¡El país de Jauja ‘duquista’!

Por: mario arias gómez.

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untualicé la semana pasada, cómo el empenachado Presidente abandonaba la cimera posición de primer magistrado, como la voceada oferta de convertirse en símbolo de unión y reconciliación de los colombianos todos, promesa, flor de un día, desde el mismo momento de la aguada posesión, no solo por el torrencial aguacero que la acompañó, sino por la catilinaria que por encargo leyó el uribedependiente y medroso presidente del Congreso, concebida con prohibitivo, protervo y soez léxico, que contagió al presidente Duque, quien lleva meses usándolo, esta vez, contra un innombrable que tacha de ‘bandido’, ‘mafioso’, ‘narcotraficante’

Agresivos, descomedidos e impertinentes improperios, con el que acicala ante una absorta y desconcertada audiencia sus intervenciones, lanzados con impostada y monocorde excitación, en horario triple A, contra un extraditable ‘sub judice’, a quien como juez y parte -que no le es dado arrogarse- condenó, a imitación del loado y enrocado mentor, tristemente célebre por las CONVIVIR, falsos positivos, ‘chuzadas’ a la CSJ, extendidas a opositores y periodistas desafectos, que ha intentado vanamente desvanecer.

Rústico, irredimible exmandatario que, filtró astutamente una llamada a la ‘Mechuda’ -el satanizado Luis Fernando Herrera-, al que, descompuesto, intimó: “Te voy a dar en la cara, marica”; agregando: “Ojalá estén grabando esta llamada”. Prédica con la que sagazmente, buscó desviar la atención sobre el escándalo ocasionado por las ‘pinchadas’, que la ‘Coneja’ exdirectora del Das, purga en una fría mazmorra, mientras él duerme en libertad, plácidamente.

“Lo que se hereda no se hurta”, dirá el nefasto e inexperto alumno, cuyo indecoroso, Incorrecto y rastrero vocabulario de lupanar, se convierte en habitual manera de descalificar contradictores; discordante con la majestad y dignidad del cargo que le quedó, definitivamente, grande, sin duda.

Sus ofídicos pregones -sin sustancia- reseñados, plagado de lugares comunes, desdicen de su conducta, circunspección y formación, que falsean e inhabilitan los fingidos llamados a la unión -enmascarados de patrióticos-, apaciguamiento, perdón, a la paz, al quimérico diálogo nacional, a las plurales fuerzas políticas, para que faciliten -gratis- las reformas estructurales del Estado, justicia, lucha contra la corrupción; reconstrucción de la economía; enfermiza blablablá resumido en el galimatías de la ‘economía naranja’, con sus ríos de leche, miel y mantequilla. Perorata que polariza, aleja -cada vez más- la gobernabilidad, cae en el vacío, como cayeron: La agenda legislativa, las objeciones a la JEP, el prohibicionismo de las drogas.

Agréguese la desafiante distorsión, el desacato de los fallos judiciales, como acaba de ocurrir con las absurdas, incoherentes y fracasadas objeciones, a seis de los 159 artículos de la ley de Jurisdicción Especial para la Paz, salidas del caletre del controvertido exfiscal Martínez, sustanciadas tramposamente por los anodinos, Presidente y Secretario del Senado, que echaron mano de una amañada, lunática, fraguada, injurídca y reprochable interpretación del reglamento, al  punto de tutelar la decisión que al respecto tomó soberanamente la Cámara, aduciendo los precitados, que el recurso buscaba prever tropiezos de legalidad futuros, avivando la tensión entre amigos y enemigos del Acuerdo de Paz.

Objeciones dirimidas oportunamente, con atroz claridad, por la CC que legitimó -con un entierro de tercera- su hundimiento.

Deprimente traspiés para el dependiente presidente Duque, que no atina una, que camina sin rumbo, sin norte a la vista, sin saber para dónde, ni para qué, ni por dónde, quien tampoco engancha con el engatusado pueblo que lo eligió, cuyos frustrados anhelos, ilusiones, dejan la fundada impresión, de que el Presidente no sabe dónde está parado, ni percibe el desencanto causado. Babel que verifica el preámbulo con el que ‘adornó’ la sanción de la Ley, al insistir en la “validez, firmeza y determinación, sin aspavientos y sin dubitaciones” de sus razones, en desmedro de la institucionalidad, del acatamiento de las decisiones judiciales, génesis del estado de derecho que no les es dado soslayar, y exige -como al que más- respetar, obedecer, así, íntimamente no las comparta.

Resulta igualmente patético, el fallido intento de contrarrestar la creciente reprobación que registran las encuestas, con el uso del espejo retrovisor que juró ignorar; el populismo politiquero que -con suicida ingenuidad- lo indujo a distorsionar arteramente las objeciones a la JEP; el ‘libre desarrollo de la personalidad; poniendo en boca de las Cortes, lo que nunca dijeron; insinuando excesos no contemplados; desfachatez más dañina que las propias sentencias, que por absurdas que parecieran, no desinstitucionalizan, como las apócrifas y torcidas argumentaciones -claramente disciplinables- que ponen en cuidados intensivos la Constitución, ente coaccionado por la ‘Espada de Damocles’ de la Constituyente.

Quito (Ecuador) 19 de junio/2019

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