¡PENSILVANIA!, ‘Mi pueblo natal’ V

Compártelo:

!Tiempos Viejos!

(Julio Sosa)

¡Te acordás, hermano, que tiempos aquellos!
Eran otros hombres, más hombres los nuestros,
No se conocían coca, ni morfina,
Los muchachos de antes no usaban gomina.
¡Te acordás, hermano, que tiempos aquellos!
Veinticinco abriles que no volverán,
Veinticinco abriles, volver a tenerlos…
¡Si cuando me acuerdo me pongo a llorar!

Y ‘ya con esta me despido’ -como dice el corrido de la Revolución mexicana, ‘Arnulfo González’, autor, Narciso Zapata- concluyo el plácido repaso de inolvidables anécdotas, encantamientos y vivencias pasadas, surgidas en nuestra incomparable, venerada ¡PENSILVANIA!, las cuales reposan en las gavetas del recuerdo, y que en navidad toman el sabor a natilla (de maíz), a buñuelos, a chancho chamuscado con helecho, a las exquisiteces de la cocina de la abuela, con sus infaltables dulces de breva, papayuela, sabores y olores que con solo recordarlos la boca se hace agua.

Colofón del escrito de ayer, que continúo con la deslumbrante, inmemorial relación de los admirables, creativos, eficientes, sagaces, valientes, versátiles ancestros; mayorazgo de férreos e innegociables principios; abuelos abiertos, profundamente cariñosos, tiernos, orlados con excepcionales méritos, expresión cabal, genuina del sentido del honor, caballerosidad, dignidad, con mística y vocación de servicio -inigualables-, aptitudes, atributos, fortalezas, integridades, valores que hicieron grande a la cortejada, dilecta ¡PENSILVANIA!, que con el paso de los años, ha consolidado -con sus herederos- su preponderante lugar en la historia.

Berardo Quintero, Ismael Ramírez Ospina, Fortunato Zuluaga, Alfonso Hoyos Giraldo y otros….

Qué duda cabe que hablo de los celebérrimos: ‘Toño’ Gómez, Vicente Hincapié, Samuel Alzate, Aurelio Hoyos; Luis -‘El chato’- Aristizábal, Samuel Salazar -Chamique- José Néstor Valencia, Darío y Ovidio Maya, Cándido y Mauro Mejía, Abel y Miguel Ángel Vélez, Rómulo Jaramillo;  Néstor Jiménez, Misael y Helio Aristizábal, Lázaro Betancur; Ananías Cardona, Miguel Ángel Pineda, Antonio -Mi Ranchito, Eduardo ´Picarito’ Aristizábal, Fortunato, Arturo y Gonzalo Zuluaga, Ramón E. Valencia; Arnaldo Salazar; Alfonso Henao.

Félix y Pacho Hoyos, Francisco Ramírez y Ancizar (hijo), Luis Quintero, Luis Chócolo; Gabriel Higuera, Eduardo Cortés; Ismael ‘Maelo’, Gonzalo, ‘Pacho’ Ramírez; Lix Mario Zuluaga, Raimundo Cardona, Gonzalito Henao; Gerardo, Misael y Julio E. Arias; Carlos Gómez, Oliverio Ramírez; Marita ‘pureza’ Urrea, Rubelio Valencia; Luis Ramírez, Eugenio Henao, Eduardo Cortés, Toñito’, Elías, Santiago y Daniel Gonzáles; Benjamín y Darío Franco, Chucho Quintero, Gilberto y Carlos Hoyos, Miguel Ángel Aristizábal; Jesús López, Celso, Aníbal  Arango, Joaquín Pamplona.

Cimeras, descollantes, históricas estatuas vivientes -convertidos para mí en referentes- que, desbrozaron con su ejemplo el camino, marcaron el derrotero, el destino que modeló a sus conciudadanos, a sus descendencias, legatarios que convirtieron -entre todos- a ¡PENSILVANIA!, en imperecedero, tangible baluarte de grandeza. Lo dijo bien García Lorca: ‘son los vivos, pero también los muertos, los que componen un pueblo’. Parodiándolo -atrevidamente- agregó: “a los vivos les deseo felicidad y a los muertos los recuerdo, cariñosamente, agradecido, porque representan la tradición del pueblo y porque gracias a ellos estoy repasando su pasado”.

