Hitler, “encubierto” en Colombia

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Phillip Citroën y Adolfo Hitler en Tunja

Que Adolfo Hitler jamás se voló la cabeza, que huyó a Sudamérica y que vivió parte de su vejez en Colombia, en compañía de la hermosa Eva Braun; son las conclusiones de años de investigación del periodista argentino Abel Basti.

La principal prueba es un documento desclasificado por la CIA, que evidenciaría el seguimiento que se le hizo al Führer durante la posguerra: Un agente informó sobre la reunión en Tunja en 1955, entre Hitler, Phillip Citroën y nazis colombianos. El documento incluye una fotografía del propio Hitler. Lo más inquietante es que dicho trabajo encuentra respaldo en más investigaciones con resultados similares. Por ejemplo, en otro documento desclasificado por la central de inteligencia, ubican a Hitler en Bogotá el 22 de mayo de 1948, en compañía de dos físicos alemanes. Así mismo, según informes publicados por Police Gazette, el submarino que lo trasportaba arribó a La Guajira el 10 de julio de 1945. Ya en el interior del país, el dictador alemán habría vivido en fincas de Sopó y Boyacá.

Documento desclasificado CIA

Supongamos como cierta la hipótesis de Hitler mudándose de los Alpes Bávaros al altiplano cundiboyacense. Aceptemos que lo que afirma la propia CIA fuera cierto y que la fotografía en Tunja es auténtica. Consideremos también que la presencia de Hitler en 1954 fuera la prolongación de una estadía en nuestro país desde mediados de 1945, fecha del supuesto escape del bunker de Berlín.

¿Cómo habría podido el hombre más buscado de la historia, ocultarse durante 9 años en el corazón de Colombia?  Sin duda, para que el Führer viviera tranquilamente en la sabana de Bogotá, entre farmacéuticas y los quesos con arequipe de Alpina, habría tenido que recibir una enorme colaboración de las autoridades locales.

Cierto es que en 1941 Colombia rompió relaciones con las naciones del Eje y declaró su apoyo a los Aliados. Sin embargo, desde 1938 despuntaban figuras que mostraban su admiración pública por la doctrina del Nazismo. Tan solo dos meses después de ocurrida “La Noche de los Cristales Rotos”, el gobierno de Santos (Eduardo) dirige una carta antisemita a todos los embajadores colombianos en el mundo, solicitándoles que “opongan todas las trabas humanas posibles a la visación de nuevos pasaportes a elementos judíos, sin establecer entre ellos distinciones privilegiadas por razón de su origen o nacionalidad”.

Igualmente se ha dicho que desde finales de los 30 operaba en Colombia la Quinta Columna, organización liderada por Laureano Gómez y su hijo Álvaro, cuyo objetivo era difundir propaganda nazi en círculos políticos, militares y empresariales. Cada victoria alemana en Europa era celebrada como propia por el periódico conservador El Siglo. Estos hechos coinciden con las intentonas de golpes de Estado de 1943 y 1944, por las cuales Laureano estuvo preso y luego asilado en el exterior, junto a Jaime Uribe Holguín, director de El Siglo.

Luego, de 1946 a 1950, el gobierno de Mariano Ospina Pérez cerró el Congreso, censuró la prensa y prohibió reuniones públicas. Estos serían los primeros años del supuesto refugio de Hitler en el país. También son los años del recrudecimiento de la Violencia y del estallido del Bogotazo, escenario caótico perfecto para que un fugitivo europeo se ocultara.

La política criminal represiva se legitimaba en el Código Penal de 1936, copia del Código de Mussolini, que introdujo las medidas de aseguramiento, como posibilidad de encarcelar a cualquier persona sin sentencia condenatoria. Se comenzó a prisionizar humanos como en latas de sardinas, según la Biología Criminal, la cual en últimas no comulgaba con la fealdad del individuo.

En 1950 alcanzó la presidencia Laureano, al ser el único candidato propuesto por la clase dirigente del país. Siguiendo el mismo patrón del Tercer Reich, a Gómez siempre se le vinculó con los crímenes de la policía secreta, a la que se le atribuye asesinatos, torturas y desapariciones.

Luego de sufrir Gómez un ataque cardiaco, en 1953 dio el golpe militar Gustavo Rojas Pinilla, quién contaba con la aceptación de la gruesa clase política liberal y conservadora. Casualmente el General era oriundo de Tunja, ciudad en la que bajo su dictadura se habría fotografiado a Hitler en 1954. El militar gobernó con un Congreso clausurado, generalizó las detenciones en masa sin debido proceso, cerró los cuatro periódicos más grandes del país y declaró la persecución religiosa contra el protestantismo.

Entonces, según ésta hipótesis, los 9 años de residencia de Hitler en Colombia, habrían coincidido casualmente con uno de los periodos más convulsionados de la historia del país. Las libertades individuales estuvieron fuertemente restringidas en medio de frecuentes estados de sitio y la semilla de la Violencia se habría sembrado mientras se encubría al mayor genocida de la historia moderna de la humanidad. Así, mientras el pueblo se agitaba entre liberales y conservadores, los hombres de poder, bajo el manto de la convulsión política, el atraso social y la ignorancia popular, le habrían “hecho el cuarto” al Führer.

Sin haberse amañado a las costumbres locales, Adolfo habría continuado su periplo hasta el Cono Sur, donde “Hombres de Estado” y dictadores por doquier, le habrían garantizado una pacífica vejez.

De los años de hospitalidad colombiana al Führer, al país quedaría sumido en la más honda polarización, con el supuesto enfrentamiento ideológico de partidos y facciones, cuyos actuales representantes descienden de los mismos protagonistas de la política de posguerra.

No habría quedado educación, ni cultura, ni progreso científico. Solamente se nos habría legado la impunidad del Holocausto y por supuesto, del genocidio colombiano.

Aprovechando el río Bogotá revuelto, el entramado podría haber determinado los crímenes locales, creando desde el escritorio a unos enemigos comunes (carteles y guerrillas), distractores y culpables de todas las desgracias de este país, para extenderlos hasta nuestros días, facilitando la corrupción y el saqueo de los recursos naturales por parte de nazis criollos, que seguramente, de haber vivido en la Alemania de Hitler, su suerte no hubiera sido muy distinta a la de los judíos de Auschwitz y Treblinka.

Por Juan Trujillo Cabrera

Tomado de Elblasfemo.com

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