El Plan Nacional de Desarrollo; con el agua entre los dedos

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“El agua es el elemento y el principio de la vida”: Tales de Mileto.

Por Eduardo Padilla Hernández*

Esta semana nuestro país se conmovió ante la innegable perdida del cauce del Rio Cauca en su parte baja, como producto de la intervención para la generación de energía eléctrica. Por el desarrollo económico hemos sacrificado la riqueza del país y la fuerza de la naturaleza hoy nos pasa la factura, aunque la clase dirigente se haga la de la vista gorda frente a la realidad ambiental de Colombia.

Pero el futuro no es más prometedor, que el pasado. Basta con darle una ligera ojeada al Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2018-2022, Pacto por Colombia, Pacto por la equidad, y descubrir sin asombro, que los próximos cuatro años tampoco se logrará la consolidación de las políticas ambientales que realmente nos permitan hablar de sostenibilidad.
Por años, nos hemos vanagloriado de nuestra riqueza natural, de ser un país megadiverso, y, reconocido por el mimo PND, el país que ocupa el primer lugar del mundo en biodiversidad por unidad de área, entre otros muchos indicadores que frecuentemente saltan a la prensa para concedernos un poco de orgullo patrio. Pero aunque conocemos la teoría, estamos cada vez más lejos de entender que la biodiversidad que nos caracteriza, se debe a nuestra riqueza hídrica, a la disponibilidad de agua dulce en los ríos que surcan nuestro territorio.

Es evidente que el PND va a desconocer todo lo que ha avanzado en el país en materia de protección de los recursos naturales, en ninguno de los apartes dedicados a los temas ambientales se hace referencia a aquellos que hoy se había logrado posicionar y consolidar como la Política de Gestión del Recurso Hídrico, que de manera integral abordaba la gestión del agua desde la conservación de las cuencas en sus diferentes niveles hasta el aprovechamiento dando prioridad al consumo humano, buscando evitar desgracias sociales y ambientales como la ocurrida en el Río Ranchería, en el Departamento de la Guajira.

El documento del PND en sus apartes técnicos fundamenta sus “pactos” o estrategias en la conocida relevancia del agua, pero al poner las metas no es coherente, no se ve en ninguna parte del plan metas orientadas a lograr que el agua sea protegida para garantizar que podamos consumirla, nuevamente, vamos a tener que arrancar una batalla judicial como la que iniciamos en el año 2000, para que a través de acciones populares se obligue a las administraciones locales a cumplir con los parámetros fisicoquímicos de potabilidad del agua. Por aquel entonces, lideramos la campaña para llevar a los estrados judiciales a más de 1.000 municipios del país para que fueran los tribunales los que hicieran cumplir con las normas que nos garantizan el acceso al precioso líquido. Pero es que no basta con que podamos abrir la llave y que de ella brote el agua, se necesita hace realidad la planeación que por más de 10 años ha avanzado a través de los POMCAS, pues el agua no nace en la llave o en la Planta de Tratamiento. Si no protegemos nuestras fuentes hídricas, no podremos cumplir las ambiciosas metas que propone el PND en materia de economía sostenible, que realmente es el centro del capítulo ambiental del documento rector de los próximos 4 años.

Justamente aquello que el PND desconoce, el ordenamiento y la planeación ambiental, enfocados desde la conservación con miras al desarrollo sostenible, debería resultar hoy una tarea más sencilla que en el pasado. Hoy contamos con las normas e instrumentos de planeación y la previsión de fuentes de financiación que permitirían al Gobierno, realmente dar la dimensión de relevancia del ambiente frente a los sectores productivos. Estrategias como la destinación del 1% de los presupuestos de los departamentos y municipios para la conservación de las fuentes hídricas, ordenada desde 1993 por la Ley 99 en su artículo 111 (modificado por el artículo 210 de la Ley 1450 de 2001), podrían haber marcado la diferencia.

Sin embargo, 25 años después de que el poder legislativo previera la necesidad de recursos financieros para garantizar la conservación, le ha quedado grande a al poder ejecutivo hacer cumplir las promesas de la constitución de 1991, de fundamentar un país con conciencia ambiental.

Y es que hay culpable en todo el Estado: los más de 6 gobiernos que no han sido eficientes en la gestión ambiental, los órganos de vigilancia y control que han permitido la flagrante violación de la ley y hasta los jueces y tribunales, ante quienes acudí para que fueran ellos quienes hicieran cumplir los mandatos legales sin obtener resultados.
La historia nos ha dado la razón a aquellos que hemos abanderado la lucha por la protección ambiental, pero no es un triunfo, es una derrota para todos y aquellos que la permitieron le deben pedir perdón al país.

Nuestro ordenamiento jurídico esta plagado de normas y jurisprudencia que ordenan y obligan a todo el Estado, a proteger la riqueza natural, pero son letra muerta que ha quedado en el papel, y la realidad ambiental que vivimos nos está dando la última señal de alerta para que tomemos el camino correcto, que no requiere mas que de un compromiso desde el Gobierno y el liderazgo de un Ministerio de Ambiente, que en el PND queda reducido a un ente de coordinación bajo la tutela de los Ministerio de más peso, como el Hacienda o el de Transporte, con quienes se espera coordine el accionar durante los próximos 4 años.

Hay que preguntarle a nuestro Presidente: ¿Qué va a pasar con la orden de la 99 de 1993 en su artículo 111?, ¿qué va a pasar con el enfrentamiento entre los sectores productivos y las autoridades ambientales?, ¿qué va a pasar con los más 300 mil millones de pesos invertidos en los POMCAS?, ¿qué va pasar con el Fondo Adaptación frente a la gestión de un billón de pesos que le encomendaron como resultado de la ola invernal de 2010?, ¿vale la pena seguir patrocinando estrategías como las expediciones que propone en PND frente a la realidad de ríos que se secan por la sobre explotación de la minería, la extracción o la agricultura?.

Como paliativos a esta enfermedad ambiental, el PND propone fortalecer el Sistema Nacional de Parques Naturales, o promover la generación de energías alternativas, incentivar el pago por servicios ambientales, entre otras medidas “light” que están de moda, y que buscan generar una imagen ambiental que dista de la verdad escrita en las metas que se propone para el cuatrienio en materia ambiental.

Pero realmente el problema de fondo se desvanece en PND como el agua en los dedos, mientras que se propone un visión miope de gestión del riesgo donde se espera pasar de 0 a 8 Autoridades Ambientales que adopten la Metodología de Evaluación de Daños y Análisis de Necesidades Ambientales, otro documento que se suma a la interminable lista de planes y programas ambientales que carecen de implementación, vemos que el país del agua se está secando y junto con el agua que desaparece, desaparecerán los animales y plantas que nos hacen el país megadiverso.

Que sea un llamado para todos, el ambiente no tiene doliente las instituciones ambientales, Ministerio, Corporaciones, Autoridades Urbanas, carecen de la capacidad técnica para hacerse sentir en el territorio, los jueces y magistrados desconocen las leyes ambientales y los entes de control han permitido que los recursos del ambiente sean coaptados por la corrupción.

Hoy lloramos al Rio Cauca, al Río Rancheria, a la Mojana Sucreña, que no se nos siga escapando el agua entre los dedos, que no tengamos que llorar mañana por el agua que hoy tenemos. Señor Presidente, sin agua y sin ambiente no hay equidad, base del PND 2018-2022.

Magíster en derecho ambiental y autor libro derecho de aguas*

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