Por Rafael Rodríguez-Jaraba*
Lo que no logró la ONU, la OEA, la UE, ni la educación y el sentido común del hemisferio, lo logró Donald Trump, quien, al parecer, será el artífice del estrepitoso rompimiento de la Tercera Ola del Comunismo y sepulturero del llamado Foro de Sao Paulo.
Lo que no consiguieron los gobiernos progresivamente regresivos de Hugo Chávez, Lula da Silva, Evo Morales, Michelle Bachelet, Rafael Correa, Daniel Ortega, Dilma Rousseff y, más recientemente, de Pedro Castillo en Perú, Gabriel Boric en Chile, Claudia Sheinbaum en México y Gustavo Petro en Colombia, como resultado de la incapacidad y torpeza para gobernar que los caracteriza, lo consiguió el más obtuso de todos estos chafarotes, Nicolás Maduro.
Si bien la deposición de Maduro, mediante su detención y extracción por parte de fuerzas del gobierno Estadounidense en territorio venezolano admite algunos reparos a la luz del Derecho Internacional, es claro e inequívoco que, por encima de cualquier consideración legal, la intervención respondió a una acción humanitaria para poner fin a una dictadura criminal que vejó a más no poder al pueblo venezolano, arruinó su economía y convirtió la patria de Bolívar en guarida de narcotraficantes, bandoleros, delincuentes y criminales.
Lo que no hizo la ONU ni la OEA, lo terminó haciendo Donald Trump. Ojalá que la transición de la dictadura a la democracia, sea rápida, segura y estable, y para lograrlo lo primero que se debe hacer, es ratificar el triunfo indiscutido de Edmundo González y María Corina Machado y formalizar su posesión, depurar la corrupta cúpula militar venezolana, y solicitar la presencia de cascos azules, de misiones de observación de la ONU, la OEA, la UE, de Human Rights Watch y de Amnistía Internacional.
Ojalá que la caída de Maduro, no solo sea, el estruendoso rompimiento de la Tercera Ola Comunista, sino también, el fin de esa perversa doctrina retardataria, buena para sembrar ilusiones y esperanzas, y solo cosechar violencia, frustración y miseria.
No se debe olvidar que la Primera Ola Comunista apareció en las postrimerías del Siglo XIX y se entronizó con el triunfo de la criminal Revolución Bolchevique de 1917, liderada por el Lenin, quien creo el régimen socialista soviético y con ello, empezó la gradual decadencia y pauperización de la otrora próspera Rusia.
Lenin, alterando y deformando la romántica, pero utópica, prédica marxista, hizo de la extralimitación del poder del Estado a costa del recorte de las libertades ciudadanas, un imperio fundado en la intimidación, el temor y la violencia. La perturbación de Lenin fue tal, que pretendió desaparecer cualquier evidencia de la civilización que lo antecedió, y terminó asesinando a los miembros de la familia real rusa, y luego, masacrando a 100 millones de personas, entre rusos y ciudadanos de los países que convirtió en súbditos. La carnicería humana perpetrada por Lenin, solo es comparable con la consumada por Adolfo Hitler durante el Holocausto.
La proscripción de la libertad ciudadana en el imperio soviético y el exterminio de quienes se le opusieran, se fundamentó en el delirante pretexto de Lenin, de entronizar a toda costa la igualdad y el bienestar en la clase obrera, así fuera necesario apelar a la coacción, el sometimiento y la violencia.
Fue tal la coerción del imperio sobre el pueblo, que los miembros de las familias no estaban obligados a tener lealtad con sus padres y familiares, y tan solo debían ser leales al Partido Comunista, siendo obligante denunciar a cualquier familiar que no fuera afecto a su credo totalitario.
El desplome de la Primera Ola Comunista se inició en los años 60, cuando pensadores y escritores, antes confesos y luego vergonzantes comunistas, advirtieron que el experimento soviético, aparte de ser indigno y cruel, resultaba insostenible y solo se podía mantener a base de fuerza y terror.
Ante semejante revés, los ideólogos comunistas terminaron admitiendo que la fuerza no era la forma adecuada para llegar y mantenerse en el poder, y que mejor resultaba hacerlo, mediante la ideologización de la educación y el adoctrinamiento de jóvenes. Fue así como la Segunda Ola Comunista afloró, mostrando una nueva faceta para penetrar la mente y el corazón de jóvenes desinformados, desorientados o confundidos, así como de algunos mayores que se sentían excluidos de la sociedad capitalista o que soñaban con una igualdad absoluta, negando la diversidad de la naturaleza humana y el espíritu de superación individual que la caracteriza.
