La importancia de la arborización


 

Una ciudad es un conjunto de redes y construcciones.  Vías -que son como cintas extendidas, por las que circulan vehículos y personas-, cables de la energía eléctrica, redes de gas, teléfono y fibra óptica, tuberías del acueducto y el alcantarillado; todas ellas como venas que nutren a casas y edificios.

Este entramado se complementa con parques, plazas, senderos, ciclo rutas.  Espacios que garantizan distracción y reposo, que son, en medio del agite urbano, lugares de encuentro, reunión, y actividad deportiva.

No obstante, ¿qué es una ciudad en el sentido más orgánico? Una ciudad es tierra, vegetación y piedras, apelando a una acepción simplista.  Y, ¿quienes la habitan? Seres que dependen de esa naturaleza, para respirar, comer y beber, es decir, para vivir.

La arborización en una ciudad cumple un papel vital.  Es un referente estético: son infinitamente más bellas las ciudades bien arborizadas, cuyo boscaje crece libre y sano recostándose contra las fachadas de las edificaciones,desarrollándose en poblados parques que dan sombra y sosiego, o erguido en avenidas que son, ellas mismas, un recuerdo de lejanos montes.  Los árboles son la naturaleza misma en medio de lo construido: fábricas de aire;  nidos de aves e insectos; receptores del viento y de la lluvia; productores de sonidos que nos aportan tranquilidad, reservorios de la humedad que nos devuelven en temporadas de sed.

Resulta que, por razones inexplicables, en Pereira los árboles no prosperan.  Frecuentemente son mutilados al momento de alcanzar la altura de las redes eléctricas, con el argumento –falso, a juzgar por lo que se puede ver en otras ciudades- de que las ramas ocasionan daños y cortos eléctricos.  Permanentemente se están haciendo cambios de especies, momento en el cual toda una arboleda, consolidada y en buen estado de salud, es arrancada de su sitio para sustituirla por otra que apenas empieza a brotar.

Nuestra arborización en el perímetro urbano es deficiente, mal planificada y poco cuidada.

Estamos insertos en un exuberante espacio natural, rodeado de bosques y aguas, pero la ciudad construida es gris, triste, desprovista de sombreo, carente de la pureza del aire y de la belleza, cualidades de una flora bien seleccionada.

No se necesita mucho empeño para poblar la ciudad con una buena selección de plantas,en nuestro caso vigorosas y  prolíficas.  Parece grande el esfuerzo requerido para contener el afán de podar  y arrancar.  La normatividad en este sentido existe, ¿por qué no se cumple?

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