Con un ojo en el “imperio” y con el otro en la paz


 

La tragedia de Orlando, mostró de manera patética, las contradicciones del “imperio”: una sociedad dividida antes de la tragedia y después de ella. Dividida entre quienes quieren someter el estado a la religión o a una religión y quienes quieren conservar el estado laico; esto es, que no patrocine a ninguna pero que tampoco persiga a ninguna ni siquiera a la musulmana (como propone un candidato presidencial, bajo el pretexto de lucha contra el terrorismo). Dividida entre quienes quieren, bajo el argumento de la seguridad y la lucha contra el terrorismo sacrificar la libertad y quienes creen que es posible librar esa lucha conservando las libertades públicas. Fraccionada entre quienes considerar que solo el estado puede poseer armas y quienes desconfiando de la tiranía armada de este, permiten como garantía de un estado libre que los ciudadanos puedan poseer y portar armas (este es también un punto de desacuerdo, entre los negociadores del proceso de paz en Colombia). Fragmentada entre quienes avocan por la igualdad y quienes proponen discriminaciones (discriminando a latinos, negros, mujeres e inmigrantes, como hace un candidato, paradójicamente hijo de una inmigrante).

Esta división se ha dado tanto en la teoría como en la práctica; en la  esfera de los principios, como en los casos concretos de su aplicación; antes y después de la tragedia de Orlando, desde el momento mismo de su creación y esto se ha reflejado en su historia política y constitucional; por ejemplo, el tema de la igualdad se debatió durante mucho tiempo y algunas de sus aplicaciones prácticas, se establecieron en las reformas constitucionales o enmiendas números XIII (1865) y XIV (1866),  después de la cruenta guerra civil, que en su parte pertinente, dicen: “Enmienda XIII (1865) Sección 1. Ni la esclavitud ni la servidumbre involuntaria existirán en los Estados Unidos o en cualquier lugar sujeto a su jurisdicción…”; “Enmienda XIV (1868) Sección 1… ningún Estado privará a persona alguna de su vida, su libertad o su propiedad sin el debido procedimiento legal; ni negará a nadie, dentro de su jurisdicción, la protección de las leyes en un plano de igualdad”. A pesar de estas reformas constitucionales, existían personas que no querían aplicarlas y la sociedad civil siguió organizándose y movilizándose para hacerlas efectivas en la realidad, pasando por las luchas civiles de Martin Luther King, hasta la Presidencia de Barack Obama; donde ciudadanos Negros y Blancos, defensores de la igualdad, se organizaron y movilizaron para la marcha sobre Washington, donde Luther King hizo su famoso discurso, yo tengo un sueño, o votaron por Obama, como un mensaje claro contra toda forma de discriminación.

La lucha de visiones encontradas de la sociedad y el estado, ha sido permanente, a pesar de que se haya expresado de distintas maneras, desde las primeras reformas constitucionales de la constitución gringa: Las diez primeras enmiendas (Bill of Rights) fueron ratificadas efectivamente en diciembre 15, de 1791 y para lo que ahora nos interesa, basta con fijarnos en la 1 y la 2 enmienda: “Enmienda I.- El Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado o se prohíba practicarla libremente, o que coarte la libertad de palabra o de imprenta, o el derecho del pueblo para reunirse pacíficamente y para pedir al gobierno la reparación de agravios.” Y la “Enmienda II.- Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado Libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas.”. Estas 2 normas constitucionales son la que explican por qué no se puede prohibir la religión musulmana en estados unidos, como quiere un candidato presidencial o impedir que los ciudadanos tengan armas de asalto, como quiere otra candidata (el debate no es si los ciudadanos pueden tener armas; sino que clase de armas pueden poseer y portar). A propósito del tema de la entrega de las armas en Colombia, como las armas son cosas que no se manejan solas, sino por seres humanos, la pregunta correcta no es sobre las cosas sino sobre las personas: las personas que las manejan entregaron su concepción del mundo, su ideología o no la entregaron; si la entregaron poco importa si conservan las armas o no y sino la entregaron, poco importa si entregan o no las armas.

