“Cariñocilina”: el medicamento que receta Uribe

Por Juan Mario Sánchez Cuervo.

El pasado martes el expresidente Uribe publicó en su cuenta de Twitter este mensaje: “Una actitud que sugiero a mis compañeros del Centro Democrático:
A la base de compatriotas tratarlos con cariñocilina”. 
 Bueno, ni que el honorable Senador hubiera leído la nota que publiqué recientemente en este mismo medio: ¿Los tres huevitos de Uribe o la paz de Santos? De ser así esperaré con gula la aceptación del reto espiritual que le propuse.

Doctor Uribe, no sólo la base de los compatriotas necesita una buena dosis de cariñocilina, también  la necesita La JEP y las personalidades que luchan por la paz del país, y los vendedores ambulantes que viven por estas días situaciones de angustia, y la educación pública, etc.  A propósito, es inadmisible siquiera pensar en su privatización como usted sugiere en otro de sus trinos. Cariñocilina necesitamos los que pensamos distinto a usted, los que guardamos distancia con su ideario político, y lo cual no es un delito, sino un derecho constitucional.  El día en que Colombia tolere y acepte la diferencia, ese día nacerá una verdadera patria donde todos podamos coexistir en hermandad, a pesar de las distancias ideológicas. En efecto,  más importante que la inteligencia es la sabiduría, y más poderosa que la soberbia es la mansedumbre. Y el orgullo delante de la humildad palidece y huye, pues el mismo Dios “se rinde” ante el hombre humilde. Por otra parte, la máxima demostración de inteligencia en este universo es el perdón: el perdón es sanador, liberador, y es una actitud-aptitud propia de un ser evolucionado espiritualmente, es decir, de un verdadero ser-humano. Expresidente, hace más una gota de miel que una caneca de hiel, y si su cariñocilina es dulce y es  verdad, veremos milagros.  Y es que  puede más una palabra de paz, que un millón de palabras beligerantes, y no sólo me refiero a usted, hago alusión a  buena parte de  los colombianos. En este sentido, la regla eterna de la hermandad universal y de la convivencia  la resumió Buda en este pensamiento: el odio no cesa mediante el odio, sino sólo mediante el amor.

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Señor expresidente, si usted empieza a darle a la base de los compatriotas, pequeñas y grandes dosis de cariñocilina, esa cariñocilina retornará a usted, porque otra regla eterna es la ley causa-efecto, vinculada a la ley acción-reacción, que se resumen en la ley de la correspondencia, en este plano de la generación condicionada. Por eso, el único camino para que cese el condicionamiento violento es ir a la causa, para que así desaparezcan los síntomas y los efectos. El que tenga entendimiento que entienda, decía el Maestro.

Entonces me alegra saber, o inferir, que ahora usted le va a dar paso al corazón grande, porque mano firme siempre ha tenido.  Y como a usted le gusta la Palabra de Dios, le cito un bello pasaje del Eclesiastés: hay un tiempo  para plantar, y un tiempo para arrancar lo plantado.  Un tiempo  para matar y un tiempo para curar.  Un tiempo para la guerra y un tiempo para la paz.  Pues a Colombia le llegó el momento de la paz, señor expresidente, y le seguiré enviando mensajes también cariñositos como este, o untados de cariñocilina para usar su tierno neologismo.  Insistiré hasta que usted responda  mi llamado, ese encuentro que vengo soñando con usted desde hace muchos años.  Y así me crea loco y toda Colombia me crea loco y oportunista (y quien lo crea averigüé cuantos seres amados me mató la guerra, y cuántas veces me mató este país), doctor Uribe, le tengo un mensaje importante, el que le diré al oído en nombre de Cristo. Porque Colombia presume de ser un país de creyentes, de católicos, cristianos, evangélicos y de cuanta secta o iglesia siga al Divino Maestro; pero no existe una nación como la nuestra que marche tan a contracorriente de la esencia del Buen Jesús que enseña: amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen. Han pasado dos mil años y pocos han entendido y practicado ese principio, que junto con el de no hagas a los demás lo que no quieran que te hagan a ti, resume toda la perfección humana, ética, cristiana y el mismo Evangelio.  Pocos en Colombia saben que es tonto hablar de paz, cuando no se tiene paz en el corazón: busquen la paz dentro de ustedes, no fuera de ustedes.

Por otro lado, los que lo odian doctor Uribe, y los que le tienen miedo (ya dije en otra parte que yo ninguna de las dos cosas, un seguidor del Maestro no cae en esos dos abismos), también deberían acudir a la cariñocilina para que no se refieran a usted ni a sus seguidores con palabras de grueso calibre, propia de gente baja e inculta.  Ambos polos, los que a estas alturas tiran de un lado y del otro para desequilibrar la patria, deberían comprender que las guerras comienzan en el lenguaje y se desarrollan en las calles y los campos empapados de sangre.

Por el momento, señor expresidente, una buena dosis de cariñocilina sería que usted sembrara un granito de mostaza por la paz, y cariñocilina sería también  que usted le diga a sus seguidores que traten con cariñocilina a los que piensan distinto… y ustedes, que piensan distinto (simpatizantes de Petro, de la izquierda moderada o de la más extrema, o de cualquier ideología distinta al uribismo) traten con cariñocilina a los simpatizantes de Uribe, porque seguir a Uribe tampoco es un delito, ni te convierte de suyo en paramilitar o en simpatizante de paramilitares, como no te convierte en guerrillero o terrorista no simpatizar con el ideario del expresidente. Enemigos de Uribe, dejen su obsesión con Uribe, su odio por Uribe, dejen de desearle el mal a Uribe y de juzgarlo y sentenciarlo a priori, y tendrán paz, al menos en sus corazones. Ahora comprendo el inmortal pensamiento del sabio y genial Albert Einstein: Es más fácil desintegrar un átomo que desintegrar un prejuicio.  Cuando entendamos que las opiniones malintencionadas, los señalamientos, los juicios  apresurados y enardecidos y la culpabilización del otro es el camino seguro a la violencia, ese día el país  será mejor, porque nuestro corazón estará limpio y nuestra consciencia en paz.

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