¡Errare humanum est!

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Asombro, estupefacción, sobresalto, sorpresa causó a la militancia conservadora, la coartada, conejo, emboscada al triunfante Partido conservador, tomado en cuenta que el «Pacto Histórico», es una coalición de unos partidos políticos y movimientos sociales de ideologías de izquierda, progresista y socialdemócrata:

Colombia Humana, Partido Comunista Colombiano, Unión Patriótica, Polo Democrático Alternativo, Verde por el Cambio, Mais, Alianza Democrática Amplia, Fuerza Ciudadana, Poder Ciudadano, Todos Somos Colombia, Partido del Trabajo, MODEP, Ciudadanías Libres, Congreso de los Pueblos, Movimiento por la Constituyente Popular, Movimiento por el Agua y la Vida, Movimiento de Integración Democrática, Unidad Democrática, Autoridades Indígenas de Colombia, Movimiento Alternativo Indígena y Social. Agréguese los Liberales disidentes, cristianos de varias capillas de garaje.

Conservatismo ignorado por el fatuo, jactancioso, presuntuoso ‘Fico’ Gutiérrez, al oficializar como novelesca fórmula vicepresidencial, al desconocido provinciano exalcalde, Rodrigo Lara Sánchez. Extraña manera de unir al país, construir gobernabilidad, comprometer informalmente a todos los sectores políticos -invitados mediáticamente por las redes sociales- a acoplarse a su nombre, en busca de ganar en primera vuelta. Soñar no cuesta nada.

Cosiaca en comento, sucedáneo de Iván Duque, quien hace cuatro años, echó las campanas al vuelo para anunciar -en medio de los vítores de los comprometidos medios de deformación informativa, predispuestos -por la pauta- al elogio, al endiosamiento- el programa de gobierno. Medios con sus plumas afiladas y flautines lucientes, ditirambos listos para ensalzar la nueva Patria Boba que aspira gobernar la anunciada, anónima, ignota fórmula presidencial.

Leámosla: “Colombia necesita cambios, pero no como le pasó a Venezuela y Nicaragua. Hay cambios que hay que hacer, pero los cambios no pueden suponer un salto al vacío como le pasó a Venezuela, Nicaragua y otros países, aquí vamos a trabajar por la gente«. Barata, farragosa retórica. Torticeros sofismas, en los que cuenta lo que dicen como lo que callan. PALABRAS, PALABRAS, PALABRAS, dice Silvana Di Lorenzo.

Duque abdicó del juramento -como seguramente lo hará en su desvarío, la dupla FICO-LARA, copia al carbón del apátrida, banal, catastrófico, domesticado mercenario de marras- sin saber si lo hizo por cálculo, ignorancia, cobardía, temor, o reverencial servilismo al innombrable.

Improvisado hazmerreir, sin fe, valores, moral, historia, ni principios, disfrazados de patriotismo. Inasible realidad que inevitablemente conducirá a duplicar la actual, mortífera corrupción, que DUQUE ofreció -de dientes para afuera- corregir, incumplimiento que le desbrozó -por el contrario- el camino a  la llegada -imparable- de PETRO a la ‘Casa de Nari’.

Desahuciada, emocional, inusual manera de FICO de unir a los colombianos, desconociendo imperdonablemente al glorioso, sempiterno conservatismo, a sus desveladas directivas, a las que no les participó -hasta donde conozco-, por elemental cortesía, la imprevista, incalificable selección. Razón tuvo el mariscal, Alzate Avendaño, para sostener: «la política es el arte de defenderse de los amigos». Con estos amigos, p’a qué enemigos.

Con la reencarnación de Duque, estamos lejos de «reescribir la historia». Autodestructiva política que aspira imponer de malas maneras, a un curtido, discreto OMAR YEPES, que acaba de sacar triunfante al Partido, en buena hora a él confiado, cuyas huestes se aprestan a renovarle en junio el mandato, dado que a los buenos, victoriosos generales, no hay razones para cambiarlos.

Sun Tzu, legendario general, estratega militar y filósofo de la antigua China, autor de, El arte de la guerra, obra maestra de estrategia y tácticas militares, enseña que el jefe debe ser «sereno e inescrutable», capaz de comprender «planes insondables». Describe teorías para las batallas, pero aboga asimismo por la diplomacia y el cultivo de las relaciones con otras naciones, como algo esencial para la salud de un Estado.

OMAR YEPES para mí, es el precitado estratega redivivo, practicante de sus luces, que he visto poner en práctica, lecciones como la siguiente, que lo han sacado siempre triunfante: “Toda guerra se basa en el engaño. Por lo tanto, cuando somos capaces de atacar, debemos parecer incapaces; al usar nuestras fuerzas, debemos parecer inactivos; cuando estamos cerca, debemos hacer creer al enemigo que estamos lejos; cuando estamos lejos, debemos hacerle creer que estamos cerca”.

Hay batallas que sólo se ganan perdiendo.

Invito a los desairados, desdeñados, menospreciados copartidarios, a dejar en libertad -en un gesto de valor, de lucidez de humildad: virtudes inherentes del heroísmo- a los electores, aún a los que están dispuestos a inmolarse, votando, sobra decir por quien.

Las manos de los muertos como las de los derrotados no pueden aplaudir.

Recuerdo un diálogo entre Sócrates y Glaucón, en que el segundo argumenta: “en la tesitura de tener que elegir entre actuar virtuosamente, sin que nadie lo sepa, o hacerlo de manera torcida, bajo la apariencia de actuar con corrección, la mayoría de los hombres escogería la segunda opción”.

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mario arias gómez

Abogado, periodista y escritor


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