Por Rafael Rodríguez-Jaraba
Si algún fenómeno económico golpea rudamente a la población, en especial a la más pobre, es la inflación, la que, definida en términos simples, es la pérdida del poder adquisitivo de la moneda como consecuencia del aumento del precio de bienes y servicios.
El brote inflacionario que amenaza la economía colombiana no es natural ni espontáneo, ni responde a causas globales o externas, es el resultado predecible de la obtusa política económica del remedo de gobierno que padecemos, exacerbada por el aumento de los cultivos ilícitos y el narcotráfico, el lavado de activos, la corrupción, la irresponsabilidad en el gasto, el aumento del déficit fiscal y la desaceleración de importantes sectores económicos como resultado de la inestabilidad legal, la inseguridad material y jurídica, la sobrecarga de impuestos, y en especial, el aumento de los costos laborales producto de un aumento desproporcionado del salario mínimo.
Aumentar el salario mínimo por encima del IPC sin expansión económica fruto de un aumento real de la productividad, es reducir el empleo formal, estimular la inflación, encarecer el costo del dinero y contraer la economía.
Ahora, si bien la presencia de la inflación responde a varias causas, entre ellas, a la emisión furtiva o abusiva de dinero o a su excesiva oferta, a lo que se llama Inflación Monetaria, esta se combate, mediante la contracción o disminución de los medios de pago, y esto fue lo que hizo el Banco de la República al aumentar en 100 puntos la llamada Tasa de Intervención la semana anterior.
El remedio a la Inflación Monetaria lo creó Milton Friedman cuando acuñó su Teoría de la Intervención Monetaria, la que le valió ganar el Premio Nobel y la que de manera sencilla predica: “El Estado puede controlar la inflación, si regula la oferta monetaria a una tasa constante”.
La tasa constante mencionada en la teoría de Friedman, no es otra que la Tasa de Intervención, que es la que fijan y aplican los bancos centrales o emisores, cuando captan recursos u otorgan créditos a los bancos comerciales, con lo que se pone en movimiento los llamados mecanismos de transmisión económica que determinan que, si la Tasa de Intervención aumenta, suben las tasas de interés de los créditos, y si se reduce, estas disminuyen.
En consecuencia, a menor tasa de interés, aumenta la demanda de crédito lo que origina expansión monetaria, y, a mayor tasa de interés, disminuye la demanda de crédito lo que origina contracción monetaria.
También existen otros tipos de inflación, como son la Inflación Reflectiva originada en la escases o encarecimiento de commodities o materias primas como el petróleo y la Inflación Inducida derivada de la colusión o cartelización delictiva de agentes del mercado que convienen alza de precios para aumentar sus utilidades. Para estos dos tipos de inflación, –reflectiva e Inducida-, la Teoría de Friedman resulta inútil, y para hacer frente a ellas, existen otros medios que no se mencionan ahora, por no ser ninguno de estos tipos de inflación la que estamos padeciendo.
No hay duda que la inflación que afrontamos y que difícilmente en breve tiempo cederá, también se origina en la desconfianza, incertidumbre y zozobra que experimenta el mercado ante un gobierno populista que, de manera torpe, indelicada e irresponsable, administra los recursos del Estado, y más que eso, que, con sus declaraciones, anuncios y amenazas contra el sector productivo, los gremios de la producción y la inversión nacional y extranjera, posterga o cancela ensanches o nuevas inversiones.
Hoy, y luego de transcurridos tres años y cinco meses desde que Petro asumió el poder, y siendo evidente su incapacidad de gestión y ejecución, así como su ineptitud para mantener el orden público, promover la seguridad y la confianza inversionista y, por ende, lograr expansión económica, desarrollo y empleo, la reducción de la actividad económica en el país es manifiesta, así el DANE propale lo contrario.
Es así como las empresas, ante el ostensible crecimiento de sus costos, en especial de personal y financieros, y en consecuencia, la reducción de sus márgenes de utilidad, no encuentran alternativa distinta a trasladar el aumento de ellos al consumidor, lo que seguirá alentando un espiral inflacionario que podría llegar al 7% al concluir el 2026, a menos que decidan hacer recortes en el número de empleos, causando mayor desempleo, informalidad, reducción de la demanda y por ende, caída en el recaudo fiscal.
Que nadie se equivoque, lo ocurrido en Colombia en materia económica desde que se posesionó el llamado “Gobierno del Cambio”, es un interminable compendio de errores, yerros y despropósitos que ha precipitado la caída de todos los indicadores económicos.
La gestión de Petro y de la mayoría de sus ineptos y corruptos ministros y funcionarios, en nada ha contribuido a disminuir la desigualdad y la pobreza, las que antes, por el contrario, han aumentado.
Si bien el Banco de la República hizo bien al aumentar su Tasa de Intervención para desalentar la inflación al encarecer la oferta monetaria, esta medida también conlleva disminución de la demanda de créditos, aumento del costo del endeudamiento y, en consecuencia, desaceleración económica.
Es evidente que el populismo de Petro ha contraído la economía y pauperizado a los más pobres. Por fortuna sus días están contados. El populismo siembra esperanzas fallidas y solo cosecha frustración y pobreza.
Colofón I. Algunas personas olvidan que, para discutir no hay necesidad de irrespetar; para discrepar no hay necesidad de ofender; para controvertir no hay necesidad de maltratar, y; para protestar no hay necesidad de vandalizar. La mayor debilidad humana es la falta de educación, y de educación nada hablan los candidatos al Congreso y la Presidencia.
Colofón II. No se entiende como personas educadas que posan de demócratas, pueden promover la abstención o la destrucción de los tarjetones de la Gran Consulta, máxime si de ella y en buena parte depende que Colombia regrese al sendero del orden, la seguridad y el desarrollo.
*Rafael Rodríguez-Jaraba. Abogado. Esp. Mg. LL.M. Consultor Jurídico. Asesor Corporativo. Litigante. Árbitro Nacional e Internacional en Derecho. Constitucionalista. Catedrático. Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia. Columnista.






