Por José Félix Lafaurie Rivera
Pero esta discusión tiene otra dimensión. La democracia tiene formas que obligan, especialmente a quienes ejercen el poder. Mi padre, José Vicente Lafaurie Acosta, escribió que «la autoridad está íntimamente ligada a la fuerza moral» y advirtió que, sin el principio moderador de la razón y la inteligencia, «no hay autoridad, hay poder». Un despacho ministerial no es propiedad privada de quien lo ocupa: está al servicio de los ciudadanos. Respetar a quien discrepa no es cortesía opcional, sino obligación de quien representa al Estado. El poder lo confiere el cargo; la autoridad se conquista con la razón y la fuerza moral.
El artículo 39 de la Constitución protege la autonomía gremial. Los gremios no existimos para aplaudir automáticamente ni para oponernos por sistema. Representamos a nuestros afiliados, proponemos soluciones, señalamos desacuerdos y apoyamos las políticas que benefician al país. Reconocemos los esfuerzos gubernamentales en seguridad rural y mantenemos nuestra disposición a concertar de manera permanente.
Cooperar no significa someterse. Disentir no es irrespetar. El poder puede ejercerse sin escuchar; la autoridad, jamás.
@jflafaurie








