
Por Eduardo Padilla Hernández
Amigo personal de Rodrigo Lara Bonilla
Este fin de semana visité la casa paterna de mi gran amigo Rodrigo Lara Bonilla en Campoalegre, Huila. La casa de don Jorge Lara Trujillo, su padre, un campoalegruno de pura cepa.
Entrar a esa casa humilde es entender de dónde salió el hombre más valiente que ha tenido Colombia en los últimos 50 años.
Rodrigo Lara Bonilla nació en Neiva el 11 de agosto de 1946, hijo de Jorge Lara Trujillo natural de Campoalegre. Fue Concejal, Alcalde de Neiva, Representante a la Cámara por el Huila, Senador y Ministro de Justicia de Colombia entre 1983 y 1984.
En 1983, cuando Pablo Escobar era Representante a la Cámara, intocable, el hombre más rico del mundo y todos los políticos le hacían fila, Rodrigo se paró solo en el Congreso y lo denunció: «Este hombre es un narcotraficante». Le revocó más de 100 licencias de avionetas al Cartel de Medellín, denunció que la plata del narco se metía en la política y pidió la extradición.
Le ofrecieron todo. Lo amenazaron con todo. Él contestó: «Yo no me vendo».
Por eso lo mataron el 30 de abril de 1984 en Bogotá. Tenía 37 años. Sicarios por orden de Escobar.
Su muerte despertó a Colombia. Sin Rodrigo Lara no habría empezado la lucha contra el narcotráfico.
Hoy propongo a Campoalegre, su pueblo paterno, que le hagamos un busto en bronce en el Parque Principal, frente a su casa, para que los jóvenes sepan que de aquí salió un hombre que no tuvo precio.
Que diga: «No se vendió. No se arrodilló. Murió por Colombia».
Yo, Eduardo Padilla Hernández, amigo personal de Rodrigo, me ofrezco a liderar la colecta para que no le cueste un peso al municipio.
No es un busto para un muerto. Es un espejo para los vivos.