BERNARDO OSPINA CARDONA (1908–2001), emblemático, reverenciado juez, un hombre decente, íntegro, honorable, polifacético, respetable y honrado, ejemplo de caballerosidad y limpieza moral, a quien nunca se le subieron los humos, siempre supo de dónde venía y para donde iba; destacado alumno de los Hermanos de La Salle, graduado MAESTRO -con mayúscula sostenida- en la prestigiosa Normal de Manizales, ejerció en Marquetalia, Samaná y Pensilvania. Funcionario de carreara de la rama judicial, juez del Circuito de Pensilvania, que desempeñó honrosamente desde 1946, hasta su jubilación en 1960, cargo ocupado sin haber obtenido el título de abogado, muestra fehaciente de su formación, idoneidad académica, intelectual, capacidad, además de su cortejada rectitud -a toda prueba-. Bondadoso, impoluto, inteligente, insuperable, luminoso ser humano, autodidacta, lector incansable, versado en universales temas: históricos, jurídicos y sociales. Loor a su nombre.

BERNARDO HERRERA SALAZAR (1905-1971) MAESTRO -igualmente, con mayúscula-, en Bolivia, Belén de Umbría, Samaná, Pensilvania, Manizales y Bogotá; incansable, laborioso orfebre de la educación y la cultura en la década de 1950, con asegurado puesto en la galería de los grandiosos, magnánimos educadores de Caldas, quien cada domingo -día de mercado- luego de la misa mayor, repartía, elegantemente vestido de paño y corbata, con su andar lento, firme y seguro, hablar pausado, el pequeño, regalado periódico, semanal, ‘La Verdad Desnuda’ que derivó, en ‘LA VERDAD’, que con el ‘Pregonero’, periodiquillo levantado letra por letra, en la tipografía adquirida por el padre Daniel María López en 1924, y que funcionó en el interior de la Casa cural, y ‘La Patria’, biblias informativas de la época.

‘LA VERDAD’, espinoso, quijotesco empeño, con sentido de pertenencia, que duró mientras don Bernardo, permaneció en nuestra urbe, (nueve años), escrito en verso, también en prosa: “Y todo -según su Director- en defensa del pobre y de las instituciones de utilidad pública, sin ninguna mezcla de política de partido, que cuando no es alta y digna, apenas sí deja los estragos de la barbarie”.

GERARDO ARISTIZÁBAL ARISTIZÁBAL, con Duván Murillo; Hernando Jiménez, supérstites de la egregia, encumbrada primera ‘Promoción de oro’ de bachilleres, por él capitaneada, seguido de sus destacados condiscípulos: Ubaldo Franco, General (E), Guillermo Hincapié, Alfonso Salazar, Jaime Zuluaga, Hernán Ramírez -‘Pezuñita’, Carlos Navarro. Gerardo, destacado neurólogo, ‘Premio nacional de Ciencia, ‘Alejandro Ángel Escobar’ (1972), uno de los galardones científicos más honrosos, no sólo por la excelencia de quienes lo han recibido, sino por el rigor de los jurados encargados de adjudicarlo.

Culmino esta deshilvanada, sencilla crónica dedicada a la amada ¡PENSILVANIA!, no sin retribuir con un Dios se los pague a los coterráneos que la han incentivado con sus alentadores, vivificantes comentarios, los cuales me honran y ensanchado -confieso- el ego al saberme acompañado de tan afable, cordial, noble compañía.

 

Bogotá, D.C., 29 de 2021

http://articulosmarioariasgomez.blogspot.com.co/30

Compártelo:
mario arias gómez
mario arias gómez

Abogado, periodista y escritor


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.