
Por Eduardo Padilla Hernández
Colombia perdió hoy a uno de sus hombres más inteligentes. Germán Vargas Lleras murió este 8 de mayo a los 64 años, tras luchar contra un tumor cerebral. La noticia enluta al Congreso que lo vio debatir, a los ministerios que dirigió y a las 100 mil familias que recibieron casa propia en su programa de viviendas gratis. Pero enluta, sobre todo, a quienes lo conocimos sin cámaras. Yo tuve ese privilegio.
El político que fue a Cereté a escuchar
Lo recuerdo llegando a Cereté, Córdoba, para unos actos académicos. Llegó sin escoltas de más y sin discurso acartonado. Llegó a escuchar. Ese día me pidió que le presentara a mis amigos, Saibis y Chave Martínez. Quería saber de la región por los cereteanos, no por los informes de Bogotá.
Se sentó con ellos, preguntó, debatió y se rió. Ahí entendí por qué era temido en los debates del Senado: porque primero escuchaba. Porque respetaba la inteligencia del otro, fuera un ministro o un ganadero. Porque llegaba estudiado. Nieto de Carlos Lleras Restrepo, nunca se creyó el cuento de la cuna. Se ganó el respeto peleando, haciendo y estudiando.
El intelectual que prologó mi libro
Años después me honró prologando mi libro Las ONG ambientales en Colombia. Lo hizo con rigor y tesis propia. Leyó, criticó y aportó. Me dijo: “El país necesita ONG serias, no negocios con poncho”. Esa frase resume su forma de ver lo público: exigente, directo, sin adornos.
Ese prólogo es hoy uno de sus últimos textos. Lo guardo como testamento de su lucidez hasta el final.
El legado en cifras y en afectos
El país recordará al vicepresidente 2014-2017, al ministro del Interior y de Vivienda, al senador quirúrgico en los debates. Recordará las Autopistas 4G que conectaron Colombia, la Ley de Víctimas que ayudó a tramitar y las 100 mil viviendas gratis que cambiaron la vida de los más pobres.
Yo recordaré al amigo que se tomó un tinto en Cereté con Saibis y Chave. Al que me corrigió un párrafo del libro a las 11 de la noche. Al que entendía que la política, si no sirve para unir a la gente, no sirve para nada.
Dolor compartido
Este gran dolor lo compartimos con Luz María y Enrique, como también con José Antonio y su hija Clemencia, y con todos los familiares y amigos de siempre. A ellos, un abrazo solidario. Germán fue hijo, hermano, padre y amigo antes que figura pública. Y en ese rol deja el vacío más hondo.
Se fue un hombre inteligente. De esos que ya no hacen. Y aunque hoy el país está de luto, quienes lo tratamos sin micrófonos tenemos un consuelo: lo conocimos de verdad. Y eso no nos lo quita la muerte.
Buen viaje, Germán. Tu inteligencia queda en tus obras. Tu amistad, en nuestros recuerdos.