Estas divisiones no solo se presentan entre candidatos, sino también al interno de la sociedad civil, que se organiza para expresarse y defender sus ideas, ante otros miembros de la sociedad civil y lo que es más importante: ante el propio gobierno y los grupos de interés, sobre todo económicos. Fue la sociedad civil, la que se enfrentó y derroto al gobierno en la guerra del Vietnam; por eso siempre que queramos analizar ese “modelo”, debemos distinguir entre el gobierno y el pueblo Norteamericano, que no siempre son lo mismo, ni coinciden. Sociedad civil dividida, aunque no lo reconozca en “clases sociales”: un 1% de la población es dueña del 90% de la riqueza del país y cerca de 50 millones de seres humanos del país más rico del mundo viven en la pobreza y donde la última gran crisis económica de su sistema de producción, la del 2008, no ha podido superarse, ni ahí, ni en Europa, agravada por la disminución del crecimiento chino, por lo que no entendemos, como una economía dependiente y débil como la nuestra, pueda estar blindada como mendazmente nos repite cada día el Santo Gobierno que tenemos. Esa misma sociedad civil que trato de expresarse políticamente por intermedio de un candidato como Bernie Sanders, a quien no le dio miedo auto denominarse socialista, a pesar de saber que el solo remoquete de liberal es ya, en la política Norteamericana un término peyorativo, que quita votos, que es el equivalente de ser comunista en Colombia y que llamarse socialista es encarnar al demonio. A pesar de saber que ese gobierno plutocrático, como dijera Gaitán, es muchas veces dócil al capital financiero y que la encarnación de este capital es Wall Street, no dudo en enfrentarse a él y denunciarlo públicamente, que en temas de derechos humanos no dudo en defender el derecho a la salud para todos y la educación para todos, la defensa del medio ambiente, la igualdad (en sus varias manifestaciones: Genero, sexo, etc.), la redistribución de la riqueza, etc.

En Colombia también hemos tenido estos debates, antes durante y después de nuestro varios procesos de paz, incluido el que ahora se tramita, que también cuenta con el apoyo del gobierno del imperio, que sabe cómo dijo su presidente en su último mensaje a su congreso, que esta paz puede beneficiar sus intereses y especialmente de sus transnacionales, que ahora podrán obtener mayores ganancias en Colombia con menos riesgo. Sin embargo, a diferencia de la sociedad Norteamericana, nuestra sociedad civil es mucho más débil que la suya; menos organizada y lo que es más grave: quienes están negociando en la habana, por parte del gobierno no se cansan de repetirnos que nada cambiara; que el modelo económico se mantendrá intacto, que los derechos humanos de los miembros de la sociedad civil no se ampliaran, que lo único que buscan es que unos hombres armados entreguen su ideología (reconozcan el sistema y sus leyes) y luego entreguen sus armas, para facilitar más la explotación de unos pocos sobre la gran mayoría. Quienes negocian como contraparte del gobierno, en vez de hacer y decir lo contrario del gobierno; denunciar la falta de derechos, como Bernie Sanders, pactar el derecho a la educación y la salud para todos los colombianos, se han dedicado a embellecer el modelo económico, a tranquilizar a nuestra “clase dirigente” de que no son un peligro para el funcionamiento del sistema, a sus relaciones de explotación del hombre y de la naturaleza, como lo dio a entender timochenco en la entrevista que concedió a la revista semana.

Es hora de que la sociedad civil, tome conciencia de sus intereses, que no siempre coinciden con los del gobierno y los de la Farc, se organice, haga oír su voz frente al gobierno y frente a la Farc y ejerza el poder de sus mayorías, hasta ahora silenciosas; que ha sido objeto de la violencia por parte del Estado y del no estado; de la violencia armada y de la económica, de la política y de la jurídica; de la social y de la cultural; de la violencia contra todos los derechos de los colombianos: violencia contra su vida y su trabajo; contra su salud y su educación; contra su integridad física y la integridad del medio ambiente que lo rodea; violencia contra su libertad y su seguridad; violencia contra su derecho al desarrollo y a la paz con justicia social; en una palabra violencia contra todos sus derechos, pida que cese esa violencia, y los reclame, tanto frente al gobierno, como frente a la Farc.

 

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