El problema de las Vías y el Medio Ambiente

Por Eduardo Padilla Hernández*.

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Abogado.  Presidente Asored Nacional de Veedurías*.

Colombia es el país de las montañas que se derrumban sobre las carreteras, de los puentes que se caen y matan a las personas, de otros puentes que son inaugurados y luego demolidos, de los viaductos inútiles, de las carreteras construidas sobre las ciénagas.

¿Acaso todo esto sucederá por la falta de estudio previo, técnico, geológico, ambiental?
Mientras tanto la banca, el comercio, la industria, la agricultura, la ganadería y demás sectores, sufren millonarias pérdidas ocasionadas por los derrumbes de montañas o por la caída de puentes.

¿Qué pasa con los ingenieros, con los ejecutores, con los interventores, con quienes deben entregar un trabajo perfecto en todos los detalles?

Casi todo el mundo ha percibido, unos de primera mano y otros a través de los medios de comunicación, las imágenes que dejan ver cómo se caen los puentes, y de qué manera se bloquean las carreteras, cuyas obras están ubicadas a lo largo y ancho del territorio nacional.

En primer lugar, los hechos demuestran que la mayoría de empresas de obras civiles dedicadas a la planeación, proyecto, construcción, conservación y operación de carreteras, no han tenido en cuenta el catálogo de impactos ambientales generados por obras de infraestructura de carreteras y sus correspondientes medidas de mitigación.
Y en segunda instancia, para nadie es un secreto, por ser de público conocimiento, pues no existe una sola persona que no esté enterada de que este problema está asociado a la corrupción.

No es necesario ser experto en la materia para saber que los mismos antecedentes describen con detalle que los dueños de esas empresas de obras civiles han obviado la importancia de los estudios de impacto ambiental en proyectos de carreteras y puentes; y que, además, han ignorado deliberadamente el procedimiento general para la evaluación de estudios ambientales, no obstante a que estos estudios tienen la finalidad de contar con un marco de referencia bien definido.

La situación de las vías inherentes al medio ambiente no es nueva. Finaliza una administración, viene otra, y así sucesivamente. Y los gobiernos no plantean soluciones radicales, sino que esperan impasibles la época invernal para que se acrecienten los problemas:

Vías cerradas por enormes derrumbes, deforestación expansiva que afecta las vías, falta de información y política efectiva de protección de los taludes por parte de los gobiernos locales y nacionales y un gran común denominador: millones de colombianos afectados.
El caso más grave es el cierre definitivo que inició el 9 de junio de la vía Bogotá – Villavicencio. No solo por el tamaño del derrumbe que provocó el cierre, sino por la afectación económica a dos regiones clave para el país.

Sin embargo, no se han tomado las decisiones que necesita uno de los países con mayor pluviosidad del mundo. Así como – en teoría- no se puede construir en un área adyacente a un río, lo mismo sucede con una vía o carretera que se hace en montaña. Las vías se parecen a los a los seres vivos. Eso quiere decir que su entorno es determinante para su estado y resiliencia. La culpa de los derrumbes y desplomes de puentes en las carreteras de Colombia no es de los humildes lavaderos de carros ni galpones de pollos, sino la falta de estudios técnicos ambientales previos a la construcción de las obras.

Las tragedias siguen su curso. El pasado 11 de junio en una vía entre Pereira y Marsella (Risaralda), un alud dejó 5 vehículos atrapados con un saldo de dos muertos.
Por lluvias y derrumbes, también ha tenido cierres este mes el paso vehicular por el puente helicoidal (premio nacional de ingeniería) de la Autopista del Café que comunica a los departamentos de Caldas y Antioquia.

El pasado 2 de mayo también se presentó un grave daño en la vía Buga – Buenaventura, a la altura del Lago Calima, debido a una falla geológica de la zona.

Al menos otra decena de vías han presentado cierres parciales o indefinidos en los dos últimos meses. Por ejemplo, Tunja – Ramiriquí, Guateque – El Secreto, que además es la vía habilitada para el tráfico que va a los Llanos Orientales, Pamplona – Saravena, Florencia- Puerto Rico y Popayán – Pasto, todas por pérdida de banca. En total, unas 30 carreteras presentan este tipo de condiciones por estos días.

En un país montañoso y muy lluvioso es muy probable que se sigan presentando estas emergencias, pero vale la pena preguntarse si estamos haciendo lo suficiente como país para reducir los riesgos, mejorar la ingeniería y prever las consecuencias del cambio climático. Al parecer, no estamos ni a medio camino.

Bibliografía:
1. Alberto Maya Restrepo, Obras civiles y Corrupción, El Mundo.com
2. Nelson Ardila Arias, Crecen las pérdidas por cierre vía al Llano, El Tiempo

Magíster en Derecho Ambiental y profesor de la materia*.

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