La Lucha contra la Corrupción y la falta de Apoyo de las Organizaciones Sociales

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Por: Eduardo Padilla Hernández, abogado, presidente de Redvigila.

 

En su obra El Príncipe, Nicolás Maquiavelo (1469-1527), hace 496 años, parece que se hubiese referido a los clanes colombianos, pues dice que “Un pueblo que acepta pasivamente la corrupción y los corruptos no merece libertad. Merece la esclavitud. Un país cuyas leyes son indulgentes y benefician a los bandidos no tiene vocación de libertad.

Su gente es esclava por naturaleza. Un pueblo cuyas instituciones, públicas y privadas, están en gran parte corrompidas, no tiene futuro. Sólo pasa. Una nación, donde la sociedad civil supuestamente organizada no mueve una paja si no hay posibilidad de ganancias, no es capaz de legar nada a sus hijos, excepto días oscuros. Una patria, donde recibir dinero malo a cualquier título es algo normal, no es una patria, porque en ese lugar no hay patriotismo, sólo intereses y apariencias. Un país donde los pocos que se esfuerzan por hacer prevalecer los valores morales, como la honestidad, la ética, el honor, son asfixiados y masacrados, ya cayó al abismo hace mucho tiempo. Una sociedad donde muchos hombres y mujeres se conforman con distracciones sórdidas, en un trance profundo, no merece existir. Solo tengo piedad de esas valientes personas que se rebelan ante este estado de cosas. Para aquellos que consideran normal esta calamidad, no tengo sentimientos. ¡Qué peligroso es liberar a un pueblo que prefiere la esclavitud!”. Nicolás Maquiavelo, tan antiguo y tan actual.

Los clanes colombianos operan como un sólo clan, pues todos marchan en la misma dirección.

Su estrategia política está basada en el miedo a la inseguridad, al terrorismo, al paro, a las enfermedades, a la violencia, a la pobreza, al castrochavismo, al comunismo, al socialismo, pero sobre todo a los candidatos de color negro; este es su peor miedo.

Los clanes odian el color negro, pero aman sus propias negras intenciones.

Tramaron un complot para matar al presidente, pero se arrepintieron por miedo a que los gobernara una negra.

Ahora Petro le debe la vida a Francia Márquez.

Como todos los pertrechos del miedo han fallado, ahora están disparando cañonazos de mentira que se esparce, como fósforo blanco, por la homogénea atmósfera mediática.

Mientras, en la nave del tiempo, la mentira le da la vuelta al mundo en una semana, la verdad apenas comienza a ponerse los zapatos ferragamos.

Y es así como la infamia se convierte en una herramienta efectiva, en un ingrediente activo de la vida política en la democracia colombiana.

Estas anomalías se deben a que existe un vacío, en la Constitución y las leyes, el cual permite que sujetos de dudosa reputación puedan fungir como funcionarios públicos y periodistas, sin ser judicializados.

Es alarmante como determinados líderes políticos, partidos y periodistas, usan falsedades para transmitir, con desparpajo y sin ambages, toda la baba difamatoria contra sus adversarios.

La apatía social es un sentimiento o estado de desinterés y desmotivación que sienten los ciudadanos del común social por los problemas y los conflictos de su país; las personas socialmente apáticas no se interesan por los temas políticas o la cultura general.

La apatía puede afectar negativamente y tener consecuencias en el ámbito familiar, laboral y de relaciones de pareja.

Cuando una persona sufre esta indiferencia, por lo general, reduce su interacción social y pierde el interés en los planes con los demás.

Algunos organismos como Registraduría, Contraloría, Fiscalía, personerías y medio ambiente, entre otros, no actúan con la celeridad pertinente, porque sectores como salud, educación, religioso, empresarial, líderes sociales, acciones comunales, periodistas honestos, abogados organizados, universidades y colegios, aunque no todos, demuestran apatía social.

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Eduardo Padilla Hernández
Eduardo Padilla Hernández

Abogado, Columnista y Presidente Asored Nacional de Veedurías


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