El Tigre del Ubérrimo

Abelardo De La Espriella
Abelardo De La Espriella

 

El lugar escogido para el encuentro fue un castillo inexpugnable en la montaña. Nadie podía enterarse del aquelarre siniestro que se ejecutaba bajo el velo oscuro de una noche larga. Así actúa el mal verdadero (de manera subrepticia y secreta): la infamia nunca da la cara. El carácter deleznable y ruin de lo que allí se iba a planear requería todo el sigilo y la perversidad posibles. Y no era para menos, teniendo en cuenta la calidad de los convocados a aquella cita con el horror: El Gago, rey del Averno, las mentiras, la traición, la deslealtad y la corrupción; Narcotimo, príncipe de los vicios, la muerte y el terror; El Repugnante, señor de las falsedades, montajes e inmundicias; Tuerca, amo de las aberraciones más espeluznantes; y El Tatareto, maestro del encubrimiento y la deshonestidad.

Un propósito común y abyecto como el que más unía a los perversos por antonomasia que había engendrado La Tierra del Olvido: destruir a como diera lugar el reino que los vio nacer. Todos los que están atormentados consigo mismos buscan, de manera desesperada, atormentar a los demás. No era un secreto que El Gago, Narcotimo, El Repugnante, Tuerca y El Tatareto se habían convertido en los monstruos que eran, por cuenta de los traumas, las inseguridades, los complejos y los resentimientos que los condujeron indefectiblemente a ser los personajes despreciables que hoy el mundo conoce. Toda “malparidez” humana tiene su origen en la niñez, dijo alguna vez el sabio mago Borletti, del reino vecino de Macondo.

La Tierra del Olvido se ha debatido por muchos años entre el bien y el mal, pero nunca antes había estado en tanto peligro su supervivencia como ahora. El desespero de las fuerzas de la oscuridad era latente porque, a pesar de haber ejecutado todo cuanto era posible para lograr el objetivo, había un obstáculo que no podían superar para alcanzar la meta del comunismo: El Tigre del Ubérrimo, un ser especial e indómito, de convicciones y principios inquebrantables, que entregó su vida al servicio de los intereses superiores del reino y de sus gentes, un guerrero sin igual, que siempre estuvo en la primera línea de batalla para defendernos de las tinieblas, sin esperar nada a cambio. Cuenta la leyenda que es mitad hombre, mitad felino; otros dicen que es extraterrestre… Yo simplemente creo que es un auténtico patriota mitológico, y eso lo explica todo.

– Ya no sé qué más hacer: llevé la corrupción a su máxima expresión, les otorgué impunidad a los peores criminales del reino; dejé sembrar la hoja maldita en todos sus confines, para que Narcotimo y sus cómplices intoxicaran el buen juicio de la humanidad; compré con monedas de oro a todos los que pude, incluyendo a los sabios de la Corte… Y aun así no hemos podido destruir al Tigre del Ubérrimo: él es el último bastión que queda para concretar nuestro macabro designio: quiero ver arder el reino en medio del hambre, la pobreza y el dolor. Además, no soporto que la gente lo quiera tanto– dijo airadamente El Gago.

Tranquilo, mi diabólico camarada, debemos persistir; tengo experiencia en ello -ripostó Narcotimo y prosiguió-. Durante décadas he derramado sangre como nadie y he traficado las miserias más amargas de las que se tengan cuenta; la clave está en ser más crueles cada día, aplicando todas las formas de lucha posibles.

 – Mi maestro Narcotimo tiene razón, su majestad; es hora de replantear la estrategia. El Tigre del Ubérrimo pronto volverá del destierro injusto que le impusimos con la aquiescencia de la Corte y eso es algo que no podemos permitir, porque él suele hablarle con la verdad al pueblo, y así tendremos a las mayorías en contra, hay que inventarle como sea otra absurda historia, que podemos complementar con un testigo falso– dijo El Repugnante, a lo que El Gago, molesto, contestó: Ya cállate, imbécil, tus tácticas son un fracaso, y, por favor, aléjate un poco; apestas, y no es precisamente a azufre, como el resto de nosotros.

 – Por favor, mis malevos amigos, no discutamos entre nosotros; debemos unirnos para combatir a nuestro peor enemigo: si El Tigre del Ubérrimo vuelve al ruedo, estaremos acabados. He recibido un mensaje de mi padre El Elefante, con una serie de consejos; él sabe mucho sobre cómo torcer las cosas y acomodar las mentiras- señaló El Tatareto.

– ¿Dónde está Tuerca? – preguntó El Gago.

Salió por un rato a violar a una pastorcita que vio camino a este sórdido cónclave y creo que no es apropiado interrumpirlo- dijo Narcotimo. Una risa mefistofélica conjunta se apoderó del recinto.

Se regodeaban en burlas, cuando irrumpió Tuerca, presuroso y sin aliento. –Vienen hacia acá- dijo angustiado. Al unísono, se asomaron por la ventana y vieron que estaban rodeados. Comandando el levantamiento El Tigre del Ubérrimo se encontraba, y todo un pueblo enardecido le acompañaba.

El bien había triunfado sobre el mal.

Decimos lo que otros callan
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