Terquedad y Lucha de Clases

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Por:  Ariel Peña.

El  pasado 15 de agosto, se reunió con el presidente en el Palacio de Nariño, la denomina “Coordinadora Nacional para el Cambio”,   de la que también hacen parte las centrales sindicales CTC y CUT, en donde acordaron realizar una movilización en apoyo al gobierno  el próximo 20 de septiembre; en atención a lo cual no se necesita hilar muy fino, para saber que dicha convocatoria se convertirá en un nuevo fiasco, como las 7 anteriores que se han realizado desde el 15 de noviembre del año pasado, y que demuestran el poco apoyo que tiene Gustavo Petro en la calle, algo que nadie se atrevía a vaticinar hace algunos meses; sin embargo la terquedad comunista no tiene límites y acompañada de sus idiotas útiles, que nunca le faltan, sigue insistiendo de manera irracional en su lucha de clases.

El  común denominador de la secta marxista leninista es el odio, de ahí la consigna que ha enseñado el comunismo totalitario en su condición más troglodita, a sectores ignorantes y atrasados que ha influenciado, acerca de que para ser un buen revolucionario “hay que amar al pueblo y odiar a su enemigo”, pero  ¿cuál pueblo? Si  la fauna comunista  tiene su propia semántica y, al término pueblo le colocan un significado diferente del que conocemos  el resto de mortales. Indiscutiblemente el odio es un patrimonio inamovible del marxismo, por ello no se explica en la lógica, las posturas hipocráticas de los miembros de ese engendro, dado que para que exista la lucha de clases debe haber un   odio ilimitado.

Hasta donde se sabe, ni las Farc ni el Eln piensan abjurar de la lucha de clases, tampoco el resto de mamerteria que abraza el esperpento marxista, pues la diabólica lucha de clases según las entelequias totalitarias es el motor de la historia, entonces la batalla de ideas se tiene  que poner al orden del día, para frenar las intenciones hegemónicas comunistas que buscan avasallar al verdadero pueblo colombiano, y por ello no hay que confundir la lucha de clases con la lucha social.

La lucha social es inherente a  la casi totalidad de los seres humanos, porque durante nuestra existencia tenemos necesidades tanto materiales como espirituales, lo que significa que las personas nacemos con necesidades, trascurre la vida en medio de esas necesidades y hasta la muerte de una u otra forma necesitamos del apoyo   de los demás, por lo cual la vida es una lucha permanente; entonces como diría un dirigente de la Segunda Internacional de los trabajadores a finales del siglo XlX: “ el movimiento lo es todo, el objetivo final, no es nada”, con esa afirmación se desenmascararon  los dogmas absolutistas de Karl Marx.

La lucha de clases planteada en el Manifiesto Comunista en 1848,  promueve  un ajuste de cuentas o vendetta, en donde supuestamente se pretenden vengar las injusticias cometidas en toda la historia. Para ello los seguidores de la cáfila marxista en  sus diferentes  denominaciones por la concepción mágica  de ese engendro, se creen iluminados para dominar a sus semejantes, creando dictaduras a perpetuidad  con ejemplos claros en Cuba, Norcorea, Nicaragua, Venezuela, China y Vietnam,  y  en Latinoamérica quieren imponer  la misma fórmula  con el socialismo del siglo XXl y el foro de Sao Paulo. Desde luego Colombia hace parte del proyecto totalitario, y de ahí que se continua con la combinación de todas las formas de lucha, en donde las bandas narcoterroristas de las Farc  y el Eln son parte importante del entramado, con  la proclamada “paz total” o sin ella.

Una cosa es la lucha social movida por nobles ideales  para el bienestar de las gentes y, otra muy distinta es la  lucha de clases que utiliza medios perversos  para instaurar  una esclavitud permanente en contra de los pueblos. Porque las clases existen en la Zoología y la Botánica con  los animales y las  plantas, pero los seres humanos somos únicos e irrepetibles, y  a las diferencias sociales y económicas hay que darles el titulo de estrato o nivel, pero nunca de clase, porque la terminología marxista no solo impulsa el odio, sino que busca con la violencia llevar a confrontaciones crueles, igual al caso colombiano en donde el comunismo totalitario le declaró hace más de 60 años la guerra al estado y a  la sociedad,  para tomarse el poder, utilizando sus bandas armadas.

El mito de la lucha de clases se basa en el fetiche del materialismo histórico, en donde hasta  el sátrapa de Mao Zedong,  decía que esa era  una ley objetiva  independiente de la voluntad del hombre; semejante exabrupto es propio de la fantasía enfermiza y burocrática producida por el marxismo, pues el oscurantismo del comunismo totalitario no tiene en cuenta  el pensamiento ni el querer de las personas, sino que como cualquier secta fundamentalista   cree de manera cerril en la superstición, cuando menciona al materialismo histórico y la  inevitabilidad, como leyes determinantes, cambiando a veces la táctica, pero sin renunciar a la estrategia.

De la misma manera  que  el marxismo leninismo en una forma mendaz, dice luchar a favor de los pobres y en contra del capitalismo (que tiene diferentes acepciones), el nazismo y el fascismo también manejaban esa predica falaz, visto que tanto Hitler como Mussolini hablaban a favor de las masas necesitadas antes de llegar al poder, lo que significa que desde la visión del marxismo leninismo este par de genocidas podrían aparecer  también como  “padres del proletariado”.

El comunismo en Latinoamérica amenaza la democracia, usando diferentes marcas,  para descrestar ingenuos, principalmente porque las viejas oligarquías que han parasitado con el manejo del estado durante largas décadas,  tienen un  complejo de inferioridad ideológica(caso colombiano) frente al marxismo, de pronto asustadas con la monserga comunista del materialismo histórico y la inevitabilidad, creyendo el cuento tonto de que el futuro de la humanidad es del  socialismo basado en el marxismo, por ello dichas oligarquías más preocupadas en sus privilegios que en el futuro de sus países, no le han dado la lucha ideológica al comunismo totalitario; entonces  esa tarea le corresponde hoy por hoy a las capas medias de la sociedad unidas con los sectores populares, y también a los estamentos nacionales e internacionales interesados en defender la libertad y la democracia, porque si hay algo que asusta a los marxistas  es el debate ideológico, puesto que eso los paraliza, porque son huérfanos de argumentos para defender el bodrio marxista.

Al marxismo leninismo hay que marginarlo de la lucha social,  que es diametralmente opuesta a la tal lucha de clases, pues  las reivindicaciones  de los pueblos no pueden ser usurpadas por el totalitarismo, cuyos miembros buscan con el poder político, montar dictaduras oprobiosas, envileciendo a las masas y  echando para atrás la rueda de la historia; de ahí que hay que destacar que en Colombia se empieza a consolidar la movilización social de una manera destacada, como la que se va a realizar el próximo 28 de agosto por el aumento  en el valor de la gasolina.

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Ariel Peña
Ariel Peña

Columnista, Escritor. Presidente de la federación Sindical UTRECOL


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