El caso sin caso

Miller Soto

 

Conforme pasan los días se va incrementando el número de hechos, noticias, revelaciones y pruebas que demuestran que el proceso contra Uribe es una burda morisqueta basada en una trama mal elaborada. Cada vez resulta más difícil entender cómo el expresidente Uribe, el Representante Prada, y los abogados Cadena y Salazar, fueron imputados por haber ejecutado conductas que nadie, absolutamente nadie, ha estado en grado de probar. Y más inaudito es que en medio de este absurdo se prive de la libertad a Uribe por considerarlo un riesgo para el proceso, y a Cadena por considerarlo un riesgo para la sociedad. ¿Esto qué es?, ¿un Estado de Derecho?, ¿en un Estado de Derecho puede avanzar un proceso penal en contra de uno aunque no haya pruebas que lo soporten?, ¿lo pueden privar a uno de la libertad sin que haya condena y sin que se demuestre que uno es un riesgo para algo o para alguien? ¡Pues sí! Eso es precisamente lo que está ocurriendo en este fantasioso caso. Un caso que no tiene caso, plagado de pruebas que no prueban nada y de testigos sin testimonio.

La última revelación de Vicky Dávila en su columna ‘Monsalve mentiroso’, publicada por la revista Semana, es un cuadro más de esta galería de disparates que simboliza los desafueros de nuestro sistema judicial. Se ve a todas luces que el testigo Monsalve (sí, el testigo que no es testigo de nada), no tiene nada que decir en contra de Uribe, de Prada y de Cadena. Y no es que no quiera decir, es que por mucho que quisiera cumplir con el compromiso de embalarlos (vaya uno a saber con base en qué arreglito), no puede hacerlo. La cosa es simple: para que alguien narre un hecho que realmente ocurrió, es necesario que ese hecho haya ocurrido. Monsalve no puede afirmar que fue manipulado por Uribe, porque Uribe no lo manipuló. Monsalve no puede afirmar que fue sobornado por Uribe, porque Uribe no lo sobornó. Y cuando en el marco de un proceso en el Consejo Superior de la Judicatura, los abogados de Uribe tienen la posibilidad de medio abordarlo, ahí se nota enseguida —como bien lo afirmó Vicky Dávila— el porqué la Sala de Instrucción de la Corte Suprema no permitió el contra-interrogatorio al que tenían derecho los imputados. ¡Claro! Si la idea era permitir todo lo que perjudicara a Uribe e impedir todo lo que lo beneficiara, entonces era un despropósito, desde esa óptica, aceptar que un testigo sin testimonio como Monsalve, declarara ante alguien diferente a una magistrada que lo pechichara.

Aquí se pasaron de madre. Interceptaron ilegalmente, ignoraron las más elementales normas procesales, pisotearon a su antojo derechos fundamentales, filtraron a su gusto y acomodo la información cuando era objeto de reserva, usaron como prueba reina una fotocopia de un chat al que no se tuvo acceso porque a Cepedita se le cayó el celular, impidieron a la defensa contra-interrogar a los testigos “estrella” y sin testimonio, creyeron lo increíble y restaron credibilidad a lo creíble. En fin, no hay en cualquiera de los procesos que derivan de estos hechos, un solo elemento que sirva de soporte para sostenerlos.

Mis oídos castos y puros escucharon la voz del abogado de Monsalve, el doctor Héctor Romero, reconocerle al abogado Diego Cadena que nunca le ofreció dinero o beneficios a su prohijado. Lo escuché afirmar, además, que en su presencia no hubo ofrecimientos de ningún tipo y que tampoco hubo solicitudes por parte de Monsalve. Pero lo más aterrador, es oírlo decir que Deyanira, la ex esposa de Monsalve, decía: “no doctor, eso hay es que pedir es plata, hay que pedir que esto que lo otro (…)”. ¡O sea! El abogado Cadena está privado de su libertad supuestamente porque es un riesgo para la sociedad después de que esta señora afirmara que él la habría amenazado. ¿Perdón?, ¿quién es realmente un riesgo para la sociedad?

Otra cosa que llamó mi atención al oír los audios del abogado Romero, es la forma como cuenta que los beneficios que obtuvo Monsalve en la cárcel siempre fueron obtenidos con plata, que la misma Deyanira le contó que pagaron 30 millones de pesos y que vivía como un rey en un penthouse. ¿Quién les daba esa platica?, ¿cómo hicieron para incurrir en esos gastos mientras compraban una finca de más de 600 millones que sospechosamente compraron en 54?, ¿por qué la Sala de Instrucción y la Fiscalía no han cuestionado la hediondez que rodea a Monsalve y a Deyanira?

Este caso… Perdón… Esta cosa puede ir para largo a buena cuenta de la dinámica procesal. No obstante, hay derechos fundamentales conculcados que están afectando gravemente a dos personas que están privadas de su libertad sobre la base de nada. Esperamos confiados que se haga justicia de verdad y que los encargados de garantizarla no se presten para prorrogar el martirio que los odiadores de Uribe pretenden lograr mediante solicitudes descabelladas.

Este es, sin lugar a dudas, uno de los episodios más vergonzosos de nuestro sistema judicial.

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