“Tras de cotudo…,”


 

 

Por: mario arias gómez.

R

astreaba en la columna anterior, el desafortunado, irracional, reproblable comporte del ensoberbecido, gazmoño, patético verdugo de Colombia -dicho con todas las letras-, respecto al mortífero coronavirus, resultas que el país y el mundo empiezan apenas a asimilar, como a esclarecer el oscuro, torcido origen del pávido leviatán que, cual Frankenstein redivivo, emergió -al parecer- gestado igual en un laboratorio, y escapado de él premeditada, subrepticiamente.

Fragosa leyenda que los Sherlock Holmes criollos -célebre detective inglés de finales del siglo XIX- confío la desentrañen, esclarezcan. Engendro que irrumpió en al despótica, intolerante China, el 17 de noviembre/2019, con el primer paciente localizado, reconfirmado en diciembre con 27 más, internados en el hospital Zhongnan, de la Universidad de Wuhan (provincia Hubei), lo que prendió la alarma. En Bogotá afloró el 6 de marzo/2020, lo que llevó a la alcaldesa -sin pérdida de tiempo-, a decretar -ipso facto- el simulacro de aislamiento -asesorada por expertos dedicados a monitorear las pesquisas de la OMS, que el 11 de marzo/2020 elevó la plaga a PANDEMIA.

Entre tanto, el obtuso, sonámbulo, hórrido Presidente -que sobresale por su impericia- de la mano de la desmañada min-Interior, a desgano prescribió -17 de marzo/2020-, el ‘estado de emergencia social’, para luego de 18 eternos, tardíos, dilapidados días -a rastras de la alcaldesa- replicar a partir del 25 de marzo la cuarentena nacional, no sin exteriorizar, el estólido, opacado lacayo, los recónditos celos, incomodidad con el liderazgo asumido por la audaz mandataria, que no se arredró ante la espeluznante, sombría calamidad que, en forma creciente, aflige, inquieta, perturba -sin excepción- a los conciudadanos.

Con ciego entusiasmo, el tambaleante Gobierno, a sabiendas del riesgo cierto del devastador covid-19, corrió -en tono amenazante- a armar berrinche contra alcaldes y gobernadores que, frente a la pasividad gubernamental, tomaron oportunas, asertivas, preventivas medidas, mientras la precitada homogénea dupla reivindicaba el manejo exclusivo del orden público, que ninguno les discutía.

‘Solo el que carga el saco sabe lo que pesa’.

Verdad -monda y lironda- que corresponde al Procurador establecer la cuota de responsabilidad -qué no de culpa, pues aquí nunca hay culpables, motivo (uno más) para que cada vez menos compatriotas crean en la justicia-, por subestimar, minimizar la gravedad, como la tardanza en preceptuar normas que frenaran la expansión del flagelo y muertes que pudieron evitarse, esto, si le saca tiempo a la campaña presidencial en que aparentemente anda zabullido.

Inercia con cargo al mediático ‘mastodonte’ que, amparado en que “mal de muchos, consuelo de tontos”, no se allana a pedir excusas por las demostradas: ineptitud, incapacidad, que posibilitaron que el apocalíptico, tenaz azote tomara vuelo, sin prever las derivas, grotescamente maquilladas con sus habituales, repetidas sandeces para consumo de almas cándidas, invariablemente atosigadas, fastidiadas.

Hoy, al muy ufano, irresponsable ‘personaje’, no hay quien lo calle. Sus soñados, inconexos, insostenibles, inejecutables exabruptos, tienen paralizado el aparato productivo del país, activada el hambre, miseria, incertidumbre, detonantes de la explosión social en ciernes.

Remolcado por la alcaldesa y sus simétricas decisiones, causa del escozor, incomodidad del ramplón mandatario que, con las gafas de la doble moral puestas, lo impulsaron a estorbarla perversamente, a implementar -a regañadientes- sus inocuos pañitos de agua tibia, más por reacción que por previsión, requiriendo -de paso- el desueto ‘concepto de legitimidad en el ejercicio del quehacer político’.

Insolvencia que pesa como un saco de plomo en la báscula de la verdad.

Con machacona insistencia, el victimizado pelafustán, persiste en exhibirse con la artificiosa, paternal máscara de ángel guardián que vela por los acuartelados, enjaulados ‘abuelitos’, en vez de llamarnos -sin diminutivos- como lo que somos, VIEJOS; vocablo homologado con sabiduría por muchas culturas, cuyas opiniones son respetadas y tomadas en cuenta; mantra con el que, compasiva, porfiadamente insiste en guarecernos con “medidas especiales”.

‘Tras de cotudo, con paperas’. El incondicional ‘parcero’ del Ñeque -(negado ahora), con quien olvidó haberse estrechamente abrazado en la fiesta privada (enero 06/2019), con motivo del cumpleaños de Valledupar-, quien frente al infausto, calamitoso, paralizante, incontenible coronavirus, plagió, halado -esta vez- por la acertada conducta de las autoridades departamentales y municipales que, enmendaron adecuada, pertinentemente, sus: marasmo, indiferencia, morosidad, bandazos de  ciego, enfrentando el miasma con órdenes convenientes, eficaces, tangibles: toque de queda, ley seca, distanciamiento social, confinamiento en el hogar, que es lo que suponían -válidamente- inmuniza a la gente.

¿Será -a la sazón- excesivo, impropio, injustificable calificar -por lo visto-, de inaprensivo, inepto, tardío, evasivo al Presidente?

No creo, honradamente, con respeto por los incorregibles alzafuelles.

08/04/2020

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