¡Los hijos de ‘El Libertador’! XIII

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¡Los hijos de ‘El Libertador’! XIII

Conforme a lo registrado, la descendencia de El Libertador fue numerosa, calculada en 29 vástagos, cifra tentativa, no oficial, en la que aparece Michel Capelo Portillo, quien se presenta como el descendiente más joven del ‘Libertador’. Tiene 23 años, es cantante de ópera, actor de teatro y abogado. “Soy descendiente por parte de Juana Nepomucena Bolívar, hermana del ‘Libertador’”, relata el colombo-venezolano en mención, quien presenta este árbol genealógico familiar por parte de su madre, Laura Portillo Pérez.

A excepción de los citados en los escritos anteriores, aparece otro hijo habido en 1826 con la boliviana, María Joaquina Costas Almendras , esposa del militar argentino, Hilarión de la Quintana, quien al volver de una misión en Chile, encontró a su mujer embarazada,  y dado que las cuentas no le cuadraron, repudió -ipso facto- a su adúltera esposa. El hijo se llamó, José Antonio Costas, conociéndosele como “Pepe” Costas., quien vino al mundo, en julio de 1826 y falleció, el 8 de octubre de 1895, tras haberse casado seis días antes (con casi setenta años de edad). En su partida nupcial se señala el nombre de su padre, Bolívar, si bien este nunca le dio el apellido.

Uno más, Miguel Simón Camacho Bolívar (1819-1898), hijo de Ana Rosa Mantilla y al parecer de El Libertador, quien la conoció en Bucaramanga, pero que, de acuerdo con lo rastreado, este le fue encomendado a María Antonia -su hermana-, que figura como abuela, hijo de Valentina Clemente Bolívar (su hija carnal) y de Gabriel Camacho (yerno), sobrino-nieto -por tanto- de Simón Bolívar.

Se conoce que hizo parte -con Carmelo Fernández- de la misión venezolana que viajó en noviembre de 1842, a Santa Marta (Colombia), con el encargo de repatriar las cenizas del ‘Padre de la Patria’. De él se conocen varias publicaciones. En Caracas (1844), apareció el opúsculo, ‘Recuerdos de Santa Marta, 1842’, mismo año en que surgió el poema ‘Cayaurima’, canto indiano. También emergió, ‘El Cimenterio’ (sic), cuento romántico publicado en ‘El Liberal’ de Caracas (enero de 1842), bajo el seudónimo, ‘Mohamed Nosicca’. En 1847 publicó, ‘Como era un amor antaño’, firmado con el seudónimo, ‘Nazareno’, que usó frecuentemente.

En la trifulca sucedida en la sede del Congreso en Caracas, el 24 de enero de 1848, que marcó la ruptura entre los partidarios: conservadores y liberales, que llevaban dos décadas de continuos roces y enfrentamientos, Miguel Simón (Conservador) era entonces secretario de la Cámara de Representantes, sucesos que lo llevaron al exilio, trasladándose a Puerto Rico, luego a Estados Unidos (Nueva York), en la década de 1850, donde estuvo dedicado a la traducción de libros y a la actividad periodística, ejercida con el seudónimo de ‘Peter Hicks’. En 1858, promulgó una reseña sobre la despedida al general José Antonio Páez.

En la década de 1860, fue cónsul de Venezuela en Nueva York, hasta mediados de 1863. En 1862, figuró como representante de Venezuela en el primer concierto que dio la joven cantante y compositora venezolana, Teresa Carreño, ‘La leona del piano’, como solista con la Orquesta Sinfónica de Boston, con apenas 9 años, hija de Manuel Antonio Carreño, sobrino de Simón Rodríguez, y Clorinda García de Sena y Rodríguez del Toro, prima de María Teresa Rodríguez del Toro y Alaiza, esposa de El Libertador, en cuyo honor recibió su nombre. Para muchos expertos, la pianista más prolífica de América Latina durante los siglos XIX y XX. El Teatro Teresa Carreño, es un complejo cultural, uno de los más importantes de América, el segundo más grande de América del Sur, el mayor de Venezuela.

Muchas de sus crónicas de Miguel Simón, aparecen en el libro ‘Cosas de los Estados Unidos’ (1864). Vivió luego en el Perú, donde residía su hermano, Juan Vicente. En 1880, regresó a Estados Unidos, como ministro de Venezuela en ese país, nombrado por el presidente Antonio Guzmán Blanco, donde participó (1881-1882), en los inicios de las gestiones diplomáticas que en 1889 condujeron a la realización de la I Conferencia Panamericana. En 1883, enfermo, regresó a Caracas, donde publicó ‘Los cuentos de mi abuela’. Regresó a Lima, luego se establece en Quito, donde “tuvo dos hijos con una dama de Ibarra que reconoció por escritura pública, pues nunca formalizó con ella matrimonio”. Hasta aquí su somera historia.

