Activistas daneses envían dinero a Santrich

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Jesús Santrich, uno de los jefe de las Farc, capturado por narcotráfico y pedido en extradicción por Estados Unidos.
El misterioso “colectivo” danés podría verse metido en líos por financiar a un individuo como Santrich acusado de tratar de introducir a Estados Unidos toneladas de cocaína. Disfrazarlo de “revolucionario” convencerá a muy pocas personas. Un premio vergonzoso.

Por Eduardo Mackenzie   

@eduardomackenz1 

Nina Hagensen, vocera de un grupo que se ha dado el nombre angelista de “comité danés de la esperanza”, ha dado la cara para esa operación de transferencia de dinero hacia las Farc. Transformadas aparentemente en partido legal, pero con “disidencias” que asesinan en Colombia y Ecuador, éstas siguen traficando cantidades industriales de cocaína hacia Estados Unidos y Europa. La DEA y la Fiscalía de Colombia acaban de destapar ese juego. Después de prometerle a Colombia que no seguirían en el narcotráfico por haber firmado el “acuerdo de paz”,  las Farc quedaron de nuevo al desnudo: no han renunciado a esa sucia actividad y uno de sus jefes, el histriónico Santrich, fue detenido el 9 de abril pasado en Bogotá y está en vísperas de irse extraditado a Estados Unidos donde lo espera una cárcel y un juez que le reprocha su participación en una operación de tráfico de alucinógenos que le iba a dejar 15 millones de dólares. Entre los detenidos con Santrich figura un tal Marlon Marín, sobrino de otro jefe central de las Farc, alias Iván Márquez, quien optó por huir de Bogotá y regresar a la clandestinidad. Esas capturas realizadas por la Fiscalía muestran que las Farc no cambiaron y que sus vínculos con la mafia mexicana siguen estables.

A esa gente Nina Hagensen quiere darles ocho mil euros (22 millones de pesos), bajo la forma de un “premio” a Santrich quien, según ella, se habría “comprometido con la paz”. Ella no admite que quien atacó el “proceso de paz” es Santrich  y sus compinches. Ella repite el refrán fariano: Santrich es “inocente” y las acusaciones de la DEA son “difusas”. Dice que esa captura es “un síntoma” de que el gobierno americano y la derecha de Colombia “han intentado torpedear” el acuerdo de paz.

¡Que arrogante señora! Ella no ha visto el expediente. Sin embargo, se atreve a cuestionar lo que ha dicho, y las pruebas muy concretas que ha presentado, el Fiscal General de Colombia.

Dinamarca es un país protestante de cinco millones de habitantes. Dicen que es el más feliz del mundo aunque hay, como en todas partes, desigualdades sociales. La señora Hagensen cree conocer a Colombia por haber vivido allá un año y medio “en la época de Uribe”, según le precisó a periodistas de la FM.  Habla en castellano y dice estar en Copenhague. Admite que conoce el caso de Tania “la holandesa de las Farc”, pero que lo de ella es diferente: que trabaja en Colombia desde hace una década como “observadora de paz”. Pero calla acerca de qué es su grupo y cómo reunió los ocho mil euros para Santrich. Subraya que “para llegar a una paz verdadera hay que ceder y reconocer a los actores del conflicto”, y que lo importante es “la implementación de los acuerdos”.

En realidad, la activista danesa no conoce a Colombia. En su diálogo con La FM dijo que Santrich no ha sido condenado. Falso. Él tiene tres órdenes de captura, suspendidas durante el “proceso de paz”. Dijo que él había sido “elegido” para entrar a la Cámara de Representantes por parte de las Farc, lo cual es inexacto. Ella, sobre todo, resumió su visión de Colombia: un país donde reina la “persecución social” y donde se puede “perder la vida por ejercer derechos como el voto, la palabra y la lucha social”. Colombia es, pues, para ella, lo que dicen las Farc: una dictadura fascista con una “desigualdad social muy grande”.

Con mucha dignidad, los periodistas evocaron, al final, a las víctimas del Club El Nogal y los otros miles de muertos, secuestrados y mutilados dejados por la narco-guerrilla. Le preguntaron si ella no les pedirá perdón por darle ese premio a un victimario y no a una víctima. Sin dejar de hablar de su “amor” por las víctimas, la danesa se mostró insensible y respondió con frases farianas: que a las víctimas hay que “entregarles un Estado de derecho con justicia social” y que lo central es la “reconciliación entre los actores del conflicto” y la “implementación del acuerdo”.  El lenguaje de Nina Hagensen es inquietante. ¿Qué diablos es ese comité?  ¿Un grupo humanitario?  ¿Un núcleo de iluminados?

Esa entrega de dinero a las Farc es problemática. Tal acto podría atraer sobre ellos la atención de los servicios antiterroristas europeos. En estos dos últimos días, cerca de 500 expertos y 80 ministros de 72 países se reunieron en París para dar pasos concretos contra la financiación del terrorismo. La conferencia “No money for terror” concluyó con un discurso del presidente Emmanuel Macron.

La víspera, François Molins, el procurador de París, reveló que los servicios descubrieron una red internacional que financia el terrorismo islámico. Describió algunas de las astucias que utilizan esas redes para financiar operaciones: donaciones de y a asociaciones humanitarias, donaciones directas a recolectores, tarjetas prepago, uso de plataformas digitales para enviar dinero y hasta monedas virtuales. François Molins explicó que la micro-financiación es una forma particularmente dañina pues las agencias que observan las transacciones financieras no le prestaban la debida atención. Ese error tratarán de corregirlo pues por esos circuitos fluyen millones de dólares. También señaló que la vigilancia ejercida ha dado resultados: lograron  identificar a 416 donadores en Francia y a 320 recolectores en Turquía y en el Líbano e identificaron yihadistas que estaban en Siria e Irak y cuyo paradero era desconocido.

En estos mismos días, cayó en España un cargamento de 9 toneladas de cocaína originaria de Colombia. Los servicios antidroga de España y Europa probablemente buscarán la gente que montó ese enorme embarque  ilegal. En ese contexto, enviar dinero a Santrich es un acto de provocación contra la DEA y la Fiscalía de Colombia, o es una torpeza producida por la ingenuidad de activistas despistados e intoxicados por la propaganda. Quisiera creer que Nina Hagensen está en el segundo grupo y que tendrá la capacidad para retirar ese “premio” antes de que la justicia colombiana y la de Estados Unidos confundan definitivamente a su destinatario, el turbio Seuxis Paucias Hernández Solarte, alias Santrich.

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