Del Club El Nogal me quieren echar por escribir


 

Fotomontaje tomado del portal Kienyke.

Documentos en mano, me atreví a denunciar al ex Su­perintendente de Industria y Comercio Jairo Rubio Escobar, pues una empresa que él vigilaba, le de dio un carnet del Club y le pagaba mensualmente sus consumos, así mismo, logré probar que otro socio, Jairo Iván Ramírez, se había hecho nombrar en la junta directiva, escondiendo que le había metido una demanda al Club por cinco mil millones de pesos y que terminó haciendo parte del comité de seguridad, el cual tenía toda la información de su pro­ceso.

Sin embargo, aquello que rompió el cántaro y dio inicio a esta cruzada de odio que estoy viviendo, fue el haber pu­blicado el perfil de un socio, gran amigo de Rubio y de Ra­mírez: el ex–senador conservador Pablo Victoria Wilches.

Todo lo que dije de este miembro de junta del Club El Nogal es totalmente cierto y está en los principales diarios  del país: que le dicta conferencias a los neonazis del grupo Tercera Fuerza y que le habían abierto una investigación por ser ideólogo de las Autodefensas del Casanare dirigidas por el también reconocido neonazi Martín Llanos, investi­gación archivada tras el retracto de uno de los testigos. Di a conocer sus vínculos comerciales con uno de los filósofos de la ultraderecha paramilitar más brutal y sanguinaria, el señor Juan de Jesús Pimiento, bien llamado pacificador de la cárcel Modelo pues en una noche picó a más de 40 reclu­sos. Curiosamente el principal patrocinador de los mismos cabecirapadas de Tercera Fuerza y a quien Victoria, como mera coincidencia, termina vendiéndole su mansión en Al­tos de Yerbabuena.

Y a mí, me quieren sancionar por mis letras. Según al­gunos son inmorales y obscenas.

Victoria utiliza mi novela El Diablo es Dios publicada por Planeta y el Twitter de la obra para amotinar a los ami­gos de los corruptos que yo denuncié y pide una investi­gación, pues según él, mis escritos iban en contra de las buenas costumbres.

Es cuando el comité disciplinario de la junta me llama a explicar mi forma de expresión literaria. Empecé aclarando que la cuenta del Twitter: @eldiabloesdios refería a la obra y que quienes hablaban eran los personajes, no yo. Que era como si al guionista de Hannibal lo tildaran de caníbal, cómo si a Stephen King lo trataran de psicópata. Que po­día existir un diálogo entre el autor y sus personajes, como lo había hecho Platón y Sócrates en algún momento de la historia, y que aunque bien podía existir una postura ideológica y filosófica producto de mi inconsciente, todo era ficción.

No les bastó, fueron más a fondo. ¿Que por qué mis trinos hablaban de un Club Social y su junta directiva? En­tonces me vi obligado a leerles cómo, en la página 313, al protagonista que es un abogado, lo contratan para corrom­per y sobornar a la junta directiva de un Club Social.

Contra–interrogaron preguntando si yo, al escribir la novela, estaba pensando en el Club El Nogal, a lo que dije que no estaba seguro, que no sabía bien si podía haber pen­sado en El Nogal cuando espichaba las teclas. Que tendría que hacer psicoanálisis, porque lo que pensaba cuando es­cribía venía del inconsciente. ¿Que si cuando trinaba que el Procurador cantaba victoria, yo me estaba refiriendo a Pablo Victoria? ¿Qué yo a quién me refería cuando hablaba de un monaguillo que se llama Pablito? Finalicé con una reflexión: siendo la literatura una manifestación de la inti­midad, así como lo es la sexualidad, lo que ustedes acaban de hacer, es igual a que si a un homosexual lo sentaran a que explicara el por qué le gustan los hombres, añadí.

Después de un debate radial en el que Victoria gritó los trinos al aire, —sonando tan amarillos como descontextua­lizados —, espero el pliego de cargos que según me dicen, ya se está elaborando. En él, habrán de estar consignadas las faltas a la moral y el peligro social que representan mis pala­bras, que no hablan de ningún socio, ni del Club El Nogal.

La semana pasada interpuse un denuncio por hostiga­miento y discriminación. El nuevo Fiscal General, Néstor Humberto Martínez, —que tiene fama de decente —, igual es socio del Club y muy allegado a varios de aquellos que me quieren crucificar. Bien me dijo un socio que no me es­taba enfrentado a un poderoso sino a todo el combo, pues todos tienen intereses y relaciones con el Club: las grandes corporaciones, los medios, los bancos, los políticos, magis­trados, ministros… y fiscales. Ellos tienen muchas armas y usted Daniel, ¿qué tiene? Mis letras, respondí, es lo único que tengo y por eso tienen que dar en el blanco.

Por Daniel Emilio Mendoza Leal

@eldiabloesdios

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