En esta Segunda Ola Comunista se inscribieron, el sanguinario Fidel Castro y el advenedizo en la llamada Revolución Cubana, Raúl Che Guevara, quienes, alterando el libreto de usar solo la educación como nueva forma de implantar el comunismo, recayeron en la violencia y el genocidio, y proscribieron cualquier expresión de diversidad y pluralismo, al punto que, el Che Guevara construyó un campo de concentración para recluir homosexuales, a quienes consideraba pervertidos e incapaces.
En esta Segunda Ola, el comunismo sembró esperanzas, pero solo cosechó desengaño, pobreza y miseria, y lo poco que queda de ella, es una desvencijada y moribunda dictadura en Cuba, que ha hecho de la isla la prisión más grande del mundo.
La Segunda Ola concluyó con la caída del Muro de Berlín en 1989, la disolución del Partido Comunista Soviético, de la misma Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y con la creación de 15 nuevas naciones, todo, a consecuencia de la Perestroika (reestructuración) propuesta por Mijaíl Gorbachov, que consistía en una reforma política y económica destinada a desarrollar una nueva estructura interna de la URSS y que interpretaba el querer y la voluntad del pueblo ruso por recuperar su libertad, pero, la que al final, no prosperó y sí precipitó la dimisión forzosa de Gorbachov.
No obstante, el fracaso rotundo del comunismo en Europa y Cuba, regresivos comunistas, encabezados por Ignacio Lula da Silva y el dictador Fidel Castro, se inventaron la Tercera Ola, por medio de la realización del Foro de Sao Paulo, cuyo objetivo era revivir y tratar de perpetuar el regresivo credo comunista, mediante la estrategia populista de propalar el progresismo y, de “invertir”, no solo en los partidos comunistas, sino también, en otros partidos o movimientos, e inclusive, en medios de comunicación.
En suma, la fórmula del Foro de Sao Paulo era llegar al poder por medio de la adhesión de minorías fletadas y de aportes económicos de empresas privadas a cambio de contratos y concesiones. No existe duda cuando se señala a Ignacio Lula da Silva, como el mayor corruptor del que se tenga noticia, como tampoco, que la corrupción desatada por la Tercera Ola Comunista no tiene antecedentes en la historia.
Pero sin prisa y sin pausa, y a pesar de algunos asilados triunfos populistas, la Tercera Ola Comunista en América Latina y Europa empieza a dar muestras de su agotamiento terminal, no solo por la corrupción rampante que engendra, sino, además, por la falta de integridad, preparación, capacidad y sindéresis de sus representantes, que no pasan de ser incorregibles corruptos, disparatados charlatanes, hábiles ilusionistas, vulgares fletadores de turbas, e ineptos y obtusos gobernantes.
De esto han dado cuenta, Fidel y Raúl Castro, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Evo Morales, Rafael Correa, Pedro Castillo y, en la actualidad, Miguel Díaz-Canel, Gabriel Boric y, en especial, Gustavo Petro, quien cada día que transcurre, devela su perversidad y proverbial ineptitud para gobernar.
Pero como siempre sucede, toda aventura populista llega a su fin, y la sociedad desengañada termina retomando el camino de la cordura. Ojalá que la amarga experiencia que vive Colombia y la región, ayude a preparar verdaderos líderes y estadistas capaces de modificar el rumbo del hemisferio.
Entre tanto, las movilizaciones de inconformidad en los países vejados por el populismo comunista, vienen aumentando la represión en Cuba.
Que nadie se extrañe, que el estruendoso fracaso del populismo comunista en Venezuela, Nicaragua, Colombia y Chile, termine germinando la semilla reprimida de la libertad en Cuba.
Que irónico sería, qué los anacrónicos comunistas de ahora, con Gustavo Petro a la cabeza, terminen siendo involuntariamente los libertadores de Cuba.
Que Petro no olvide que su elección fue declarada ilegal y que su permanencia es indigna y carente de legitimidad.
P.D. Feliz Año Nuevo para mis pacientes lectores; para el 2026 les prometo, mejor análisis, mayor profundidad y buena letra para que me entiendan.
*Rafael Rodríguez-Jaraba. Abogado. Esp. Mg. LL.M. Consultor Jurídico. Asesor Corporativo. Litigante. Árbitro Nacional e Internacional en Derecho. Tratadista. Catedrático Universitario. Columnista. Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.






