin esperanza de reunirme a ellos, sin fortuna, sin estado, la realidad de la miseria ya presente y la perspectiva de sus inseparables compañeras, la humillación y la ignominia, son los motivos que me determinan a abreviar mis días, convencido, por otra parte, de que hay más valor en darse la muerte que en dejarse degradar et prende a la gorge  por la horrible miseria, que en dejarse arrastrar por ella hasta el lodo y que en vivir, en fin, bajo su cruel y permanente tiranía …

Mis Memorias, que quedan manuscritas, explican la última parte de mi vida. Estas Memorias forman dos volúmenes, bajo el título de: Mis veintidós años de Nuevo Mundo, mi juventud en Europa y mi suicidio en París. Entre mis papeles se encontrarán también algunos manuscritos en español, a saber: Colombia desde su creación hasta su destrucción, o Resumen histórico de las revoluciones políticas que más han contribuido a la destrucción de esta República, dos volúmenes. Memorias de Pacheco, portero vitalicio del Gobierno de Bogotá, un volumen, no concluido. Almanaque histórico político, no concluido, seguido de efemérides colombianas. En borradores, diez y seis fragmentos políticos e históricos bajo diversos títulos. Diario de Bucaramanga, o Vida pública y privada del Libertador Simón Bolívar, un grueso volumen.

Todos estos manuscritos, con excepción del último, se encontrarán entre mis papeles. El Diario de Bucaramanga, que considero ser la obra más interesante, porque contiene la vida pública y privada de un grande hombre, de un bienhechor de la Humanidad, está depositado en manos de mi digno y respetable amigo el marqués Francisco Rodríguez del Toro, general de división de la República de Venezuela, residente en Caracas. Este amigo debía poner la obra en manos del cónsul francés residente en Caracas, para que éste me la dirigiera a París, bajo cubierta del ministro de Relaciones Exteriores. No sé qué haya llegado”.

“Si mi situación hubiese sido otra en Francia, yo habría corregido todos esos manuscritos, y con la ayuda de un editor instruido los habría publicado. Puesto que no lo puedo hacer, otro lo hará tal vez, o con esta esperanza y con esta intención dejo el presente legado de todos los dichos manuscritos, incluso el Diario de Bucaramanga, a los señores administradores de El Siglo, para que ellos sean los editores y los hagan publicar a su beneficio en el idioma que gusten, con la única condición de que un ejemplar de cada obra sea dirigido por ellos a cada una de las personas siguientes: Monsieur Eusebio Perú, en Montelimart; general de división Francisco R. del Toro, en Caracas; don Vicente Ibarra, en Caracas, para su hermano, el general Ibarra, y a la señora viuda Perú de Lacroix, Dolores Mutis, en Bogotá”.

“Hago, además, este escrito para que nadie pueda ser acusado de mi muerte y para que ella no sea atribuida a un acto de demencia de mi parte, sino a la fría y juiciosa razón, único móvil de mi voluntad y de mi mano”.

“Mi sepultura me inquieta poco, sin embargo, si mi voluntad pudiese valer algo, yo pediría el entierro de un simple soldado, que fue mi primer grado militar en Francia”.

“Hecho y firmado de mi mano, debiendo llevar la fecha del día de mi muerte. París, a … de 1837.

L. Perú de Lacroix.”

FIN

Bogotá, D.C., 03 de noviembre de 2021

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mario arias gómez
Abogado, periodista y escritor


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