El consumo de Animales y la Blibia

En la Sagrada Escritura se dice que muchos animales no se pueden comer, entre ellos el murciélago y centenares de especies.

 
Eduardo Padilla Hernández

En el libro de Levíticos, capítulo 11, Dios le ordena a Moisés que le dé instrucciones pertinentes al pueblo de Israel acerca de lo que el Señor considera como una alimentación sana, para que esa comunidad tenga un estilo de vida saludable. Luego Moisés transmite este mensaje a todos los líderes de Israel para que no ensucien a la comunidad con ninguno de los animales que Dios prescribe como inmundos, ni se contaminen con ellos, ni sean impuros por ellos.

Dios les dice que él, como máxima autoridad de esa nación, debe salvaguardar a todos los habitantes de Israel, porque él es santo, y quiere que todas las personas permanezcan en santidad (en este caso específico, apartados para disfrutar de una vida saludable).
En Levíticos hay una clara diferencia entre lo inmundo y lo limpio, y entre los animales que se pueden consumir y los animales que no se pueden comer.

ANIMALES TERRESTRES

Entre los que se pueden consumir están los rumiantes de pezuña hedida, como las vacas y otros de igual características. Y no se pueden consumir, ni tocar su cuerpo muerto, los que son rumiantes, pero no tienen pezuña hendida, como el cerdo, el camello, la liebre y otros de igual tipología. Tampoco se pueden comer todos los animales que anden sobre sus garras.

REPTILES Y ROEDORES

De ningún modo se puede consumir ningún roedor o reptil que se erraste por el suelo, o que ande sobre su pecho, como la serpiente; la comadreja; el ratón; la rana; según su especie; el erizo; el lagarto; el caracol; la babosa y el topo, entre otros.

INSECTOS

De los insectos alados que tengan piernas, además de sus pies, para saltar sobre la tierra, se puede comer: la langosta según su especie, el langostín según su especie, y el aregol según su especie, el haghab según su especie, pero el resto de insectos no se deben comer. Esto no les conviene a los consumidores de hormigas culonas.

LOS PECES

Se pueden consumir los peces que tienen aletas y escamas, pero los que no tienen aletas y escama, como el bagre, el barbudito y otros de igual características, no se deben consumir, ni tocar su cuerpo muerto, porque son inmundos.

LAS AVES

No son aptos para el consumo humano: el águila, el quebrantahuesos, el esmerejón,
tl milano, el buitre según su especie; todo cuervo según su especie; el avestruz, la lechuza, el laro, el gavilán según su especie, el buho, el somormujo, el ibis, el calamón, el cisne, el onocrótalo, el herodión, el caradrión, según su especie, la abubilla, y el murciélago; ni se debe tocar sus cuerpos muertos.

Está circulando en las redes sociales un meme que afirma que el coronavirus es la consecuencia de comer murciélagos.

Y muchos preguntan con frecuencia si en verdad, según la Biblia, está prohibido comer o tomar ciertos alimentos. Esta inquietud les nace de conversaciones tenidas con miembros de algunas iglesias de origen protestante, o de ciertas sectas, quienes, con la Biblia en la mano, les han mostrado que no se puede comer cerdo, conejo, ciertos peces y ciertas aves, etc. En esta línea están sobre todo los Adventistas del Séptimo Día, los Testigos de Jehová, los mormones, entre otros. Algunos prohíben incluso tomar vino y cualquier licor, café, té, Coca-Cola, fumar, etc., por motivos de religión, como si la Biblia prohibiera todo eso.

Los textos aparentemente más antiguos hablan de que todos los alimentos son buenos. Que todas las plantas y animales han sido creados buenos y están al servicio del hombre, según Génesis 1: 20-25 y 28-30. Y se dice expresamente: “Todo lo que se mueve y tiene vida les servirá de alimento. Todas las cosas les servirán de alimento, así como las legumbres y las hierbas, de acuerdo a Génesis 9: 2-3.

Los textos prohibitivos más famosos que son los que suelen mostrar los religiosos, con la Biblia en la mano, son los siguientes: Levítico 11: 1-23 y su paralelo, Deuteronomio 14: 3-21. Según los mejores “biblistas” algunas de esas prohibiciones son muy antiguas, y son costumbres tomadas de otros pueblos, y anteriores a la formación más primitiva del pueblo de Israel. Otras prohibiciones se dieron en Israel con la finalidad de distinguirse y apartarse de los pueblos paganos vecinos y de sus cultos idolátricos.

