Otra vez Ortega y Gasset

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 Por José Félix Lafaurie Rivera

@jflafaurie

El mensaje de unión del país en busca de sus sueños está siendo atacado, paradójicamente, por quienes se autodesignan voceros del pueblo. Después de ocho años de polarización, personalizada para estigmatizar a Uribe y encumbrar a Santos, pero con el trasfondo de la maniquea división entre amigos y enemigos de la paz, hay sectores empeñados en no pasar la página y en trasplantar al Centro Democrático la perversa división entre buenos y malos.

“Esperaremos”, amenazó Petro. “O (Duque) rompe con las fuerzas más anacrónicas de Colombia, con Álvaro Uribe, o los ocho millones de votos no vamos a permitir que retroceda Colombia hacia la guerra”, y otras consignas incendiarias, como las que repitió ante los micrófonos de la W. Otra vez los buenos, amigos de la paz, y los malos, “amigos de la guerra”, que si fueran tan malos no habrían triunfado desde el plebiscito hasta la elección presidencial.

Otra vez la polarización, promovida también por algunos medios y columnistas. Duque ganó, y para acercarse al poder, como ya lo hicieron con Santos, acuden a la estigmatización selectiva. Duque y Martha Lucía, ayer tildados de malos y guerreristas, como todo el Centro Democrático, hoy son buenos y conciliadores; y entre los malos: Uribe, Ordóñez, Londoño, Fabio, Cabal, Paloma, Lafaurie…

De ahí la exigencia de traicionar a Uribe para golpear al Centro Democrático. Pero mucho va de Santos a Duque, y mucho de lo que terminó siendo el Partido de la U a la coherencia ideológica del Centro Democrático, un partido hecho en la oposición, bajo el liderazgo de la figura cimera de Álvaro Uribe, “el Gran Colombiano”, a quien el país le debe nada menos que la liberación de la violencia narcoterrorista. Duque fue buen candidato y será mejor presidente sin traicionar a nadie; con su coherencia, juventud y amor por los sueños de Colombia.

Vuelvo a Ortega y Gasset para afirmar que la construcción entre todos de ese futuro es lo que él llamaba un “dogma nacional” capaz de unir a los pueblos, porque “Un pueblo vive de la aspiración. Para mantenerlo unido es preciso tener siempre ante sus ojos un proyecto sugestivo de vida en común. Sólo grandes, audaces empresas despiertan los profundos instintos vitales de las grandes masas humanas. No el pasado, sino el futuro…”.

Es el mensaje del presidente Duque: “El futuro es de todos y juntos lo vamos a construir”. No lo podrá hacer el presidente ni el Gobierno; ni el Centro Democrático ni toda la clase política. La construcción de ese futuro es asunto de los colombianos unidos alrededor de ese dogma nacional, como hicieron los españoles hace cinco siglos para construir el sueño de su grandeza imperial.

Nota bene. La campaña de María Fernanda Cabal se hizo con las uñas y un inmenso voluntariado. Las acusaciones contra ella son una infamia y otro ataque contra el Centro Democrático.

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