¿Quién dio la orden?

Cuán repugnante es la impunidad sobre la cual se erige la turbia imagen de héroe, del pusilánime gerifalte del Ubérrimo; mefistofélico, mezquino halcón, que constriñe, intimida -en cuerpo ajeno- a Colombia, asociado -por muchos- a las 6.402 víctimas inocentes -que claman venganza al cielo-, recientemente visibilizadas por la JEP. Compatriotas torturados, secuestrados, descuartizados, desaparecidos -esfumados en hornos crematorios clandestinos, que nunca aparecieron-.

Dantesco, macabro infierno, causa mayor del desplazamiento forzado, desamparo, dolor, llanto, luto de destrozadas familias -huérfanos, viudas-, que vierten torrentes de lágrimas de sangre, recordatorias de sus seres queridos; resultas de la ‘’seguridad democrática’, rebautizada ‘paz con legalidad’, que según Indepaz, en lo corrido del 2021, registra 14 masacres, 52 personas asesinadas.

Con dedo acusador, los deudos sobrevivientes preguntan al irremplazable, como a los soberbios, insignificantes maniquís (presidente, fiscal): ¿Quién dio la orden? Ineptos siervos a su servicio, ebrios de poder, quienes guardan sepulcral silencio, que retumba en todos los camposantos de la nación.

Sirvientes que desde la ‘Casa de Nari’, fraguaron, concertaron el impúdico, falaz, golpe de mano a la justicia, apremiados por la detención contra el mandamás -conocido de autos-, ordenada unánimemente por la Sala de Instrucción de la CSJ, “como presunto determinador de los delitos de fraude procesal, soborno en concurso homogéneo y sucesivo”, apoyada por “decenas de interrogatorios, múltiples pruebas documentales y miles de minutos de explosivas interceptaciones legales.

Primer caso en la historia del país, en que un expresidente es privado de la libertad.

Vergüenza nacional impugnada airadamente por el despreciable comodín, con estos deshilvanados, encubridores fárragos -que no ha lugar-: “Uribe, un patriota genuino, entregado a servir a Colombia”. “Soy y seré siempre un creyente en la inocencia y honorabilidad, de quien con su ejemplo se ha ganado un lugar en la historia (de la infamia) de Colombia, a quien no se le ha permitido defenderse en libertad, mientras que la cúpula guerrillera no ha pasado un día tras las rejas” (sic).

Rufianesca embestida a la ‘independencia de poderes’; ‘usurpación de función’; ‘intervención política -por decir lo menos-, por quien está obligado a acatar, respetar y hacer respetar las decisiones judiciales, (controvertibles sí, pero en Derecho).- Ignora que nadie está -por más poderoso e influyente que sea- por encima de la ley. Todos los ciudadanos tienen el derecho (preferente) a ser tratados por igual, con aplicación rigurosa de la ley e independencia y eficiencia -indispensables- en cualquier proceso judicial.

Atropello pasado -a conciencia- por alto, por el anodino, subordinado gozque -que se cree con ‘patente de corso’ para hacer lo que le venga en gana-, quien se ufana de ser “el segundo funcionario de la nación”. Raquítico, subordinado bucanero, custodio de los desmedidos intereses del innombrable, quien hizo suya su causa de imputado -una vuelta más de tuerca a la impunidad en su beneficio-, al regurgitar la amañada, fétida, infumable, prevaricadora ‘preclusión’.

Desfachatez suscrita por el postrado sub-fiscal, arguyendo ‘falta de mérito’.

Affaire aprovechado por ‘Maburro’, para devolverle atenciones al ‘intocable’, flagelándolo con este penoso garrotazo: “Hoy la CSJ de Colombia, dictó privación de la libertad y casa por cárcel al expresidente Uribe -alias ‘El Matarife-‘, por sus vínculos directos con el paramilitarismo”. “Como en el caso de Al Capone, lo agarraron por un delito menor“.

Memorizo: El 24 de febrero/2019, la CSJ citó al ‘prócer’ a indagatoria; provocando la hirsuta pataleta acompañada por la cantinflesca, estratégica renuncia al fuero. Blanqueando los ojos, la mano puesta en el pecho, adujo “sentirse moralmente impedido para actuar como Senador y adelantar al mismo tiempo mi defensa”. Cañazo detenido a solicitud del lacayo Macías.

Indagación producida el 8/19/2019, que derivó en la escandalosa, lapidaria, vergonzosa aprehensión (04/08/20), sobreviniendo el segundo patatús que desquició, enrojeció de la ira al endiosado sietemachos; tesitura que originó la maquiavélica, recurrente, cobarde dimisión, a efecto de desmarcarse del juez natural, soslayar el eventual juicio, eludir su recelada entereza, mudándolo por el complaciente, indulgente fiscal de bolsillo, después de rejurar que jamás lo rehuiría.

Génesis de la altisonante bullaranga extremada por el sobreactuado, omnímodo dueño del destino de Colombia, réplica del mítico tirano, perfilado por Gabo, en la novela, ‘El otoño del Patriarca’; autócrata que buscó perpetuarse en el poder. Modus operandi, plagiado por el reencarnado, codicioso, indomable, ‘quisido’, inescrupuloso leviatán colombiano; beatificado, engrandecido, glorificado por el hipnotizado, fanatizado, variopinto rebaño de borregos, integrados al subpresidente que, reverente, bate el incensario.

Medianía que so pretexto de unificar los períodos de alcaldes, gobernadores, cuerpos colegiados, ambienta la prórroga del horripilante mandato. ¡Mamola!

Bogotá, D. C. marzo 17 de 2021

http://articulosmarioariasgomez.blogspot.com.co/30

Imagen por defecto
mario arias gómez
Abogado, periodista y escritor


Deja un comentario