Algunos preferían morir antes que comer estos alimentos prohibidos. Así lo leemos en el bellísimo relato de 2 Macabeos 6:18-31. Y es que, según sus creencias, el quebrantar tales normas acerca de las comidas prohibidas, podía interpretarse como una «apostasía» o una «traición a la religión del judaísmo».

Estas prohibiciones sólo se leen en el Antiguo Testamento y no en el Nuevo Testamento donde son invalidadas radicalmente por Jesucristo.

Todas las prohibiciones de comer ciertos alimentos estaban en plena vigencia en el judaísmo dentro del cual nació, vivió y murió Jesucristo. ¿Cómo reaccionó Jesús frente a esas prohibiciones?

CUÁL ES LA ACTITUD DE JESÚS FRENTE A LAS PROHIBICIONES                 ALIMENTICIAS DE ISRAEL?

Un día, Jesús llamó a toda la gente y les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanme bien: No hay ninguna cosa fuera del hombre que al entrar en él lo pueda hacer pecador o impuro…». Y como sus mismos discípulos se sorprendieron con tamaña novedad, Jesús añadió enseguida: « ¿No comprenden que nada de lo que desde fuera entra en el hombre lo puede hacer impuro porque no entra en su corazón, sino en su estómago y luego se echa afuera?». Y añade el mismo Jesús: «Lo que sale del hombre, eso es lo que le hace impuro, pues de dentro del corazón salen las malas intenciones, los desórdenes sexuales, los robos, libertinaje, envidia, injuria, orgullo, falta de sentido moral. Todo eso sale de dentro, y eso sí que mancha al hombre» (Marcos 7: 14-23 y Mateo 15: 10-20.

Y es especialmente San Pablo quien, en la línea liberadora de Jesús, repetirá a los cristianos: “Que nadie los critique por cuestiones de comida o bebida, o a propósito de las fiestas, de novilunios o de los sábados. Todo eso no era sino sombra de lo que había de venir” ¿Por qué se van a sujetar ahora a preceptos como «no tomes esto», «no gustes eso», «no toques aquello»?… Tales cosas tienen su apariencia de sabiduría y de piedad, de mortificación y de rigor, pero sin valor alguno…» (Colosenses 2: 16-17 y 20-23).

Y también en su carta a Timoteo, Pablo escribe contra quienes prohibían, entre otras cosas, “el uso de alimentos que Dios creó para que fueran comidos con acción de gracias por los fieles que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios ha creado es bueno y no se ha de rechazar ningún alimento que se coma con acción de gracias, pues queda santificado por la palabra de Dios y la oración”.

El mismo Pedro, que era un conservador de la doctrina de la Circuncisión, se quedó sorprendido cuando Jesucristo resucitado le mostro en una visión que, en el Nuevo Pacto vigente de Gracia, todo lo que el humano consume está purificado por Dios, según Hechos 10:9-15.

Así pues, que los que creen que las enfermedades son consecuencia de lo que se come, es una idea que, según el Nuevo Pacto de Jesucristo, está desvirtuada.

Yo sé que, respecto a este tema, los pueblos de la Tierra saben la verdad que consiste en que las enfermedades son uno de los negocios más rentables de la élite, la cual crea las enfermedades mediante la guerra biológica y otras maquinaciones, para luego curarlas con recursos alopáticos que sanan una enfermedad, pero que, por sus efectos secundarios, generan muchos otros males que le permite a la cúpula la infamia de vender más productos farmacéuticos deletéreos, pero que son buenos para aumentar sus arcas.

Cada 4 años el pueblo colombiano tiene, en sus manos, la oportunidad de cambiar, radicalmente, el Establecimiento infausto que lo tiene enfermo, pero puede más el hecho de quitarse el hambre por un día que decidir, de una vez y para siempre, darse la oportunidad de ser el dueño de su propio destino. Simón Bolívar, murió triste, porque él sabía que liberó al pueblo del yugo español, pero no lo pudo liberar de su propio yugo: el de la esclavitud mental.

Decimos lo que otros callan
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