¡Conejo anunciado!

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¡Conejo anunciado!

Nugatorio título referido a la consumada, intencional ‘tomadura de pelo’ a los colombianos, por parte del desalmado, descalificado, zafio subpresidente, que aseguró ajustaría estrictamente su mandato a la Constitución, cumpliría sus promesas, implementaría el Acuerdo de Paz, practicaría la meritocracia, velaría por el desarrollo, progreso de la patria, tutelaría sus intereses por encima de los caprichos, imposiciones del innombrable.

Palabras, Palabras, Palabras, tan sólo Palabras…

Hipócrita cháchara incumplida, extendida a la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que revocó la inhabilitación dispuesta por el defenestrado, despreciable, marrullero, Alejandro Ordóñez, contra el exalcalde, Gustavo Petro, como competidor político; decisión contraria a artículo 23 de la Convención Americana de DH, del que se deduce que: Una autoridad no judicial -como la Procuraduría- al imponer la suspensión de derechos políticos, viola dicha canon, el cual solo procede, luego de surtido un proceso penal regido por juez competente.

Ordenó -al respecto- adecuar el ordenamiento jurídico, reasignando ‘la facultad de destituir, inhabilitar, suspender funcionarios electos’; a los jueces penales u otros equiparables a la susodicha especialidad, exclusividad, singularidad. Mandamiento tácitamente soslayado -con total desfachatez- por el incapaz, maleable, minúsculo advenedizo -demencial saltimbanqui-, mascarón de proa del despiadado, vociferante mentor.

Titiritero que encartó al país con tamaño gaznápiro carroñero, un fiasco, eructo, falto de clase, crédito profesional, quien pretextando una insentida preocupación, dizque, por una inminente impunidad (endémica en nuestro caso) de infinidad de empolvados procesos, acudió al previamente enmermelado Congreso, para investir -mediante un pase mágico- como jueces, a 500 funcionarios dependientes de la condescendiente Procuradora -de bolsillo-, que se declaró sometida a ‘nuestro’ Gobierno. Confesión que dinamitó -ipso facto- la independencia consagrada literalmente por la Constitución.

¿Quién ronda al juez disciplinario? ¿Podrá serlo el ablandado, abyecto, cómplice, desacreditado Congreso? Lo dudo. Copartícipe del festín aprobado en forma exprés -en medio de la estrechez económica- sin estudio, sin priorizar el gasto -$47 mil millones-.

Aberrante, canallesca, consentida, imperdonable, impúdica, monstruosa dilapidación; humillante agravio, burla a las necesidades del desamparado, despreciado, hambriento, maltratado, victimizado pueblo, que agoniza en las abarrotadas salas de urgencias, faltas de camas UCI, medicamentos. Prueba -una más- del importaculismo del disparatado heraldo de la imprevisión, indiferencia que brotan a borbotones por sus poros, superando el umbral de lo soportable.

En el marco de las investigaciones, juzgamiento disciplinario de funcionarios de elección popular, se adicionó -entre otras- con la antidemocrática, intransferible función jurisdiccional, de policía judicial, de interceptar comunicaciones. Intimidante, totalitaria práctica ejercitada -inmemorialmente- por el esquizofrénico, odioso innombrable. Ayer no más en el caso de las chuzadas encomendadas al DAS, en las que condenaron como autores materiales, a varios subalternos (confesos) de su Gobierno, volvió -contra evidencia- a negarlas.

Lo que se hereda no se hurta. Duque -fresco como Johnnie Walker- premeditada, intencionalmente prohijó tal medida; deshizo la sentencia de la Corte IDH, que determinó -sin ambages-, que la afectación del derecho de participación política, debe formalizarse mediante el procedimiento indicado. Rebose que pondrá término -acaso definitivo- al ilusorio sueño del Estado de derecho; mástil del velero de la desahuciada ’Charta’.

Artero, sibilino, sinuoso subterfugio -ignorar el derecho interamericano-, luego del claro recalco de la CC, en el sentido que uno de los cometidos medulares del Estado, es el disciplinario, flagrantemente desfigurado por el calamitoso mangante, mediante la recurrente jugadita, sinónima de las esgrimidas por la igualada acémila, zote Macías.

Incumplimiento de sentencia’, que seguramente será evidenciado ante la ONU.

Desaguisado santificado -con algodonadas palabras- por la bancada del converso, diezmado, sumiso vagón de cola del endiosado ‘furibismo’, el consorciado conservatismo que, palabra más palabra menos, calificó de ‘novedosa norma contra la corrupción -olvidando que en casa del ahorcado no se menciona la soga-, agregando: El proceso de escrutinio disciplinario (Yo con Yo), capacidad sancionatoria, debe continuar en la Procuraduría, cuyo control jurisdiccional, brinda las garantías requeridas’.

Le recuerdo al agazapado Partido: Cuando un ciego guía a otro ciego, ambos caen en el precipicio.

Mientras el paralizado país se disuelve, la pradera se incendia, el descalificado, enmudecido, sordo títere -alérgico al diálogo con la crispada, marginal chanda de vándalos (soez calificativo encajado a los jóvenes desempleados, marginados), se preocupa por concentrar más poder; copar las ÍAS, desconoce, excluye que la punta del iceberg es nítidamente su apocalíptico, añejo desgobierno; el ridículo, selectivo amiguismo; el asesinato -imparable- de líderes sociales, defensores de DH, violencia entronizada, fortalecida por el tétrico coche-bomba de Cúcuta.

Frenesí incentivado por la impronta del degradado, miope mequetrefe: ‘Para mis amigos todo; para mis enemigos la ley’.

Bogotá, D.C., 23 de junio de 2021

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mario arias gómez
Abogado, periodista y escritor


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