Ética Pública y emprendimiento social con seguridad: lo que necesita Bogotá

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La Ex edil de Chapinero, Tulia Sáenz, es la candidata a la Cámara por Bogotá con el No. 111 por el Nuevo Liberalismo que fundó el líder Luis Carlos Galán.

La mujer colombiana siempre ha tenido la capacidad de sobreponerse a las dificultades, de ver más allá de lo evidente y creer que es posible lo que para muchos es imposible. La política colombiana de la Nueva Realidad, y más concretamente, la que va a necesitar Bogotá en estos tiempos difíciles, es esa visión dentro del Congreso, representando de verdad (y no por cumplir a regañadientes con obligaciones legales de cuotas o cupos de género) esa esencia positiva y constructiva de nuevo tejido social.

Para poder llevar a cabo lo que he dicho anteriormente, hay que promover y rescatar algo que en estos días ha causado tantos cuestionamientos y escándalos: la ética pública. 

Dicha ética pública se resume concretamente en que hombres y mujeres por igual, tenemos la corresponsabilidad de ejercer Derechos y cumplir deberes dentro de un Estado Social de Derecho -como el nuestro-, con consciencia plena de las sanciones existentes en caso de no llevar a cabo lo anterior (que van desde el rechazo social, a las establecidas en la Ley formal desde lo fiscal, disciplinario y penal).

Lo anterior, puede entenderse desde una perspectiva ética, donde los principales valores son el respeto y la empatía. Respeto hacia todo lo que represente lo público y colectivo (erario, instituciones, costumbres, diversidad); y empatía, que es entender que el otro es una persona con dignidad humana igual que yo. Al entender esto podemos tener sociedades equitativas, con un nivel ético elevado y unas instituciones que brinden confianza y seguridad a su sociedad. 

Pero cuando se tiene una administración transparente, una representación digna y una ciudadanía comprometida con lo público, hay que avanzar hacia una real Economía Social de Mercado (sistema económico del país establecido en la Constitución de 1991) a través de la promoción legal del Emprendimiento Social, donde caben todas las empresas sin importar su tamaño, tipo de sociedad o rama a la que se dedica. Es impensable que Colombia, país rico con grandes emprendedores que generan soluciones para diversas problemáticas locales y regionales, que construyen empleo, resiliencia y dignifican la calidad de vida de comunidades enteras, no tenga dentro de tantas siglas y nombres extraños un sitio y una política institucional propia donde obtener apoyo en capacitación, acompañamiento y acceso a capitales semilla, inversores o créditos blandos -ya existentes en los diferentes estímulos fijados por el Gobierno Nacional actualmente, dicho sea de paso-. Lo anterior, para canalizar con orden y coherencia las instituciones y que mejore la calidad de vida de las comunidades, empresas y emprendedores colombianos. 

Todo esto suena muy bien, ¿cierto? Pero ¿quién habla de negocios o de vivir tranquilo en un lugar donde no se siente seguro? ¿Quién invierte en un lugar donde no se tiene seguridad? Bogotá, nuestra ciudad ha tenido un retroceso en la seguridad y aumento de la percepción de inseguridad, solamente comparable a las etapas más oscuras de la guerra entre el Estado colombiano contra los carteles de Medellín y Cali en los años ochenta y noventa del siglo pasado (violencia que segó la vida de líderes sociales por combatir esa crisis, como fue el caso de Luis Carlos Galán). La unión ciudadana con las instituciones públicas y privadas a través del control social y veeduría permanente de los recursos públicos destinados a Seguridad y Convivencia -debe ser implacable y transparente-.

Pero las soluciones de seguridad están en fomentar el empleo focalizado a los territorios con mayor afectación de la inseguridad y al empoderamiento real comunitario a través de planes de acción que involucren cultura, deporte y actividades científicas y académicas, expulsando al microtráfico y otras formas de delincuencia. 

Por último, este momento fundamental para todos los hombres y mujeres de Colombia requiere más que quejas y reclamos, necesitan propuestas con soluciones, y por supuesto, hombres y mujeres que tengan la capacidad de generar de manera participativa esas soluciones.

El Partido Nuevo Liberalismo, legado del gran Luis Carlos Galán Sarmiento ha sido valerosamente defendido por sus descendientes, quiénes encarnan el liderazgo renovador de las nuevas generaciones de la sociedad colombiana. Las listas al Senado y la Cámara de Representantes de Bogotá del Nuevo Liberalismo, están conformadas por hombres y mujeres de todas las edades, condiciones y orígenes; que con sus convicciones y valores enriquecen la vida social y política de nuestra ciudad.

Yo, Tulia Sáenz, mujer, psicóloga profesional, esposa y madre de familia, ex Edil de Chapinero, me siento honrada y a la vez con una gran responsabilidad de ser tenida en cuenta para llevar a la victoria esta visión de país y sociedad como candidata a la Cámara de Representantes por esta gran ciudad que es Bogotá. Todo esto, bajo los principios de lucha contra la corrupción, igualdad, libertad y responsabilidad, dando soluciones reales a los problemas de la ciudad desde el emprendimiento social con ética pública, igualdad de oportunidades para la mujer y seguridad para todos. 

¡Construyamos entre todos la Bogotá de la Nueva Realidad! ¡Tulia Sáenz 111 Cámara por una Nueva y Mejor Bogotá del Nuevo Liberalismo! 

 

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La Otra Cara
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