El abogado de la mafia – I Parte


 
Rafael Lizarazu M.

O’Hare International Airport, ahí es donde empieza la intrigante historia de un héroe nacional, un abogado del diablo y un famoso gánster.

El nombre del aeropuerto de Chicago, O’Hare International Airport, tiene detrás una historia que está directamente relacionada con la deontología profesional del abogado. Para aquellos ajenos al derecho, y llegando al simplismo extremo, la deontología del abogado trata sobre la ética profesional.

Para esta historia, un protagonista secundario, Alphonse Gabriel Capone (Al Capone, por todos conocido), gánster originario de Brooklyn (NY), pero famoso por su actividad delictiva en Chicago en los años 20 y 30. Durante estos años, uno de sus más cercanos abogados fue Edward Joseph O’Hare, conocido como “Easy Eddie”. Este abogado hizo una pequeña fortuna cuando conoció al inventor Owen P. Smith y lo asesoró patentando el conejo mecánico que da vueltas en las famosas carreras de galgos.

Easy Eddie conoce a Al Capone en Chicago, juntos abrieron pistas de carreras de perros allí, en Miami y Boston. Cuenta la leyenda que Easy era un gran abogado y que gracias a sus argucias jurídicas evitó que Al Capone pisara una prisión. Hizo una gran fortuna con Al Capone. Easy Eddie tenía tres hijos, a los que siempre dio dinero, pero no catadura moral. Uno de ellos, Edward Henry “Butch” O’Hare, se convirtió en aviador naval americano durante la Segunda Guerra Mundial.

La historia, ha sido adornada. Easy Eddie se preguntó si había sido un buen padre. Les había dado todo lo material a sus hijos, menos buen ejemplo, reflexionó y pensó que sería recordado solamente como el “abogado de la mafia”. Esto lo llevó a colaborar con el IRS (Servicio de Impuestos Internos) para condenar a Al Capone por evasión de impuestos. Su colaboración fue definitiva en la condena al mítico “Scareface”, y el testamento moral dejado a sus hijos.

Su hijo, “Butch” O’Hare, se convirtió en un héroe de la aviación americana y fue el primer receptor de la máxima condecoración que entregan las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, ”La Medalla de Honor”. Se hizo famoso por haber combatido en solitario a nueve bombarderos que se acercaban a su portaviones, derribando cinco de ellos en una actuación heróica y suicida.

Easy Eddie muere abaleado por retaliación de la mafia el 8 de noviembre de 1939 a los 46 años. Su hijo, “Butch” O’Hare, muere cuatro años después (1943) al ser derribado por torpederos japoneses a los 29 años, defendiendo los valores de su patria. En su honor, en 1949, le dieron el nombre al aeropuerto de Chicago.

La historia se narra con facilidad, pero el papel del abogado, y principalmente del abogado penalista, no puede ser analizado con tanta simplicidad, y la moraleja de esta historia conlleva otras reflexiones.

El derecho de defensa está consagrado en nuestro ordenamiento como un derecho fundamental constitucional. Solemos asociar la moral del sindicado con la del abogado, y ante este juicio moral, juzgamos a los abogados por sus clientes. No es menos verdad que el abogado tiene la libertad de elegir a sus clientes, pero el ejercicio ético de la profesión conlleva otras consideraciones que serán objeto de la segunda parte de nuestra columna.

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