Nuevo Ciclo Político en México: ¿Quién le teme a AMLO?

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Andrés Manuel López Obrador

Por Ricardo Angoso

@ricardoangoso

ricky.angoso@gmail.com

A la tercera llegó la vencida. Pese a los negros augurios que señalaban la posibilidad -nunca remota en México- de que se perpetrará un fraude electoral, Andrés Manuel López Obrador -más conocido como AMLO en su país- ganó las elecciones presidenciales con una amplia mayoría, que también se podría ver refrendada en el legislativo tal como confirman los resultados. El discurso del nuevo presidente electo de los Estados Unidos de México ha sido tranquilizador y tolerante, evitando cualquier paralelismo entre su victoria y la de otros caudillos de la peor izquierda populista del continente, como fue el caso de Hugo Chávez o Nicolás Maduro.

Habiendo sido uno de los fundadores del Partido de la Revolución Democrática (PRD), aunque en sus orígenes también estuvo afiliado al mítico Partido Revolucionario Institucional (PRI), AMLO acabó distanciándose de esa formación política por discrepancias políticas y estratégicas pero también por diferencias con algunos de sus líderes. Hombre de izquierdas comprometido, escritor, polítologo y procedente de las aulas de la Universidad Nacional de México (UNAM), López Obrador representa a toda una generación de mexicanos que desde la década de los ochenta lleva luchando por que la izquierda llegue al poder en el tercer país más grande en población de las Américas.

Esta lucha comenzó en las elecciones presidenciales de 1988, cuando Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, también procedente del PRI como AMLO, se lanzó como candidato presidencial frente al candidato priísta Carlos Salinas Gortari. La noche de las elecciones el sistema electoral se “cayó” y se perpetró el mayor fraude electoral en la historia de México, sustrayendo a Cárdenas de su victoria y colocando a Salinas de Gortari como presidente del país. Las luchas de la izquierda contra el sistema político instaurado por el PRI en el país, sin embargo, arrancan con las protestas de 1968 en el Zócalo de la capital mexicana, cuando miles de estudiantes se manifestaron contra el régimen y exigiendo reformas políticas. La respuesta, por parte del régimen, fue brutal: centenares de estudiantes fueron asesinados por la policía y el ejército mexicanos. Se llegó a hablar de 1.500 estudiantes asesinados.

Durante las últimas cuatro décadas, la izquierda mexicana ha estado dando la batalla contra el monopolio político que ejercían los partidos tradicionales -el derechista Partido de Acción Nacional (PAN) y el centrista PRI- tratando de esquivar el fraude electoral, las prácticas clientelares, los ataques y asesinatos contra dirigentes políticos significativos y el peso de una maquinaría política con fuertes tentáculos en el mundo económico e incluso criminal.

Finalmente, tras años de combate y haber intentado ganar la presidencia en las controvertidas elecciones de los años 2006 y 2012, AMLO logra lo que nadie antes en la izquierda mexicana había logrado: la máxima magistratura de la nación. Ahora está por ver cómo se desenvuelve en el manejo de la agenda en política exterior, en la conducción de la economía y en los enormes desafíos internos que tiene ante sí el país, tales como el auge de la criminalidad, la potente “industria” del narcotráfico y el creciente flujo migratorio desde Centroamérica hacia la frontera mexico-norteamericana, que tanto enrarece las relaciones con el poderoso vecino del Norte que amenaza con construir un muro para frenarlo.

¿QUIÉN TEME A AMLO?

Los principales temores hacia AMLO provienen de el empresariado y la clase financiera mexicana, temerosa de que el país tome una deriva populista al estilo de la venezolana y el crecimiento económico se desactive aún más en un momento de claro estancamiento de la economía mexicana. Pese todo, y vista la negativa experiencia de Venezuela, nada parece indicar que AMLO vaya a caer en los mismos errores y sume al país en un caos inimaginable con la introducción de reformas parecidas a la venezolana interviniendo en la economía con un modelo rígido, estatalista y ajeno a los usos del buen funcionamiento de la libre competencia en un mercado libre. Nadie cree que puede ser tan torpe políticamente hablando.

Además, sobre la mesa se encontrará la patata caliente de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), un acuerdo del que Estados Unidos cada vez se muestra más receloso a seguir con el mismo e incluso amenaza con abandonarlo en boca de su presidente, Donald Trump, mientras que Canadá y México apuestan por mantenerse en el mismo incluso sin la presencia de los norteamericanos. Para México, la relaciones con los Estados Unidos son vitales en todos los sentidos, tanto por razones económicas, políticas como humanitarias.

 El 10% del crecimiento económico mexicano se debe al envío de las remesas que efectúan los casi 35.000.0000 de mexicanos que viven en los Estados Unidos y el vecino del Norte es el principal importador de los productos mexicanos, con unas compras que rondan los 300.000 millones de dólares, siendo la balanza comercial favorable a México pese al disgusto de Trump en este sentido. AMLO, seguramente, tendrá en cuenta esos elementos e intentará una relación firme pero pragmática con su vecino norteamericano. Una ruptura de los tradicionales lazos entre ambos países, pese a la imprevisibilidad de Trump, sería un desastre para México. Trump, como Maduro y Putin, ya ha felicitado al nuevo mandatario mexicano y habrá que ver cómo se desarrollan las relaciones entre ambos.

 En lo que respecta a las relaciones con sus vecinos del Sur, es crucial para México -y por ende para AMLO- resolver el asunto del flujo migratorio de los centroamericanos hacia los Estados Unidos, ya que genera inestabilidad, inseguridad, criminalidad, existencia de bandas organizadas que trafican con los migrantes y, sobre todo, muchos problemas en la frontera mexicana-norteamericana.También esa frontera tiene una especial importancia para controlar la entrada de drogas en el país a través de Guatemala procedentes, principalmente, de Colombia y Venezuela.

 Por último, el narcotráfico, que está ligado a la existencia del crimen organizado en muchas partes de México, ha extendido sus actividades ilegales por casi todo el país y el territorio está repartido entre los numerosos carteles, clanes y estructuras delictivas que operan casi con toda impunidad, tales como los carteles de Tijuana, Suárez y Sinaloa, por citar tan sólo algunos de los más importantes. AMLO se encontrará con un modelo de lucha contra el narcotráfico que ha fracasado estrepitosamente en los últimos años, pese a la militarización de la lucha contra la droga en las últimas administraciones, y tendrá que buscar nuevas fórmulas para hacer frente a ese flagelo. La tarea, desde luego, no se prevé nada fácil, sino más bien titánica. Bienvenido al mundo real, AMLO.

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