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Por: Eduardo Padilla Hernández, presidente Red Colombiana de Veedurías Ciudadanas (Aso-Red).

El pasado 2 de septiembre se inició una serie de tormentas solares que finalizarán en el 2024, año en el que esta significativa actividad geomagnética llegará a su máxima intensidad.

Científicos del Establecimiento afirman que el fenómeno solar causará graves daño en la flora, en la fauna y en los humanos, pero esto no es cierto; realmente se trata de un proceso tendiente a regenerar todo el azúcar, el fosfato y demás sustancias de la base nitrogenada de las dos cadenas del ADN en toda la naturaleza terrestre.

Durante este proceso, el fenómeno podría causar interferencias de radio, cambiar las angulaciones de los satélites, dañar los transformadores eléctricos, influir en el ciclo migratorio de las aves e inutilizar el wifi.

La radiación puede desconectar los diferentes equipos que funcionan a través de redes inalámbricas, lo que significa que el mundo quedará sin Internet, como era antes de 1969, año en que nacieron las redes informáticas.

El impacto económico de un sólo día sin internet en Estados Unidos, equivaldría a unos 7.000 millones de dólares.
Lo que voy a decir a continuación no es una serie de Netflix, sino una realidad.

Las familias se reunirán de nuevo durante la comida, en la noche contarán historias, observarán las estrellas, y los niños jugarán como lo hacían los abuelos en su infancia.

La influencia del Sol será tan poderosa que cambiará la química radicalmente. La tabla periódica será diferente. El petróleo y el oro se convertirán en extraños azófares sin valor.
Esto significa que el mundo volverá a ser el paraíso antediluviano.

El Sol es un laboratorio sideral dirigido por un hombre que la teología conoce como el ángel Miguel.

Este ser es el agente encargado de transformar todas las cosas que la élite perversa ha arruinado en la Tierra.

Miguel sanará la capa de ozono, purificará las aguas de todos los humedales, regenerará el ADN de los humanos, de la flora y de la fauna; él es quien dirige el proyecto destinado a restaurar todo lo que fue degenerado, deliberadamente, por la élite que ha permanecido escondida detrás de cada gobernante.

La Tierra volverá a ser el hermoso lucero azul que navega eternamente por el cielo de la Vía Láctea.
Pablo de Tarso de Sicilia, en su famosa epístola a los Corintios, capítulo 15, verso 52, habla de este gran evento cósmico; mira lo que dice:
“En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados”.

Y en el verso 53, Pablo, añade: “Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad”.

Después de que ocurra esta transformación, la sociedad será diferente. Ya no habrá necesidad de depender de las cuatro columnas concebidas por la élite, como son: Economía, política, religión y militarismo.
La economía divide a la humanidad entre poderosos y débiles.

En la política, los servidores públicos que deberían servirle a la comunidad, la cosa es al revés.
La religión es una forma de soporífero hipnótico que mantiene dormidas a las masas anónimas.
Y el militarismo, que debería servir para proteger la honra y bienes de la comunidad, lo utilizan para salvaguardar el botín de la poderosa cúpula, y algunas veces funciona como aparato represivo.

Después de la transformación, ya todos los organismos de poder serán historia, pues, en el Nuevo Pacto, toda la constitución será resumida en una sóla norma: El amor.

El que ama, no hiere, no roba, no traiciona, no es infiel, no reprime, no es tirano, no se emborracha, no causa enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, envidias ni homicidios.

Luego de que Miguel haya quemado la paja, y guardado el trigo en su granero, la Constitución del Amor dirá así:
“Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza”, según esta norma se pensará y se actuará (Filipenses 4:8).

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Eduardo Padilla Hernández
Abogado, Columnista y Presidente Asored Nacional de Veedurías


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