“Yankee go home!” (III)

TRUMP, fuera, fuera, fuera...

 
mario arias gómez.
I

nsistir en que en seis días, la potencia de otros tiempos, instituida como insomne gendarme del orden mundial- se juega, como el universo, el porvenir, es llover sobre mojado; evento que se desarrolla en un desconcertante, crispado, polarizado ambiente, en el que evidentemente nada está decidido aún, a pesar del palpable, mayoritario deseo porque el abrumado, abusivo, irracional Chacal -que aterroriza al universo- sea justamente vencido.

Xenofóbico supremacista blanco, que ha roto las normas que durante generaciones unieron al gran pueblo norteamericana que, de perder la elección, abre la posibilidad de que se produzca en su patria una guerra civil; eventualidad nada descartable, al tomar en cuenta el sinnúmero de inimaginables, trastornados episodios protagonizados por grupos de la rancia, extrema derecha, afín al indigno, inepto patán, que perdió en 2016, con Hillary Clinton, por casi 3 millones de votos.

Pero, al hacerse entonces a los 78 miembros elegidos al Colegio Electoral, por Arizona, Florida, Ohio, Pensilvania, la balanza se inclinó a su favor, dado que el candidato que alcance 270 votos o más, es proclamado -ipso facto- presidente, no importa cuán amplia o estrecha sea el resultado, ya que los delegados votan por el postulante del partido triunfante, con dos excepciones -únicas-: Nebraska, Maine. Lo decisivo no es por tanto ganar el voto popular, sino captar los estados con más integrantes en el organismo electivo.

Estados a los que todo indica que se agregarán: Georgia, Iowa, Míchigan, Texas, Wisconsin que, según la tendencia de las encuestas, podrán provocar un arrollador, esperanzador, indubitable, maravilloso, sorpresivo tsunami electoral, dependiendo obviamente del voto oculto de las anónimas, caprichosas, enfebrecidas, incesantes, tornadizas, impredecibles, tornadizas fuerzas que, no cesan de bullir por las Redes Sociales, cuyo contenido deja percibir, una latente resistencia reeleccionista, frente al lunático nuevo mejor amigo de su parigual colombiano, el innombrable.

Reelección que sería -qué duda cabe- una súbita, trágica afrenta a la democracia, una impensada, insospechada calamidad para la gente de bien estadounidense; para el mundo; para nuestra amada Colombia. Todos a una, razonablemente anhelamos, junto a los incontables, irritados, meditabundos republicanos -hartos con sus desquiciadas barbaridades- que el tres de noviembre se produzca una fulminante, humillante eyección de la Casa Blanca, del autoritario, desabrochado, embustero, indecoroso, mendaz, ridículo hazmerreír universal.

Despreciable, engrandecida, rastrera sabandija, cuya disparatada, incongruente retahíla de despropósitos -con trasfondo escalofriante-, dislates, excesos, flagrantes mentiras, medias verdades,  ha sacudido -en una atmósfera excluyente, racista-, los sagrados cimientos (hasta ahora) de la democracia gringa; envenenado la política, la convivencia ciudadana, sin detenerse -por un instante- a pensar en las consecuencias de su desequilibrado comportamiento, ni en el contenido de sus atolondradas, difusas amenazas que se ciernen sobre gobernantes locales; mandatarios extranjeros; la prensa; conducta que ha puesto patas arriba la institucionalidad; en jaque la coexistencia internacional.

Estrategia asumida por el atolondrado subpresidente Duque, por decisión del intemperante doble del polichinela americano, con el nombramiento del Director del BID. Caín latinoamericano que le importó un culo destrozar la legendaria neutralidad política frente al imperio. Sin sonrojo hizo trizas la proverbial hermandad, unidad, al alinderarse con Trump, electoralmente, sin tasar el descomunal costo que implica abandonar el manejo bipartidista de la política exterior que de antaño la distinguió, en pro del furtivo interés judicial del altanero, encausado patrón, como de su artera, premeditada, demagógica, pantanosa, radical retórica castrochavista.

Equivocada maniobra ejecutada por al sumiso vasallo, falto de peso, dignidad, decoro, liderazgo, independencia, moral; mandadero puesto a jugar con fuego, al que los demócratas -póngale la firma- le pasarán factura de cobro, pues Washington ni perdona ni olvida. Desaire, error, irreparables, que ha puesto en riesgo el futuro de la relación bilateral con el cauteloso, equilibrado, experimentado, infatigable Joe Biden, devoto de los principios democráticos que datan de la Constitución de 1789, bajo la presidencia de George Washington.

Candidato que hace énfasis en el respeto a la libertad de cultos; separación de la Iglesia y el Estado; la igualdad, equidad, la colaboración pacífica con los países del hemisferio, al acatamiento a la ciencia, al razonamiento científico. Sin ambages propende por las relaciones balanceadas con los aliados; la protección, defensa de la libertad de expresión y soberanía de la prensa. Elementos que vertebran el reino.

Persuadido combatiente contra el odio racial -independientemente de la etnia, género, religión-; del coqueteo con dictadores; del muro de la infamia que el emponzoñado chimpancé se empeñó en construir en la frontera con México. Por sobre todo le preocupa, sinceramente, el calentamiento global.

Bogotá, D. C. 28 de octubre de 2020

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