Y entonces, ¿quién perdió?

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#LaOpinionDeColmenares

Por Luis Alonso Colmenares Rodríguez.

Haciendo un esfuerzo por comprender las consecuencias de los resultados electorales con base en los acontecimientos que han seguido, concluyo que tienen más relación con el hecho de que la gente se cansó de tanta corrupción, robadera y privilegios.

Sin embargo, quedó la nación dividida, partida en dos como quien parte una naranja por la mitad. Y ahí está el reto del gobierno de Gustavo Petro.

A pesar del temor que se intentó crear en el electorado, ante un inminente triunfo de la izquierda, lo que se está mostrando es que no era miedo a la izquierda sino miedo a perder el poder, y para no perderlo totalmente entonces ahora a los congresistas no les importa tener que arrodillarse y perder la dignidad, para que los tengan en cuenta en el reparto de la torta burocrática y la mermelada.

Con el paso de los días hemos visto a los políticos montándose en el carro de la victoria como si no hubiera pasado nada. En un minuto, a los que perdieron no les importó un asterisco y se bajaron de la rodolfoneta para montarse en la petroneta… Es decir, Petro ganó las elecciones y nadie perdió, porque todos llegaron sin ninguna vergüenza, aún contra la decisión de los directivos de los partidos como en el caso de los conservadores.

Definitivamente la clase política de nuestro país no tiene convicción ni ideologías; no tienen orgullo, ni moral, ni escrúpulos. ¡Solo tienen ambición y estómago! Y nunca dejarán la mermelada.

El estatuto de la oposición establece que, dentro del mes siguiente al inicio del Gobierno, las organizaciones políticas que participaron en las elecciones deberán optar por declararse como organización de Gobierno, independientes o en oposición, con el fin de proponer alternativas políticas, disentir, criticar, fiscalizar y ejercer libremente el control político a la gestión de Gobierno. Es que el unanimismo alrededor del Gobierno tiene el riesgo de que se pierda el control político y el Congreso pase a ser un apéndice del Ejecutivo, de tal manera que cualquier debate podría resultar inocuo o por simple formalidad.

El Pacto Histórico, sin ninguna mayoría que le diera algún margen de maniobrabilidad para sacar adelante la agenda legislativa, al día de hoy, cuenta con más de 200 congresistas desde que se sumaron los “otros” ganadores, y tiene las mayorías de senado y cámara en la coalición del Gran Acuerdo Nacional para tramitar las leyes que le permitan implementar el acuerdo de paz con el ELN, promover una reforma tributaria que recaude $50 billones anuales, reforma rural para democratizar la tierra, educación superior pública gratuita y plan de rescate para créditos del ICETEX, unificar el sistema de pensiones y crear un ingreso mínimo vital para adultos mayores, acabar la mediación de las EPS, crear una fiscalía anticorrupción que sustituya a la Procuraduría y eliminar la mediación de los congresistas en los recursos públicos, además del ministerio de Igualdad, entre otros muchos aspectos que requieren trámites legislativos.

Pero, ¿dónde radica el peligro? Que en una democracia civilizada necesariamente tiene que haber opositores, pues, si no, entonces no es democracia. Colombia, por cuenta de la corruptela clientelar esta ad-portas de caer en la dinámica de un “partido único” con el “nuevo” Pacto Histórico de la coalición, y por esta razón el propio Petro debería rechazar todas esas adhesiones que lo comprometen y que al final lo matriculan en un gobierno tan igual a los anteriores, o peor aún.

Cuando Petro fue congresista se opuso a todo, incluso fue capaz de oponerse a la ley que aprobó la vacuna gratuita contra el COVID, y ahora elegido presidente entonces todos los partidos que le compitieron se van a declarar organización de Gobierno. ¡Qué tal!

En esas condiciones, y con el apoyo de todos los partidos, el gobierno de Petro terminará participando en la designación de lo que siempre criticó: contralor, procurador, fiscal, magistrados, y miembros de la junta directiva del banco de la república.

¿Cuál es el cambio? Había visto la ironía, pero aquí se perdió hasta la vergüenza.  Solo quedará confiar en el contrapeso de la Corte Constitucional.

Y como dijo el filósofo de La Junta: Se las dejo ahí... @LcolmenaresR

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