Al arribar Bolívar a Guayaquil -11 de Julio de 1822-, visitó la casa de la familia, Calderón Garaycoa -una de las más destacadas familias del puerto- para dar el pésame por la muerte del joven, Abdón Calderón Garaycoa, reconocido como ‘Héroe Niño’ de la guerra de independencia del Ecuador, -ascendido póstumamente por Bolívar, al grado de capitán.

La abuela, Manuela de Jesús de Garaycoa y Llaguno de Calderón -doña Eufemia-, presentó a El Libertador -de riguroso luto- a su familia; quien al llegar a la hermosa Joaquina, de treinta y siete años de edad, frente a los treinta y nueve del inmortal visitante, esta le susurró al oído: ¡Mi glorioso!, requiebro que lo estremeció a más no poder, lo que lo hizo sentir que estaba frente a una gran mujer, capaz de hacerle feliz; primera ocasión, desde su viudez, que dice haber sentido deseo de detener su peregrinar, reposar, vivir, amar con tranquilidad, formalizar un hogar, pero, aún no había cumplido su destino, y él nada podía ofrecerle, de suerte que, reponiéndose de ese primer impacto le dijo a doña Eufemia: permítame, de ahora en adelante, y como prueba de gratitud, llamar a su hija Joaquina ¡LA GLORIOSA!

Con ella mantuvo un cercano, fluido diálogo epistolar, que duró ocho años hasta su deceso en 1830, al punto de autorizarla a usar su nombre y apellido, firmando desde entonces: “Gloriosa Simona Joaquina Trinidad y Bolívar”. Para esta mujer, bella y madura, el Libertador representaba el heroísmo, la inteligencia, el amor a la libertad y un corazón de grandes energías. En suma, el soñado príncipe ideal, correspondida -apenas- con palabras dulces y veladas negativas. En carta del 13 de junio de 1830, Joaquina le escribió a su amor imposible, que andaba por el río Magdalena al destierro, y acababa de enterarse del crimen de Sucre:

JUNIO 4, de 1830: Asesinato de Antonio José de Sucre. En el sendero estrecho a Cabuyal, en las montañas de Berruecos. Al conocer la noticia, Bolívar, lleno de dolor, exclama: «Se ha derramado, Dios excelso, la sangre del inocente Abel… Tenía 35 años.

Mi Glorioso. Yo estoy fuera de mí, me aflijo, me espanto, no me entiendo cuando considero que Ud. estará ya fuera de Colombia; más no puedo dudarlo según las últimas noticias. Ud. que conoce mi entusiasmo, y todo lo que Ud. es para mí, aún no puede persuadirse de cuánto siento. Intenté manifestarle a Ud, escribiéndole por el correo del interior luego que vi su último mensaje. Dije a Ud. como en ésta, cuánto me fue posible; mas todo es nada; no hay palabras que trasmitan mis sentimientos hacia mi Libertador, el padre de Colombia. En medio de lo que nos oprime el peso de esta desgracia, yo me reanimo al considerar que siempre tengo a Ud. en mi corazón, que allí veo, le hablo, con la confianza que me inspiran sus bondades. Le oigo, le abrazo, le admiro y yo finalmente me lisonjeo con la confianza de que Ud. en todas partes es quien en todo”. (Sic).

Falleció soltera -sin probarlo- en Lima, en 1868.

Uno de los casos más inverosímiles de los hijos que se atribuyen a Bolívar, es el de un sacerdote, José Secundino Jácome, nacido en Ocaña (1817-1895) a quien la población de Gramolote (Colombia), homenajeó con una estatua, donde en la placa se le señala como hijo de Bolívar, tenido con la negra Lucía León, servidumbre que ante sus ocañeros amos, la familia Jácome, siempre sostuvo la paternidad de Bolívar del recién nacido, en tal consideración, ellos lo trasladaron a Cúcuta, a donde unos familiares, prodigándole una selecta educación, con tutores apropiados.

Hay dos detalles inocultables que no pueden pasar desapercibidos a los historiadores: su condición de negro y su gran parecido con El Libertador. Al respecto, el padre Pinilla Cote dejó este testimonio: “De que Secundino Jácome -sacerdote católico, fundador de la parroquia de Gramalote (N. de S.), y fallecido allí mismo el 25 de agosto de 1895- hubiera visto la luz en Ocaña, no cabe ya duda. De que fuera hijo -desde luego bastardo- de El Libertador, como repiten muchos, no estamos tan seguros”. CONTINÚA

Bogotá, D.C., 22 de septiembre de 2021

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mario arias gómez
Abogado, periodista y escritor


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