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Administrar las Diferencias: La Lección del Imperio Otomano para Colombia

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Por: Eduardo Padilla Hernández

Durante 600 años, de 1299 a 1922, el Imperio Otomano gobernó tres continentes. No lo logró por la fuerza solamente. Lo logró porque entendió algo que hoy nos urge en Colombia: saber administrar las diferencias.

En su momento más grande, ese imperio tenía musulmanes, cristianos, judíos, armenios, árabes, turcos, griegos y balcánicos viviendo bajo el mismo Estado. En lugar de imponer una sola forma de pensar, crearon el sistema «millet». Cada comunidad tenía sus propias leyes, escuelas, hospitales y jueces. El pacto era claro: lealtad al Estado y cumplimiento de deberes. A cambio, el Estado garantizaba justicia, seguridad y respeto.

Funcionó por siglos. Falló cuando el centro dejó de cumplir su parte.

¿Y qué tiene que ver eso con Colombia?

Colombia es también un país de diferencias. Somos regiones distintas, culturas distintas, creencias distintas. Tenemos campo y ciudad, costa y montaña, indígenas, afrodescendientes, campesinos y empresarios. Tenemos memorias distintas de lo que ha sido este país.

El gran reto no es borrar esas diferencias. El gran reto es administrarlas, como lo hicieron los otomanos en su mejor momento.

Administrar las diferencias significa tres cosas:

1. Reconocer al otro
No se gobierna negando. Se gobierna entendiendo que el país no es uno solo. El Estado debe llegar con las mismas reglas, pero con respuestas distintas según el territorio y la gente. Lo que sirve en Bogotá no es igual a lo que sirve en el Chocó o en La Guajira.

2. Cumplir el pacto
El «millet» otomano se rompió cuando el tesoro central dejó de pagar y de prestar servicios. Un país se rompe cuando el Estado promete y no cumple. Cuando la salud, la educación y la justicia no llegan, la gente busca por su cuenta. Y ahí empieza la fragmentación.

3. Construir desde lo común
Los otomanos duraron porque encontraron puntos comunes: comercio, leyes básicas, defensa. Nosotros tenemos que encontrar los nuestros: la Constitución, el respeto a la vida, la democracia y la oportunidad. Desde ahí se negocia todo lo demás.

No se trata de copiar un imperio del pasado. Se trata de aprender su lección central: ningún país diverso sobrevive si se gobierna con uniformidad. Sobrevive si se gobierna con equidad.

Colombia no necesita menos diferencias. Necesita mejores instituciones para tramitarlas. Necesita un Estado que no tema la diversidad, sino que la organice.

Así como el Imperio Otomano nos enseñó que se puede vivir juntos siendo distintos, también nosotros debemos aprender a vivir con esos criterios.

Porque un país no se quiebra por ser diferente. Se quiebra cuando se niega a administrar esa diferencia.

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La Otra Cara es un portal de periodismo independiente cuyo objetivo es investigar, denunciar e informar de manera equitativa, analítica, con pruebas y en primicia, toda clase de temas ocultos de interés nacional. Dirigida por Sixto Alfredo Pinto.


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