Por Rafael Rodríguez-Jaraba*
Lo que está en juego el próximo 31 de mayo no es la elección de un presidente, es la continuidad de la democracia o, la implantación del comunismo; fallido, regresivo y anacrónico modelo que siembra ilusiones y esperanzas, y solo cosecha violencia, frustración y miseria. De ahí la decisiva importancia que la nación entera concurra a las urnas a ejercer su derecho al voto y a ratificar su vocación democrática.
Por mi parte, en defensa del Estado de Derecho y, con profunda convicción cívica, jurídica y académica, votaré por Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo, quienes encarnan la esperanza de una patria mejor, en la que se destierre la corrupción, el desgreño y la ineficiencia, y se entronice la virtud, la pulcritud y la diligencia.
Si bien he sido afecto a la política de Seguridad Democrática del expresidente Álvaro Uribe Vélez y simpatizante de la doctrina del Centro Democrático, mis principios, valores y convicciones no me permiten apoyar con mi voto a la senadora Paloma Valencia, a quien le reconozco sus holgadas capacidades y méritos, pero no reconozco la manera extraña e inexplicable como fue elegida candidata de esta agrupación, y deploro su acompañamiento por parte de solapados corifeos de Juan Manuel Santos y, además, por la infortunada designación de su fórmula vicepresidencial, la que antes que sumarle votos le resta.
Mientras que Abelardo de la Espriella busca restablecer el orden y preservar la democracia desterrando los vicios que la aquejan, el señor Iván Cepeda, candidato de la izquierda radical, pretende hacerse elegir en ella para luego destruirla e implantar la anarquía. Que no se olvide que el señor Cepeda ha sido incondicional camarada y defensor de las Farc y de Iván Márquez, y fungió como protector de Jesús Santrich y de otros tantos criminales.
Sobrecoge la falta de reflexión de muchos ciudadanos ingenuos o incautos que aún siguen apoyando a Petro y dócilmente se plegarán a votar por su sucesor. También sobrecoge, la malevolencia de sujetos como Ernesto Samper Pizano, que apoyan y piden votar por el ideólogo de la mal llamada “Paz Total” que busca perpetuar la violencia y la impunidad.
De ganar Abelardo de la Espriella, la tarea que le espera es monumental, desafiante y demandante. Tendrá que diseñar y articular una reforma estructural que corrija las desigualdades sociales que dividen la nación. Deberá ser implacable en la lucha contra la corrupción, solvente en economía, austero y acendrado en administración, afecto a la planeación, obcecado por la educación, paladín del orden y respetuoso de la ley y la justicia, sin cejar, en la guerra frontal contra el narcotráfico y el terrorismo, y menos, en la lucha contra la pobreza y la exclusión.
Para acortar el camino al desarrollo, Abelardo de la Espriella deberá renunciar al conformismo que depara la evolución previsible de un modelo económico conservador, incapaz de modificar la realidad del mercado y tan solo bueno para atacar los efectos y no el origen de la causa de los problemas.
La meta de su mandato deberá ser, la construcción de un nuevo modelo audaz y sostenible, capaz de provocar expansión económica, dinamizar la generación de empleos, resolver las necesidades de la población vulnerable, redimir el sistema de salud, universalizar y despolitizar la educación, recomponer la justicia y restituir la capacidad de las fuerzas militares y de policía, para así, poder ambientar la paz que asegure la gobernabilidad.
Respetando con celo la iniciativa y la propiedad privada, deberá detener la concentración de la riqueza y mejorar la redistribución de ella; solo así logrará consolidar la democracia y desterrar la demagogia populista que asola la región.
Cerrar la brecha entre pobres y ricos es urgente y no da espera, pero hacerlo otorgando subsidios y subvenciones paternalistas que aumentan el déficit, el endeudamiento y los impuestos, es engañoso y peligroso.
La política fiscal en Colombia es gravosa, irracional e inequitativa, causa desigualdad, obstruye el crecimiento, desalienta el empleo, castiga el consumo y otorga injustos beneficios a sectores solventes, por lo que, para promover la inversión, reducir la pobreza, aumentar la demanda y alentar el crecimiento, es prerrequisito que el nuevo Gobierno reduzca la carga impositiva, estirpe la elusión y la evasión fiscal, y elimine los impuestos al empleo, al consumo de bienes básicos y a la formalidad.
El gobierno de Abelardo de la Espriella bajo el liderazgo de José Manuel Restrepo tendrá que acometer una reforma fiscal inspirada en equidad vertical y horizontal, en la que los impuestos sean proporcionales y progresivos al ingreso y reducidos de ellos la canasta familiar, la salud, la educación, la vivienda, los combustibles, los bienes de capital, los servicios públicos domiciliarios, así como aquellos bienes que el país no produce o cuya producción es insuficiente.
También deberá restituir la competencia en el mercado financiero, modificar la metodología de cálculo de las tasas de interés, acabar los abusivos costos bancarios y detener la escalada de precios concertada por sectores protegidos que abusan de su posición dominante.
Una tarea tan compleja y exigente, demanda carácter, valor y formidables capacidades, cualidades y virtudes, de ahí la necesidad de elegir a Abelardo de la Espriella quien las reúne, y para lograrla, deberá conformar un gobierno en el que converjan las mejores y más esclarecidas inteligencias del país.
Invito a mis lectores a defender la libertad y el Estado de Derecho, votando por Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo, y así asegurar que los mejores días de Colombia estén por venir.
Colombia no puede seguir renunciando a sus tradiciones, principios y valores por oscuras conveniencias.
*Rafael Rodríguez-Jaraba. Abogado. Esp. Mg. LL.M. Litigante, Consultor Jurídico. Asesor Corporativo. Árbitro Nacional e Internacional en Derecho. Catedrático Universitario. Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.







