¿Cuál Paz?

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Por: Bernardo Henao Jaramillo.

Columnista de Opinión

Emmanuel Kant en el tratado la Paz Perpetua expresa “No debe considerarse como válido un tratado de paz que se haya ajustado con la reserva mental de ciertos motivos capaces de provocar en el porvenir otra guerra”, situación que, justamente, ocurrió en el generoso proceso impulsado por Santos con las Farc-Ep para alcanzar un acuerdo para la Terminación del conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera. Motivo por el cual el tiempo transcurrido dio la razón a los colombianos que votaron NO en el plebiscito y que fueron mayoría el 2 de octubre de 2016. La realidad muestra el fracaso total del acuerdo. Nadie puede decir que Colombia vive en Paz.

Y es que sabido es que lo que mal comienza mal termina. Muchos errores se evidencian en ese proceso, vale la pena destacar el permitir que paralelamente algunos de los guerrilleros de las Farc-Ep se desmovilizaran y otros permanecieran en la ilegalidad con el apelativo de  disidencias; uno más, también muy grave, fue  adelantar las conversaciones en medio de los combates, pues tales no fueron suspendidos; y se remató con el desconocimiento de la voluntad popular en el plebiscito e ignorando la máxima según la cual «en democracia el único soberano es el pueblo».

El 24 de noviembre de 2016 se firmó en el Teatro Colón el Acuerdo de Paz entre el gobierno y las Farc – Ep  y a partir de ese momento la historia del país tomó un rumbo incierto. Lo que se construye con trampas no produce buenos resultados. La plenaria del Congreso aprobó el acuerdo negado en las urnas y la Corte Constitucional, quien lo creyera, lo avaló.

Mediante la expedición del Decreto 2027 de 2016 se dispuso la reincorporación de los miembros de las Farc-Ep. Se consiguió en su momento registrar 6.934 guerrilleros concentrados en las zonas especiales creadas con esa finalidad. Hoy, la gran mayoría retornó a la subversión y unos pocos, entre ellos los integrantes del secretariado, gozan de las mieles del poder.

La implementación le correspondió al presidente Duque. Su gobierno hizo un gran esfuerzo para llevarla a cabo, pero el sanguinario alias El Paisa, el alevoso Iván Márquez, el supuesto ciego Santrich y otros subversivos se levantaron nuevamente en armas creando la Segunda Marquetalia. Es con ellos con quienes el gobierno Petro está, equivocadamente, en tratativas dentro del marco de la mal llamada Paz Total.

Un yerro adicional en este proceso. Los subversivos que se sometieron al Acuerdo de La Habana, en caso de delinquir después del 2016, perdían todos los beneficios. Luego, los llamados disidentes no pueden ser sujetos nuevamente de este proceso y de los privilegios que se les concedan.

En agosto de 2022 Petro llega al poder y gran parte del muy promocionado «cambio» es enfocado en un proyecto de la Paz Total. Para conseguirla su bancada logró la aprobación de la ley 2272 de 2022, aunque lo hizo mediante un trámite  muy irregular sobre el cual se pronunciará la Corte Constitucional.

Mientras se produce esta revisión constitucional el gobierno da paso a diferentes procesos de negociación. Se encuentran en curso a más del seguido con las Farc (disidencias)  el adelantado con el ELN y, un tercero, con organizaciones al margen de la ley a quienes el ELN no les permitió sentarse en la misma mesa de negociación que ellos.

De los equívocos e imprecisiones del pasado parece que no aprendieron nada, pese a que a la vista está el aumento de desplazados, homicidios, extorsiones, toma de poblaciones, etc.. Así, conformaron la mesa en medio del conflicto y ni siquiera establecieron la prohibición de secuestrar o «retener», como les gusta decir. En el año de gobierno de Petro los secuestros pasaron de 154 a 293, según lo reveló el propio ministro de defensa Velásquez.

Además, al implementar ceses al fuego el gobierno ha atado las manos de las Fuerzas Militares. Más no ha actuado de igual manera con las disidencias de Mordisco ni con el ELN.

Confirma lo dicho la osadía del último grupo subversivo mencionado al secuestrar a los padres del futbolista Lucho Díaz, ídolo de los colombianos. Y el cabecilla Antonio García salió a decir que el secuestro o «retención» no estaba prohibido, olvidando su consagración como delito en el Código Penal.

En cuanto a las Farc de Mordisco se levantaron de la mesa de negociación unilateralmente  y protagonizaron un grave suceso en El Plateado, Cauca, donde forzaron a la población a sacar al ejército de la zona.

Y como este se han presentado mas incidentes. El gobierno les ha permitido absolutamente todo.

La paz total se está cayendo a pedazos y el territorio colombiano se comienza a desmembrar peligrosamente.

Un país que no reacciona ante las humillaciones a las que someten a sus FFMM y de Policía está condenado a ser esclavo de los subversivos. Y su epitafio será la famosa frase de Séneca: «No hay viento favorable para el que no sabe hacia donde va».

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Bernardo Henao Jaramillo
Bernardo Henao Jaramillo

Abogado e investigador


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