¿Quo vadis, Domine?

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Detalla el pasaje bíblico que san Pedro, tras vencer a Simón el Mago, decidió abandonar a Roma, huyéndole al acoso, persecución de Nerón a los cristianos. Ya en marcha, se le apareció Cristo -con la Cruz a cuestas- en la Via Appia. Conmovido le preguntó: “¿Adónde vas, Señor?”: respondió: “A Roma, a ser crucificado de nuevo”. Visión premonitoria de la crucifixión futura en la ciudad de la que sería primer obispo. Retrocedió entonces aterrorizado.

Parodiando el evangélico acontecimiento, inquiero al megalómano, prepotente discípulo del vindicativo, confrontacional ‘innombrable’, para dónde va, luego de saborear la efímera, inesperada, inmerecida fantasía del poder, concedida por el presuntuoso guaperas -que no da puntada sin dedal-, y el sinnúmero de tontos útiles que, por ignorancia, temeridad, errónea apreciación, apostamos por el “ensayo y error”.

Engatusados por los cantos de sirena, entonados por áulicos, asumimos tal opción, cegados, embaucados, encandilados por el maquillaje con el que mimetizó, recubrió su impreparación, inmadurez, incapacidad, inexperiencia; falta de independencia,  idoneidad política-moral, visión de futuro.

Insultantes ineficiencia, transparencia -medallas de oro-, causas de los desgarramientos, detrimentos, quebrantos -indescriptibles- padecidos por Colombia, resultas del caótico, desastroso, prepotente, siniestro desgobierno, tajantemente rechazado, pues ha aniquilado, arruinado, desmoronado el país -o lo que de él queda-, convertido en una acomplejada, inviable republiqueta bananera -vergüenza internacional-, con el alucinante, cómplice asentimiento, clamoroso silencio de mercenarios políticos; sórdidos apátridas enquistados en el estrambótico, taimado régimen, con designios totalitarios.

Amaestrado lacayo entregado a ejecutar la agenda impuesta -tras bambalinas- por el alevoso, impredecible, montaraz, sibilino Rambo, que es quien gobierna; repartir -por órdenes suyas-, las canonjías a sus paniaguados; ponerle -ante la crítica mundial- conejo a la paz; interpretar sus cambiantes, recónditos odios contra enemigos, opositores que se cruzan en el camino. “Hombre de atrás” que, suelto de huesos, con la mira puesta en el 2022, apoyado en su autoproclamada, imaginaria, postiza superioridad moral -sin que la justicia haya hecho lo suyo-, anda en campaña.

Sutil, maquiavélica, perversamente empezó a destejer la oscura historia, zafándose de la ligazón que lo vincula al lacerante infierno promovido por su bicéfalo engendro, desconectado de la realidad -con el sol en las espaldas-, en que está sumida la nación y que inició hoy la cuenta regresiva- al que estratégicamente su creador, empezó a sacarle el culo, en aras de conservar la disfrazada, despótica dictadura-, mediante una nueva, provocadora, distractora burla a los principios democráticos, promoviendo otro gallo tapado.

Perro faldero clonado del arrodillado, insulso, lunático, maniatado, protocolar mandatario, despojo humano que el ‘don nadie’ de las ‘jugaditas’, tiene lista la banda presidencial para remplazarlo (póngale la firma). Falacia que conlleva las arraigadas compraventa de votos, falsedades, engaños; crecimiento -desmesurado- de los índices de delincuencia, asesinato de líderes sociales, defensores de DH, desmovilizados, logros del más cuestionado Gobierno de nuestra historia.

Política antípoda de la separación de poderes, enseña propalada por Montesquieu que, desenfadada, descaradamente, Duque se empeña en desconocer, ejemplificada por la concentración de poder, el copamiento de los órganos de control; la usurpación de las funciones del BR; la interferencia -con sus candidatos- de la elección de Magistrados; seleccionando sus jueces; digitando sus fallos en defensa de su caricaturesco ídolo.

Parodia protagonizada por el mamarracho en comento, irónica carcajada, ruina moral con alma de mandadero, que tuvo el cuajo de exigir al ‘imperio’ -que lo ignoró, desconoció, desdeñó- declarar “promotor del terrorismo”, al Gobierno venezolano exigiéndole -sin autoridad- actuar con contundencia -hilarante, trajinada muletilla, usada en sus constantes, deshilvanadas, exhibicionistas, belicosas intervenciones-.

Aseguró -sin pruebas- que ‘Maburro’ -al que auguró caería en horas- amparó a los responsables de los atentados en Cúcuta, contra la Brigada 30 del Ejército, como contra el helicóptero donde viajaba, acompañado de la guardia pretoriana de alzafuelles, que más parece un ‘falso positivo’, reverdecidos en su disparato mandato. Tómese en cuenta el oso que hizo en la ONU, al exhibir -septiembre/2019-, abrupta, apresurada, ingenua, imprudentemente como “evidencia” una controversial, descontextualizada foto.

Burlescas, desconcertantes, incontables metidas de pata, acumuladas en su inacabable, lacónico, vergonzante Gobierno; hazmerreir cuyos raquíticos “logros”, producen sardónicas risas, a las portátiles audiencias, a las que no les explica aún, satisfactoriamente, la apatía, falta de control, de respuesta a los imparables asesinatos, masacres de espanto (74 este año) de líderes sociales (repito); la exportación de mercenarios -adiestrados por el ejército-, autores del magnicidio haitiano.

Desprestigio que supera con creces -algo que parecía imposible- el nivel de desaprobación y rechazo alcanzado por la frívola figurilla mediática -Pastrana- que terminó -como ocurrirá con su socio- con pena, sin gloria.

Bogotá, D.C., 08 de agosto de 2021

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mario arias gómez
Abogado, periodista y escritor


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