Si, Si, Colombia…Si paz, No circo

Fernando Álvarez

 

La firma de la paz o más exactamente la firma del pacto para poner fin al conflicto armado con la cúpula de las FARC, por donde se le mire, es lo mejor que le puede pasar a Colombia. No es la paz. Es un paso. Esa firma en si misma no garantiza automáticamente la paz en en el país. Ni siquiera es la paz imperfecta que algunos defensores del Si pregonan, pero desde luego que es un avance hacia la paz. Sí en los estrados judiciales la máxima es que es mejor un mal arreglo que un buen pleito, pues se habrá avanzado. Sí en las coyunturas históricas a veces es mejor el mal menor pues se habrá avanzado. Sí es mejor que las FARC sean partido político y no grupo armado pues se ha avanzado.

Lástima que el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, que quiérase o no ha acertado al intentar la firma con las FARC, se haya equivocado tanto. Otro gallo cantaría si Santos hubiera sido la expresión de un sentimiento democrático con vocación de paz, pero ahora no vale la pena ahondar en desde qué talante burgués o desde qué intereses económicos le dio por impulsar la paz en Colombia. Lo cierto es que le pegó al tablero con una necesidad sentida de la sociedad en general y a trancas y a mochas la va sacando adelante. Y no por no haber surgido de un líder que se puede parecer más a Chamberlain que a Mandela o se pueda identificar mas con Maquiavelo que con  Pepe Mujica, hay que darle la espalada o renunciar a apoyar tamaña iniciativa.

Por eso el plebiscito, que para nadie resulta secreto que es un remiendo para tratar de meterle plebe a lo que nunca la tuvo, porque como recordó Timochenco, al decir de Alvaro Iglesias, “Al pueblo nunca le toca”, hay que votarlo y por el Si, aunque como se ha propagado en esta etapa de la vida nacional toque tragarse toda clase de batracios. Y no es que a la oposición uribista no le asista razón en algunos puntos. De hecho buena parte de las alertas exageradas del expresidente Alvaro Uribe sirvieron para que se ponderaran las discusiones en La Habana, así nadie lo quiera reconocer. Pero en lo que no tiene razón, ni tino, el uribismo es en tratar de ponerle palos a la rueda de la historia cuando los astros, la providencia y las voluntades criollas se enrumban hacia el camino de la paz.

Claro que cuando se ven las cosas que hay que ver, cuando los abanderados del Si son la suma de los Roy Barreras, los Musas y los Ñoños, y los aguerridos agitadores de la paz son los lentejos conservadores o los mermelados congresistas liberales, y los defensores del Si son toda clase de personajes de circo que parecen sacados de la jaula de las locas, da mucha pereza apoyar el Si. Claro que cuando uno escucha que Timochenco dice no tener nada de que arrepentirse y que las FARC no están dispuestas a pedir perdón a los colombianos, da mucha pereza apoyar el Si. Y cuando las FARC dicen que los niños reclutados los tienen para proteger la infancia da mucha rabia tener que apoyar el Si. Y cuando los mamertos creen que el Si es para meter preso a Uribe, da pena apoyar el Si.

Pero con todo lo malos que nos parezcan los protagonistas y con todo lo perversos que sean los intereses de unos y otros, los colombianos también hemos aprendido que lo mejor es enemigo de lo bueno y que tendremos que asimilar sabiamente a Pablo Milanés para creer que esta paz no es perfecta mas se acerca a lo que simplemente soñamos. Y además hay que sacar lo bueno. Por ejemplo hay que destacar la labor juiciosa y dedicada del jefe negociador Humberto De la Calle. Que no parece gavirista porque se nota que se ha leído hasta la última coma de los acuerdos, y que su temperamento conciliador y responsable contrasta con que no haya sido nombrado jefe de la campaña por el Si. Ahí parece que a Santos para no amargarle el Si condicionnal a Germán Vargas Lleras, le tocó sacrificar al jefe natural del SI.

Porque ahora de paso ya comienza a sentirse en el ambiente de paz que aquella idea de que para el 2018 el man es Germán puede verse seriamente afectada por una pregunta desparpajada de algún López en el sentido de que ¿Si no es De la Calle, quién? Y de repente esa sea una apuesta interesante para aquellos que se la juegan por una paz verdadera y duradera, porque por lo que ya se observa es que Vargas Lleras, que se ha aceitado descaradamente durante estos años con las corruptelas políticas regionales no tendría nungún empacho en acudir al Uribismo ni en hacerle sus conseciones para montarse en el solio de Bolivar. Y por ese camino se puede retroceder en lo avanzado. Y no para asustarse como les gusta ahora a los terroristas mediáticos sino para que se haga el esfuerzo por seguir por el sendero de construir sobre lo construido, o incluso por el de lo mal construido.

Definitivamente hay que hacer de tripas corazones y salir a votar el Si. Y ya no importa que no sea un Si seductor sino conveniente. Porque el No tampoco logró seducir mas allá de sus propios y furiosos seguidores. Hay que ganar con el Si pero tener en cuenta que no va a ser contundente el triunfo porque esta paz está untada. Y no solo de mermelada. Esta untada de mier melada para recordar la frase de Cesar Agusto Londoño cuando mataron a Jaime Garzón: “País de mierda”, que no es diferente a la de Darío Echandía: “País de cafres”. Pero bueno, eso es lo que da la tierrita y la paz que hoy se firma no podía ser sino una paz de cafres. Y no por eso, ni siquiera por eso, hay que dejar la puerta abierta para que gane el No. Porque ahí si nos llevó el que nos trajo. Y por inútil como ya se respondió María Isabel.

Por Fernando Álvarez Corredor

Periodista

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